Carca: "A veces prefiero que me odien, porque hay cabezas en las que no vas a entrar nunca"

El multiinstrumentalista de Babasónicos analiza el presente del rock vernáculo mientras ultima detalles de su nuevo álbum solista y se prepara para el concierto que intentará reinterpretar, con mucha admiración y respeto, la obra de Luis Alberto Spinetta.

Por Joel Vargas

Desfachatado, alquimista, sónico. Su DNI reza Carlos Hernán Carcacha, pero todos lo conocen como Carca. A casi una década de la salida de su último disco solista, Carca registrada (2013), el ex Tía Newton firmó contrato con Geiser para sacar un nuevo álbum, en marzo de 2023.

A casi cinco décadas de que vio la luz Artaud (1973), la última obra maestra de Pescado Rabioso, Carca vuelve a homenajear a una de las bandas eternas de Luis Alberto Spinetta resignificando toda su discografía, el próximo 16 de diciembre en el teatro Coliseo. Y a meses de la salida de la nueva producción de Babasónicos, Trinchera,el multiinstrumentista de la banda de zona sur sigue reinventándose.

El Planeta Urbano conversó con Carca sobre las diferentes formas de escuchar una canción, el legado del Flaco, el conservadurismo en el arte y el cachetazo que revitalizó a Babasónicos.

–¿Cómo es el proceso de grabación de tu disco nuevo?

–Con el transcurso del tiempo fue cambiando de formas e intenciones. Comenzó en plena pandemia y hasta el momento vieron la luz cinco canciones; este ciclo de singles empezó con “Silente, la serpiente”, en 2020, ahora en noviembre sale “Brillando en la vereda”, junto a Dante Spinetta. Hay un tema que hice con Graciela Borges, que es un delirio absoluto; otro con Julieta Venegas. Quiero que salga ya.

“Siempre me manejé en lo absoluto de mi deseo y mi voluntad para con la música.”

–¿Tiene nombre el disco?

–No, primero tengo que hacer la playlist, masterizarlo y escucharlo cinco millones de veces en diferentes situaciones. Eso me hace encontrar la cara del disco. La cara es la portada, es el nombre, y solo puedo llegar a eso a través de la escucha sostenida infinitamente en diferentes circunstancias de la vida. En un momento hago clic y hay un nombre y una portada porque es conceptual.

–¿Cuáles son esas diferentes escuchas?

–Todas las combinaciones posibles en las que cambie la atmósfera y lo que tenga de distinto con la escena anterior: reproductores, habitaciones de la casa, auriculares, en un auto. Yo no curto mucho auto, pero me parece alucinante la música disfrutada en el auto. Tengo los más hermosos recuerdos de mi padre con su Torino a todo volumen con lo que sea en un pasacasete. Esa pasión por ese momento de éxtasis la heredé, y también la escucha en equipos grandes a la vieja usanza, con parlantes y bafles. A la vez, escucharlo en todas las situaciones digitales que puedas tener en tu casa, desde unos AirPods, hasta el iPad, teléfono, todo. Pero antes viene la playlist. Algunas las hizo Adri [Dárgelos]: Carca (1998), Divino (2003); otras las hice yo: Miss Universo (1994), A un millón de años blues (1996), Nena (1999), Uoiea (2009); otras las hizo [Diego] Tuñón, y Carca registrada (2013) la hizo Tuta [Gustavo Torres]. Estoy aprendiendo también a delegar a nivel de decisiones: la verdad es que tengo un entorno que admiro y me comprende tanto que solo suma. Es muy difícil lograr eso en la vida, sobre todo con un narciso. Siempre me manejé en lo absoluto de mi deseo y mi voluntad para con la música. A veces es difícil que delegue. Grandes playlist han hecho mis amigos.

 
“Hacer una especie de banda tributo donde se toca a la perfección hubiese sido un camino al fracaso y una falta de respeto hacia Spinetta.”

–El 16 de diciembre vas a revisitar la obra de Pescado Rabioso en el teatro Coliseo. ¿Cómo va a ser esa presentación?

