Julio Martín Báez: "Soy un cocinero indie haciendo fine dining a mi manera"

Julia, su pequeño restaurante, agota reservas en diez minutos y acaba de ingresar en la lista de los 50 Best latinoamericanos. Los secretos del chef que cambió las reglas y triunfa con liderazgo horizontal y estilo propio.

Texto: Silvina Baldino

A Julio Martín Báez el éxito no le mueve el piso. Sobre la base de creatividad y esfuerzo, en pocos años logró convertirse en una referencia de la gastronomía. Con los platos bellos y sabrosos que ofrece en Julia, el local de Villa Crespo donde todos quieren una reserva, el joven cocinero, oriundo de Chacabuco, ha conquistado el paladar de los porteños y de los turistas que llegan a Buenos Aires.

Combinaciones impensadas y con personalidad. Desde el curry thai de melón y lima al crudo de trucha, vinagreta de frambuesa, tahine y alga nori. Lo que busca Julio con su filosofía es interpretar la cocina como un todo; no poner el foco solo en el producto sino también en el equipo y en la manera de relacionarse, dejar atrás ciertas prácticas en la cocina y contar con un grupo de trabajo sólido en un clima de bienestar.

EL SALTO DE UN CHEF

La vida gastronómica del protagonista de esta historia comenzó en La Plata, a los 20 años. Cuando terminó el secundario se mudó a la capital provincial para estudiar Bioquímica. Al vivir solo tuvo que aprender a cocinar, y poco a poco se fue enamorando de esta profesión que hoy tantas satisfacciones le da. Al año y medio dejó la universidad y se puso a estudiar cocina.

Sus primeros trabajos fueron hace 16 años en restaurantes. Un curso en el Instituto Gato Dumas lo contactó con el francés Olivier Falchi, su gran influencia gastronómica. Cocinó en el viejo hotel Sofitel, y en el medio una pasantía en Mirazur lo llevó a experimentar Francia con Mauro Colagreco. Al tiempo de su regreso, el Sofitel cerró y Julio se incorporó como jefe de cocina de BIS, el restaurante de Gonzalo Aramburu, mientras buscaba local para cumplir un sueño: montar su propio establecimiento.

A mediados de 2019 abrió Julia, cuyo nombre es en honor a su hija. Un gran desafío personal porque todo lo haría empezando bien de abajo: en la cocina, como mozo y con tareas de bachero. Así empezó Julia, con el eje puesto en una cocina sin reglas, donde él se mueve como quiere, con creatividad y en la búsqueda diaria de autenticidad.

Con base en esfuerzo y dedicación, su proyecto fue creciendo y tiene un presente cargado de satisfacciones. En noviembre logró ingresar en el puesto 50 de los Latin America’s 50 Best Restaurants, un reconocimiento que lo motiva a seguir creciendo. Ahora acaba de abrir su segundo restaurante: Franca, un proyecto con una propuesta de platos diferente a Julia, aunque con el mismo compromiso: una gastronomía más justa, donde lo humano está en equilibrio con lo culinario.

PALABRAS MARCADAS A FUEGO

–¿Cómo se siente haber logrado un lugar en los Latin America’s 50 Best con Julia?

–Se siente muy lindo, hay mucho trabajo y sacrificio detrás de un restaurante. Recibir este reconocimiento es un abrazo, una palmada en la espalda, una motivación para seguir trabajando de la manera en la que lo hacemos. 

–Sos uno de los cocineros más destacados de esta nueva generación, ¿a qué atribuís el éxito de Julia?

–Nos concentramos en el cliente, en las 22 personas que servimos por día. Que tengan una buena experiencia. Creo que ese número nos ayuda a mantener la calidad de lo que hacemos. Sé que podría hacer 44 cubiertos por día, pero menos es más: no apuro a nadie en el salón y disponemos del tiempo para estar en cada detalle de los platos y del servicio.

–Trabajar con Olivier Falchi, Mauro Colagreco y Gonzalo Aramburu te debe de haber colmado de inspiración. ¿Qué enseñanzas te dejaron estos grandes cocineros?

–Oli me enseñó las bases de la cocina, me enseñó a ser perseverante y que los objetivos se logran trabajando, no es magia; tarde o temprano, con trabajo honesto, las cosas llegan. De Mauro aprendí la sensibilidad en los sabores, lo importante que es que el plato se vea lindo además de saber increíblemente rico, y también aprendí, al igual que con Oli, del poder del trabajo constante. Con Gonza aprendí que no importa el lugar donde abras un restaurante, si creés en lo que hacés, seguí a fondo esa idea; si la comida y el servicio son buenos, el público va adonde sea, hay que perseverar.

–¿Qué significa ser un “cocinero indie”?

–Abrí Julia solo, literalmente, por eso me considero indie desde lo independiente. Indie, haciendo fine dining a mi manera, sin reglas, con un estilo difícil de definir. Creo que tenemos un concepto cosmopolita, inclusivo, permeable a todo lo nuevo y todo lo viejo, pero siempre prima la microestación, mi bagaje cultural y el de mi equipo y la autonomía de un proyecto que aunque sea pequeño crea una experiencia enorme.

Trabajo diariamente por una gastronomía más justa, poniendo el foco no solo en el producto sino también en el equipo y en mi manera de relacionarme con ellos. Creo que somos independencia, creatividad y una búsqueda diaria de autenticidad. A eso me refiero con “indie”.

–Y ahora llegó Franca, con las brasas y los vinos como protagonistas, una cocina más informal que Julia. ¿Qué fue lo que te llevó a darle este enfoque?

