Qué es el queerbaiting y por qué se señala a Harry Styles y a Timothée Chalamet

El marketing tiene estrategias para todo, y a la hora de atraer a las audiencias dominantes hay una que siempre vuelve al calor de la polémica y la ambigüedad. Implica sugerir identidades o vínculos no heterosexuales a partir de la vestimenta. 

Desde siempre, jugar con la vestimenta, los géneros y hasta las identidades sexuales ha sido un recurso que muchas celebridades del ámbito de la música, el cine o el arte han utilizado, desde la androginia de David Bowie en la década de los 70 hasta artistas más contemporáneos que aprovecharon la ambigüedad para dejar a sus fans adivinando. Sin embargo, en el último tiempo –época coincidente con una mayor reivindicación de los derechos y las luchas de la comunidad LGBTIQ+ en contextos donde todavía se ejercen violencias hacia ese colectivo–, el tópico se recalentó.

Con Harry Styles y otros artistas que han estado últimamente bajo el escrutinio público se ha estado hablando más del “queerbaiting”, un término que hace referencia a celebridades, por lo general heterocís, que siembran dudas sobre su sexualidad pero sin pronunciarse al respecto de manera abierta y certera.

En los 70, David Bowie fue pionero en personificar la diversidad y hablar abiertamente sobre su sexualidad.

Según el periodista y militante LGBT Mark Harris (@MarkHarrisNYC), que explica en un largo exposé el tema en The New York Times, este término proviene de la década de 1990 y se usaba en el ámbito político para insinuar que alguien era gay con el objetivo de dañar su prestigio. Hoy, sin embargo, pareciera tener otro uso, uno en el que celebrities como Styles o Timothée Chalamet son consideradas culpables de cortejar a los públicos minoritarios con esta estrategia de parecer pero no necesariamente ser. O, al menos, no de forma explícita.

“Para aquellos que hacen la acusación, el argumento es relativo al oportunismo: ¿cómo osan apuntar a nuestros bolsillos y tomar nuestro dinero si solo están pretendiendo ser uno de nosotros? O, por lo pronto, no nos dicen quiénes son”, explica Harris.

Muchos fans plantean en las redes que “queerbaiting” no aplica a personas reales navegando su sexualidad en público, sino que es un término que se creó para hablar y discutir acerca de personajes de cine y TV. “Un recordatorio, queerbaiting refiere a una ficción cuando un guionista sugiere una relación queer o gay sin hacerla explícita para atraer al público minoritario sin alienar a la audiencia hétero. La gente real no puede hacerse queerbaiting a sí misma. Dejen de demandar que salgan del clóset”, pedía otro periodista de Billboard.

“Lo peligroso del queerbating es que es una actuación, ¿no?, pero en realidad no es un verdadero apoyo a la comunidad LGBTIQ+, que es una comunidad minoritaria que ha sido siempre oprimida, perseguida y que a 2023 tiene que bancarse insultos en la calle, violencia. Por eso son tan importantes siempre las manifestaciones en apoyo a la comunidad LGBTIQ+, pero de manera honesta. Creo que esto es lo peligroso, que las personas heterocisgénero ocupen espacios que deberían estar ocupados por personas de la comunidad”, dispara Lu Levy, fundadora y directora de La Curva de la Moda.

Harry Styles fue el primer varón en aparecer en la portada de Vogue, y lo hizo con un vestido.

Salir del clóset o no salir

El propio Harris, como militante e historiador de la comunidad, reconoce que los términos pueden haber cambiado su significado, y así como para muchos jóvenes gay hoy la expresión LGBT es “casi una reliquia” o algo demodé, la etiqueta “queer” siempre funcionó como un paraguas bajo el cual podían refugiarse varias identidades.

