Superblocks y smart cities: cómo se planifican las ciudades del futuro, con mejor calidad de vida y menos impacto ambiental

Nuevos experimentos urbanos con foco en la tecnología, el diseño y la sustentabilidad prometen resolver problemáticas modernas, como la contaminación, la circulación de vehículos y la movilidad.

Las supermanzanas o superblocks, conjuntos de manzanas agrupadas en las que se reduce al mínimo el tráfico motorizado y se prioriza a los peatones en el espacio público, ya son un éxito en Barcelona. Si bien al comienzo, allá por 2016, la idea no fue tan bien recibida, el concepto dio sus frutos cuando disminuyó el tránsito y bajó notablemente el ruido y la contaminación en las ciudades.

Al mismo tiempo, los espacios verdes ayudaron a reducir el efecto de “isla urbana” (que se da cuando la acumulación de calor por la inmensa mole de hormigón y otros materiales absorbentes provocan una temperatura mayor), las personas se adueñaron del espacio público y aumentó la circulación a pie o en bicicleta.

Por si acaso la evidencia no fuera suficiente, un nuevo estudio de la revista científica Nature Sustainability indicó que, a futuro, este modelo podría servir para otras ciudades que también estén repensando sus espacios de circulación. “El fuerte de los superblocks es que proveen una visión en la que la transformación de las ciudades no gira en torno a los autos”, explica Sven Eggimann, especialista en infraestructura urbana y uno de los investigadores del estudio.

En el caso de Barcelona, se estima que si se crean las 503 supermanzanas que potencialmente se pueden construir en toda la ciudad, los viajes en vehículo privado se reducirían en 230 mil a la semana, mejorando significativamente la calidad del aire y la salud de los residentes. Poner el foco en otro lado no solo es posible sino que además podría ser clave en la mejora de las condiciones de vida y ambientales en las ciudades europeas. Y, tal vez, más allá.

¿Cómo funcionan las supermanzanas?

Simple: dentro de la diagramación del conjunto de manzanas se dispone una circulación única para residentes. Cualquiera que quiera ir más lejos o salir del bloque debe circular por el perímetro. Así, las calles internas del superblock se convierten en plazas públicas, con unos pocos autos que siguen en uso pero dentro de las regulaciones establecidas y con prioridad peatonal. Estas células urbanas pueden agrupar hasta nueve manzanas (distribuidas en tres filas de tres), o bien funcionar como “miniblocks”, dependiendo de la densidad poblacional y de cómo se comporte el tráfico

A la hora de analizar cómo funcionaría este modelo en otras ciudades del mundo, el estudio de Nature Sustainability determinó que en México, por ejemplo, más del 40 por ciento de la ciudad capital podría adaptarse tranquilamente a las supermanzanas. ¿Otros lugares donde podría funcionar? Tokio y Atlanta.

Los investigadores señalan que este modelo, que encuentra su exponente más acabado en Barcelona –donde ya se piensa en corredores que conecten los distintos superblocks creando así un sistema con espacios verdes aprovechables–, permite resolver varias cuestiones. Esto tiene puntos en común con las populares “ciudades de quince minutos”, que han vuelto a aparecer con más fuerza en boca del mundo luego de la pandemia.

Proyectos inteligentes

Por otro lado, la cara tecnológica de la sustentabilidad da paso a las smart cities, otra tendencia que viene pisando fuerte en desarrollos y planificación urbana de vanguardia. Para los que no tienen idea, las ciudades inteligentes, que ya tienen algunos años y se vienen desarrollando en diversos puntos del globo, se caracterizan por tener una gran inversión en infraestructura y tecnología, lo que les permite articular soluciones en áreas como seguridad, inclusión, sustentabilidad y gobernabilidad.

“En una ciudad inteligente, la evolución del gobierno a digital es fundamental para lograr una experiencia centrada en el ciudadano, la habilitación del acceso a todos los servicios de ciudad a través de aplicaciones basadas en la experiencia de usuario y la optimización del tiempo. Por ejemplo, encontramos el espacio perfecto para que los gobiernos empiecen a tener presencia en el metaverso, a través de la creación de espacios digitales en los que los ciudadanos puedan acceder a trámites y servicios”, explica Patricia Pomies, Chief Operating Officer de Globant.

En este sentido, un proyecto que viene a revolucionar la región es +Colonia (mascolonia.com), la primera smart city de la región, una ciudad abierta y sustentable a lo largo de 515 hectáreas de naturaleza y con más de siete kilómetros de playas en Uruguay. “Estamos en un momento histórico en donde muchos trabajos están siendo reemplazados o eliminados debido a la tecnología, pero al mismo tiempo la industria tecnológica es la que más trabajo demanda. Una demanda de trabajo que ni en la Argentina ni en el mundo se está pudiendo satisfacer. Por eso, atraer y generar talentos tecnológicos es el primer paso para que una ciudad se convierta en ciudad del futuro”, explica Fran Okecki, cofundador de CloudGaia y +Colonia, sobre el ideal de construir una ciudad inclusiva y próspera.

Otra de las características importantes de las ciudades del futuro es la cultura que se genera a través de la participación de sus ciudadanos en su gobernanza. “Lo que está sucediendo en la blockchain con las DAO (Decentralized Autonomous Organization) es un claro ejemplo de lo que creo que se viene para la futura democracia", explica.

"Los derechos constitucionales de participación ciudadana se ven increíblemente potenciados, porque desde una plataforma con interfaz sencilla, a la que se accede con el celular, podemos proponer acciones, ver y comentar lo que otros proponen, votar en forma directa o ejecutar lo votado sin intermediarios y en forma transparente. Creo que este factor va a ser determinante para que se genere en la ciudad del futuro una cultura que permita a sus residentes desarrollarse plenamente y tener una mejor calidad de vida en un ambiente natural, sustentable, colaborativo y cada vez más autónomo y descentralizado”, concluye Okecki.

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