–Julia fue mutando, no es la misma desde que abrí. Siempre quise crecer y eso viene de la mano con más gente. Me gustaba la idea de tener un bar de vinos; se lo comenté a mi amigo Martín Feler, quien se superentusiasmó con la idea, y empezamos a buscar local.

Fuimos trabajando el concepto durante el año de obra y nos dimos cuenta de qué iba: ser un restaurante enfocado en el vino, un híbrido entre bar de vinos y restaurante donde el fuego tiene su protagonismo en la carta, interviniendo casi todos los ingredientes. Creo, desde la concepción, que cualquier restaurante argentino debería tener aunque sea una pequeña parrilla, es parte de nuestra cultura.

–¿Qué valores inculcás en quienes te acompañan en la cocina?

–Es muy importante que tengan experiencia y dispongan de las herramientas necesarias para trabajar en una cocina o en sala, pero es fundamental que sean buenas personas, algo tan básico como eso. Y me refiero al respeto, a saber trabajar en equipo, a ser tolerantes entre nosotros porque estamos nueve o diez horas por día juntos.

Siempre digo que lo más importante es crear un buen ambiente de trabajo, sano, y eso es trabajo y responsabilidad de todos. Si cuidamos eso vamos contentos a trabajar. Y cuando uno está contento las cosas salen mejor, se trabaja mejor, se es más eficiente. Y el público nota cuando hay un buen ambiente de trabajo, sale todo redondo.

–Tu profesión es ultrademandante, pero vos tratás de mantener un equilibrio entre lo laboral y lo personal. ¿Cómo se logra?

–Haz lo que digo y no lo que hago. El restaurante es muy demandante; si lo dejás, te absorbe y terminás trabajando 24/7. Velo mucho por que mi equipo logre ese equilibrio que a veces yo no logro tener. Estoy trabajando en mi equilibrio, sé que lo tengo que mejorar, no solo por mí sino también por mi familia. Al final de cuentas, todo esto también tiene que ser saludable para los que me rodean.

–¿Qué le cocinás a Julia, tu hija? 

–Julita come muchos vegetales y frutas, por suerte. Come mucha fruta y vegetal crudo. Le gusta cuando cocino asado y espárragos. Le encantan las milanesas de Gabi, mi compañera de vida. Y también es fan del arroz con huevo duro.

–¿Y a vos? ¿Qué te gusta comer?

–Yo soy fan de las ensaladas. Acompaño todo con ensaladas. O directamente como plato fuerte. Siempre dame milanesas, asado y todo acompañado con ensaladas. De tomate, de verdes, de lo que sea, pero dame esa frescura.

–Acabás de abrir Franca. ¿Cuáles son tus otros planes?

–El principal objetivo ahora es el equipo de Franca, formarlo para que entienda mi manera de trabajar, mi manera de cocinar y de ver la gastronomía. Luego no tengo planes, veremos qué depara 2023.

Fotos: gentileza Julia Restaurante

Artículos Relacionados>

Por Marcela Soberano

Tras el estreno de Mis muertos tristes, la miniserie basada en el universo de Mariana Enriquez, la actriz y directora abre el diálogo sobre el valor de la memoria, las relaciones madre-hija, la resistencia frente al negacionismo y el motor vital que encuentra en el humor y las nuevas generaciones.

Por Rolando Gallego

Una de las creadoras más inquietas y reconocidas de su generación atraviesa un año de nuevos proyectos y preguntas que parecen adelantarse a lo que viene. Después del estreno de Pepita, la pistolera y Futuro desierto, la prestigiosa directora habla sobre las mujeres que desafían las reglas y los dilemas cada vez más íntimos que plantea la inteligencia artificial.

Por Ornella Sersale
Después de un año de estadios y grandes escenarios, el artista baja la escala para volver a encontrarse con su público en espacios pequeños y presentar un nuevo disco atravesado por el vértigo de la pasión y la desmesura.
Por Carolina Barbosa

Una de las figuras más singulares y talentosas de la escena nacional se entrega en su estado más puro con la obra Milagro, en el Teatro Santa María. Sin caretas sociales y acompañada por su sobrina, la actriz explora la sanación de los vínculos y el valor de autogestionar la propia voz.

Por Marcela Soberano

El artista –y comediante por vocación– atraviesa un presente de múltiples proyectos. Mientras protagoniza las obras Persona, héroe latino y Con la nuestra, explora otras facetas de su vida. En esta entrevista cuenta cómo fue crecer frente a las cámaras, los tropiezos que forman parte del oficio y esa certeza que lo acompaña desde chico: “Ser actor era inevitable”.

Por Noelia Tegli

Autogestiva, ecléctica y en constante reinvención, la referente del rock argentino presenta La impostora, un disco que abraza la madurez y la reconcilia con su trayectoria. Una charla a fondo sobre el arte como resistencia a las lógicas de la industria, la complicidad con su hija Mía y su próxima fecha en el Auditorio Belgrano.

Por El Planeta Urbano

Lo que empezó como una juntada entre amigos terminó convirtiéndose en uno de los fenómenos más convocantes de la escena porteña. Estos artesanos del sonido reversionan canciones, cruzan géneros y convierten cada encuentro en una experiencia donde conviven la precisión y la improvisación.

Por David Lifschitz

Tras agotar funciones en el Teatro San Martín con Invasiones I: No bombardeen Buenos Aires, la reconocida artista repasa el impacto de la ópera rock basada en temas de Charly García, la responsabilidad del prestigio y su libertad para romper moldes: “Arriba del escenario jamás interpreto una melodía si no es desde el compromiso dramático”.