Sabrina Garciarena: "Tengo la responsabilidad de educar a mis dos hijos varones con los valores de estos tiempos"

La modelo y actriz se sube al escenario del Paseo La Plaza para interpretar Madres, la obra que plantea un recorrido sobre los diferentes tipos de maternidades acordes a estos tiempos: sin el romanticismo ni la idealización con los que la vivieron generaciones anteriores.

Dani está cursando los últimos días de embarazo. Usa un vestidito blanco y rosa y un moño que combina atando su cabellera. Con mucha ilusión espera a sus amigas en su baby shower, y con más ingenuidad aún, la llegada de su primer hijo o hija.

Sabrina ya tiene tres, León (8), Beltrán (5) y Mía (2), e hizo todo el camino que cualquier joven profesional anhela: comenzó haciendo publicidades, luego sumó trabajos en televisión, cine y teatro, y a los 30 tuvo su primer hijo junto con su pareja, el periodista Germán Paoloski.

Ahora es quien interpreta a Dani en Madres, la obra que se presenta en el Paseo La Plaza y que se anima a hacer un recorrido de lo más variopinto sobre diferentes tipos de maternidades acorde a los tiempos que corren: sin el romanticismo muchas veces engañoso ni la idealización con los que la vivieron generaciones anteriores.

“Por ahí una mujer no te dice ‘me hago pis’, ¿no? A mí por lo menos no. Mi mamá nunca me dijo ‘me hago pis’, ¿entendés? Pero hoy pienso que tal vez le pasaba. Tuvo cinco partos naturales, pobre mujer. Son temas que no deberían ser tabú y es muy loco porque los maridos se van del teatro mirando a sus mujeres y preguntándoles ‘che, ¿a vos te pasó esto?’. Ellos viven una realidad completamente diferente a la que vive la mujer”, reflexiona la actriz.

–En lo personal, mis amigas con hijos más pequeños son las que me contaron algunas cosas sobre la maternidad; tal vez cuando las primeras madres del grupo lo vivieron, yo no sería tan permeable a recibir esa info porque estaba en otro momento de mi vida. ¿Cómo lo viviste en tu caso?

–Cuando sos mamá, un poco te pasa que cuando tenés una amiga sin hijos no la querés abrumar con lo agotador que tiene la maternidad. Yo tengo una amiga que es una empresaria a la que le va bárbaro y decidió no tener hijos y todo el tiempo hace mínimas críticas con que soy vueltera. Y yo pienso “claro, está en otra realidad”. A mí me pasó estar en esa situación en la que llegás a tu casa, te hacés una sopita, te metés en la cama y te vas a dormir; te levantás, te pegás una ducha y te vas a trabajar. Mi realidad es otra: yo tengo todo eso del trabajo y llego a la noche y tengo que organizar toda una casa; tengo un marido, tres hijos, colegio, tres millones de cosas de cada niño. Estoy todo el tiempo tachando pendientes. Y es cierto igual que ahora se habla de temas que quizás hace nueve o diez años no.

–¿Sos el estilo de madre que pensaste que ibas a ser?

–Desde lo amoroso sí. Después me sorprendí mucho, descubrí cosas mías de la infancia. Por ejemplo, mi mamá nos dio la teta durante tres meses nada más y cada uno dormía en su cuarto, nada que ver. Mi mamá maternó re distinto a lo que yo soy. Ella es mucho más práctica, más concreta. Antes de ser mamá, yo viajaba por el mundo, y en un momento quedó embarazada mi hermana Vero, y yo lo viví todo un poco a la distancia. Cuando empiezo a ver cómo ella fue anidando esos nueve meses, cómo se iba preparando y, después, ver cómo era cuando nació el bebé, empecé a admirarla. Te podría decir que me veo mucho más reflejada en ella que en mi mamá; una mamá mucho más paciente.

“La obra plantea temas que no deberían ser tabú, y es muy loco porque casi todos los maridos se van del teatro mirando a sus mujeres y preguntándoles ‘che, ¿a vos te pasó esto?’. Ellos viven una realidad completamente diferente a la nuestra.”

–El 3 de junio se cumplió un nuevo aniversario de #NiUnaMenos. ¿Hay algo en particular que a vos te haya movilizado en estos siete años?

–Sí, por supuesto, es imposible que no. Primero porque soy mujer. Yo no hablaba de estas cosas con mis papás pero si alguien se te insinuaba o te hacía una propuesta desubicada porque era alguien con cierto poder, como un productor, uno se hacía el tonto, le ponía una sonrisa y decía “no, gracias”. Yo tenía mucha cintura para ese tipo de situaciones que me pasaban todo el tiempo. Nadie me acosó, por suerte no pasé por esas situaciones, y nunca llegué al punto de tener que sentirme expuesta a decir “no”. Era “che, ¿venís a tomar un café?”, y yo siempre respondía “no puedo”; era la que esquivaba con una sonrisa. Por supuesto, nunca me vestía con ropa muy provocativa. Por ahí si hubiera nacido en otra época me hubiera puesto un short, unas botas, pero me formé desde muy chica para no insinuar porque no quería tener esas situaciones que tenía igual. Si hubiera nacido en esta época no hubiera hecho todo eso porque es obvio que no tiene que ver con cómo vos sos o cómo te presentás. Es la culpa del otro que está seguramente mal educado por un montón de generaciones masculinas y es todo una seguidilla de cosas. Tengo dos hijos varones y siento una gran responsabilidad de ser una mamá de varones, de educarlos. Y ahora tengo una hija mujer, con lo cual siento que voy a tener que ir al psicólogo otra vez para no ser tan sobreprotectora. Hoy está mucho más complicado y creo que me va a costar soltarla. Creo que es positivo el cambio. Es dolorosísimo porque un montón de gente empieza a contar y a sanar de alguna manera, pero me hubiera gustado que nadie pasara por ninguna situación agresiva y violenta.

–Últimamente, casi todos los dardos de la agresión y la violencia apuntan a la televisión. ¿Charlan con Germán estas cuestiones? 

–Mirá, si llega a pasar alguna situación de que venga una compañera de trabajo y me diga “che, vos dijiste tal cosa” o algo así, yo tengo como mantra el “di la verdad, di la verdad, di la verdad”. Aclarar la situación. Desactivo la bomba siempre. Soy muy sincera, no voy por atrás. Y en el caso de Germán, él es productor, conductor, va en vivo, y ahí pasan muchas cosas. Es mucho más obsesivo y temperamental que yo, siempre lo hablamos. Antes se sacaba mucho más, se enojaba más, y fue re evolucionando. Yo me enojo, pero analizo, cuento hasta 20. Y hay gente que no cuenta hasta 20. ¿Eso te hace ser una persona maltratadora y agresiva? ¿O por ahí tenés que trabajar más en tu temperamento? Yo confío en las personas, en que puedan pedir disculpas y seguir creciendo.

Sabrina y Germán se conocieron hace catorce años. Todo comenzó con una larga amistad y ahora ya tienen tres hijos.

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