Zoe Gotusso: "Lo que pasa en mi mente no tiene nada que ver con la paz"

Con la excusa de la salida de su flamante álbum debut como solista, la revelación del pop local continúa con su gira por Latinoamérica, los Estados Unidos y España.

En un departamento de Palermo, los periodistas se turnan para preguntar. La que no para con la ronda de prensa hace más de una hora es Zoe Gotusso. La artista nacida en Córdoba continúa con su gira Ganas tour y suma seguidores en distintas partes del mundo. Después de visitar España, Uruguay y diferentes puntos del país, la ruta ahora la lleva a su lugar de origen, Córdoba, sigue por Rosario, Santa Fe, hace una parada en el Gran Rex para festejar su cumpleaños, cruza a Montevideo y parece concluir en Santiago de Chile. 

Sus primeras armas en la música datan de muy joven. Según su currículum, a los 17 años fundó el dúo Salvapantallas junto a Santi Celli. Con esta formación alcanzó gran popularidad gracias a la expansión de internet y ganó fuerza en YouTube con más de 100 millones de views en poco tiempo. En menos de tres años de carrera, editaron el disco SMS y obtuvieron dos nominaciones a los Premios Gardel, hicieron más de 50 presentaciones en la Argentina, Uruguay y Paraguay y se despidieron en el popular teatro Ópera de Buenos Aires. 

Pero Gotusso, con el deseo de timonear su futuro artístico y pedaleando la incertidumbre de tener que volver a empezar, decidió que era tiempo de lanzarse como solista. Sus primeras canciones: “Un Bossa +”, “Monoambiente en Capital” y “Calefón” tuvieron muy buena recepción. Las reproducciones en Spotify explotaron por los aires y eso le dio combustible para grabar su primer disco: Mi primer día triste. “La música se volvió una gran amiga mía. Me hace charlar, me hace conectar. Es mi medio de transporte con la vida. Me estoy haciendo muchas preguntas ahora. Es mi medio de transporte porque me hace llegar a muchos lugares, me desinhibió y me sacó la timidez”, le dice a El Planeta Urbano.

–¿Qué lugares internos buscás habitar con tus canciones?

–Los lugares que quiero conquistar ni siquiera sé cuáles son. Los voy encontrando a medida que escribo la canción. Me divierto y juego. Cuando escribo una canción no busco la paz; la tranquilidad la busco en la vida porque soy una neurótica y porque tengo mi exigencia a través del disfrute. Quizás lo más lindo de escribir una canción es que no busco nada. Soy amante de la música. Es un lugar que me hace disfrutar. Por hacer lo que hago no soy ni valiente ni pacífica. Entiendo que tengo una voz que pueda transmitir calma (tararea), pero lo que pasa en mi mente no es paz.

–¿En qué momento sentiste pasión por la música?

–Lo fui descubriendo. Alguien dijo una vez que las esculturas están dentro de las rocas, solo hay alguien o muchas manos que las van puliendo. Para mí, la música forma parte de eso. Fueron muchos puntos de emoción. Desde que mi mamá me puso mi primera canción o desde que vino el profe de música al cole con una guitarra. Mis padres son muy melómanos. Mi madre es docente y tiene dos bandas de música como hobby, y mi padre es arquitecto. A mí mamá le gusta cantar. Tiene una energía increíble. En mi casa siempre hubo música. Teníamos prohibida la tele. Después me llevaba al colegio con la música al palo. Me acuerdo de enamorarme de “Blackbird”, de los Beatles, de Foo Fighters, de Amy Winehouse. Ponía mucho bossa nova, Fito, Charly. Tengo una familia que siempre fue muy libre. Me inculcaron la música porque estaba ahí. 

“Quizás lo más lindo de escribir una canción es que no busco nada.”

Con Salvapantallas te iba muy bien, las críticas acompañaban y el disco debut había sido muy aclamado. ¿Tuviste miedo al momento de terminar con el proyecto?

–Tenía mucho miedo, pero sabía que lo iba a hacer porque el deseo me iba a tocar la puerta. De un proyecto al otro me hice la pregunta de si la gente me iba a acompañar. Y siempre pensé que sí, no me da vergüenza decirlo. Soy una optimista. Aprendí a serlo porque me parece que es lo mejor que tenemos y es lo que más se contagia. Estoy abajo a veces, pero le pongo buena onda. En mi cabeza estaba la pregunta: “¿Vas a poder sostener esto y replicar lo que ya hiciste una vez?”. No me quedó otra que pensar que sí, porque ya quería tener el control, decidir todo: dónde ir, qué hacer, con quién. Y para eso me tuve que separar. Era lo más real. 

“Entiendo que tengo una voz que pueda transmitir calma, pero lo que pasa en mi mente no tiene nada que ver con la paz.”

–¿Qué pensamientos surgen en esta primera gira en soledad?

–Me pasó que en Salvapantallas era chica. Lo primero que se me pasa por la cabeza es que soy más consciente del disfrute, soy menos pendeja de mierda. Siempre fui educada, pero ahora estoy saboreando más. Si hace cuatro años tenía un Rex hubiera estado muy miedosa, ahora lo estoy saboreando desde este momento. Obvio que voy a tener nervios porque los valientes somos miedosos, pero ya lo disfruto. Hay algo que pienso mucho en este momento: empezar a divertirme y buscarles el plus a las cosas. El plus, en este caso, es que me acuerdo que siempre soñé con todo esto. Me acuerdo de tener ídolos o gente admirada y anhelar estar en ese mismo lugar. Yo quería estar donde estoy

Gotusso hace una pausa. Se acercan y la seña indica que hay que redondear porque hay más periodistas esperando. La cordobesa retoma su idea y, antes de agradecer, concluye: “En esta gira me divierto. El otro día fui a hacer prensa a un recital improvisado, cayeron mil personas a la plaza de Córdoba. No tenía ni un micrófono. Me estoy empezando a divertir, a jugar, a romper la brecha con la gente. En esta gira ya tengo todos los lugares a los que voy a ir, pero antes por ahí pido pasar por un colegio de Río Cuarto para cantar. Lo obvio ya está, por eso quiero buscarles el plus a las cosas”.

Fotos: Guido Adler

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