–La verdad es que es un camino largo. Está siendo un camino largo y, a la vez, es un camino que quizás recién empieza. Puntualizo “largo” porque realmente tuve que trabajar muchísimo. Hacer una especie de banda tributo donde se toca a la perfección hubiese sido un camino al fracaso y una falta de respeto. No entiendo cómo en el tributo habita tanta irrespetuosidad. Siempre pensé en cómo disfrutaría Luis, el maestro, si viniese a ver el show. Yo lo tenía en la cabeza mientras lo estaba haciendo, mientras ensayábamos, es inevitable. La verdad, Luis Alberto Spinetta fue único en su especie, superior por donde lo mires. Entonces, uno que no es superior tiene que pensar y sentir en dónde, de qué manera puede subirse a esta propuesta, que en principio la hizo el Centro Cultural Kirchner y como quedó gente afuera, en agosto de este año, nos gustó la idea de hacer el Coliseo. También lo que me excita es la controversia de los fundamentalistas. Ese día, en el CCK, cinco personas entre dos mil se pararon y se fueron. Una ortodoxia nefasta que ni siquiera Luis apreciaba.

–Falta mucho para el 16 de diciembre.

–Sí, pero pasa muy rápido. La verdad, es un desarrollo extenso porque primero tenés que dar con una versión con la que a vos te pase algo, si no, no podés seguir. Como son temas tan únicos y geniales, mi ley para conmigo mismo fue cómo hacer para que estas canciones tengan la misma melodía. Que nunca se altere ni una palabra, se pueda calcar de punta a punta desde que la voz empieza hasta que termina. Como si tuviese solo el track de voz y lo pudiese aplicar a otra música, a otros estilos, a otras formas, lo más opuesto incluso a la versión original. Eso es muy difícil y es más difícil la arbitrariedad que contiene el hecho de hacer el disco con su playlist original y completo. Hay que trabajar muchísimo, pero trabajar en Spinetta es un regalo que te da la vida. A la vez, siento la compañía del maestro, el cariño de la familia que inmediatamente firmó los permisos necesarios para hacer esto. Son gestos muy pesados, hay una responsabilidad muy fuerte y uno lo quiere hacer lo mejor posible, trabajar hasta lograr lo imposible. Ese apoyo motiva once sobre diez.

–¿Cómo sentiste la recepción de Trinchera, el último disco de Babasónicos, por parte del público? ¿Cómo fue volver a tocar en vivo?

–La vuelta a tocar con Babasónicos fue bastante sorprendente. Si bien Babasónicos ya está consolidada y es una banda súper número uno que siguió creciendo, hubo un aluvión hermoso de jóvenes. En un momento se sintió un cambio generacional y un bache en el medio. A mí como solista también me pasó en su justa escala y proporción. El primer show que hago pospandemia es en la Usina, donde no había tocado nunca y no tenía ese poder de convocatoria. Sin embargo, esos dos años de estar guardados me regaló eso.

 
“Nada me gusta más que molestar al rockero ortodoxo, sea con música, actitudes, actuaciones, performances.”

–Tu carrera se potenció y Babasónicos se reinventó nuevamente.

–Es un regalo de la gente, nosotros siempre trabajamos para que eso suceda, pero al final te lo regala la gente con su decisión y cariño. En un momento perdimos un poco el interés general. Se habían bajado esos años de pasión y fanatismo. Pero a buena hora, porque también fue un cachetazo que más allá del espectáculo tiene que ver con nuestra permanencia en este mundo. Fue una mojada de oreja, por suerte revitalizó y animó la voluntad de hacer las cosas mejor y disfrutarlas.

–Cuando salió “La izquierda de la noche” hubo un quiebre.

–Sí, porque fue un momento de celebración total. Estaba terminando todo y empezando todo.

–Estamos en una época donde hay mucho conservador en el rock que critica a la música joven.

–Es una maldición del destino ser un conservador en el arte, en la música, y encima en la música joven. Nada me gusta más que molestar al rockero ortodoxo, sea con música, actitudes, actuaciones, performances. Voy a ser honesto: a veces prefiero que me odien, porque hay cabezas en las que no vas a entrar nunca. Yo no hago nada a medias. Los que te quieren y disfrutan la pasan hermoso, se ponen muy contentos por tus logros. Es muy luminoso si lo armás siendo vos mismo. El problema es que ser vos mismo tiene un precio casi de crucifixión por parte del rockero ortodoxo.

Fotos: Guillermo Pratt y Martín Bonetto

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