Según Harris, tal vez “queer” signifique lo que quieras que signifique. O también “no me veo como tradicionalmente hétero” o “todavía no sé”. Harris también afirma que incluso hoy “salir del clóset”, más allá de que tiene su peso específico y también su tradición, puede tener diferentes significados según la generación. Además, salir del clóset siendo queer quizás no sea lo mismo que gay para muchos (al menos, todavía).

Es probable que estas mismas diferencias culturales que Harris marca en el lenguaje se vean también reflejadas en algo paradójico: “La colisión entre el enfoque superflexible sobre la sexualidad de la generación Z y su poco flexible enfoque sobre la cultura”. Es decir, mientras que el 20 por ciento de los GenZ se identifican como LGBT (Gallup, 2021) y están a favor de no etiquetar y de las identidades más fluidas, a su vez, demandan definiciones insistentemente, sobre todo en redes sociales. “Quién sos” parece enormemente importante para una generación que ostenta liberalidad en el discurso y pide que se acaben los rótulos.

“Es paradigmático el caso de Harry Styles, yo creo que su estilista se dio cuenta de que si vestía a un chico blanco muy hegemónico con prendas andróginas que tiraran más para el lado de lo tradicionalmente femenino, funcionaría. Recordemos que fue el primer hombre en aparecer en la portada de Vogue y lo hizo con un vestido, lo cual nos dice mucho. También es paradigmática la reacción que tuvo Billy Porter, reconocidísimo y talentoso artista de Broadway, que, claro, salió a decir: ‘Ponen a un varón blanco, heterosexual, pero vestirme con faldas o vestirme con prendas tradicionalmente femeninas es mi vida. Esto es algo político para mí, no es una perfo’”, sigue Levy.

Celebrities como Timothée Chalamet (en la foto) son consideradas culpables de cortejar a los públicos minoritarios con esta estrategia de parecer pero no necesariamente ser

Avances y retrocesos

Existen ejemplos vergonzosos del uso de la imagen y la bandera LGBT, como el de James Franco, que personificó al amante de Harvey Milk en 2008 y luego de sucesivos coqueteos en los medios se declaró “gay en su arte y hétero en su vida”. También hay casos como el de Kit Connor: el protagonista de la serie de romance adolescente LGBTIQ+ friendly Heartstopper fue acusado de queerbaiting cuando se lo vio agarrándose de la mano con una compañera de reparto. ¿El resultado? El propio Connor, con 18 años, tuvo que salir a admitir su bisexualidad.

Puede que Chalamet, el propio Styles o incluso Bad Bunny (especulaciones corrieron por besar a uno de sus bailarines) manejen mejor las presiones de la prensa, los fans y los trolls de las redes que Connor, pero nadie tendría que estar equipado para hacerlo ni sufrir este tipo de acoso para revelar su intimidad.

Todo esto no es igual a decir que no es relevante que las personalidades de la comunidad elijan manifestarse públicamente. Pero los que optan por no hacerlo están en todo su derecho. También es comprensible el enojo de ciertos segmentos con este tipo de modas, pero si estamos en una era realmente fluida y abierta tenemos que poder considerar que la perfo de ambigüedad sexual pueda ser nada más que un gesto de estilo o un guiño hacia una comunidad, sin que se vuelva una declaración sobre la propia sexualidad. ¿Pero dónde está la línea y quién la traza? Tal vez sirva pensar en términos de contexto y sistema, y no tanto señalar a las individualidades por sus debilidades, ya que cuando se trata de sexualidad, siempre hablamos de un tema personal, complejo y cambiante.

“Si bien Harry Styles habilitó conversaciones sobre lo que comunican las prendas en tanto identidad de género, y eso es supervalioso, lo que se cuestiona es la apropiación de un estilo que pertenece a la comunidad LGBTIQ+ por parte de un varón blanco hegemónico y no abiertamente homosexual, lo cual también nos lleva a preguntarnos por qué los medios hegemónicos, como Vogue, siguen priorizando visibilizar a algunas personalidades y a otras no”, cierra Levy.

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