Julio Leiva, la historia detrás del éxito de Caja Negra: "Es un engaño entre algo del pasado y algo actual"

Combinando mundos antagónicos, generaciones opuestas y formatos en supuesto desuso, creó el ciclo de entrevistas más visto de la Argentina, por el que pasaron desde el Duki y L-Gante hasta Ricardo Darín y el presidente Alberto Fernández.

Lo tradicional y lo nuevo acarrean un amplio debate en el que se disputan confiabilidad y conquista de territorios. La música, el periodismo y todas las áreas donde aterrizó la tecnología se hacen la misma pregunta: ¿qué hacer? Avanzar hacia los cambios o resistir, desde algunos formatos del pasado, al imperante universo de lo moderno.

Julio Leiva, periodista de 43 años, entendió que tomar partido por cualquiera de estas posturas lo dejaría fuera de un mundo híbrido y creativo y optó por unir estos polos para componer una forma novedosa de comunicar. Con la palabra como herramienta básica y las historias como materia prima, experimentó nuevas plataformas y el horizonte de la comunicación por fuera de la radio, la televisión y la gráfica.

Leiva hizo escuela en Radio Mitre en plena crisis de 2001 y se consolidó en Vorterix, el medio de Mario Pergolini. Fue director del documental Piedra que late y, con ojo de antropólogo, narró la convocatoria de los recitales del Indio Solari; la famosa misa.

También participó en la dirección de Tsunami. Un océano de gente, otro trabajo que viaja rumbo al corazón del ex Patricio Rey. En la actualidad dirige el portal de noticias Filo.News y rompe esquemas y récords de reproducciones en Caja negra, su obra maestra. “Sacamos un formato que parecería que no tiene ninguna novedad, pero sí la tiene en muchos aspectos. Es ese engaño entre algo pasado y algo actual”, le dice a El Planeta Urbano

“Hoy, financiar o monetizar el contenido es lo más difícil, y lograr que el periodista pueda vivir de lo que trabaja entra en crisis con este modelo.”

Caja negra es cita obligada cada vez que se anuncia un nuevo capítulo. En ese programa, donde se ve un fondo negro, poca luz, dos sillas, una mesita y no mucho más, su rol de entrevistador juega al periodista invisible. Pregunta y se corre. Los invitados son variados y con mucha mezcla generacional. Por allí pasaron desde Coscu, L-Gante y Bizarrap hasta Ricardo Darín, Mariana Enriquez, Adrián Dárgelos y el Presidente de la Argentina, Alberto Fernández

Leiva, aparte de sus quehaceres en Filo.News, empezó un nuevo programa en Vorterix, Crossover, y, según adelanta, está detrás de un podcast sobre la historia de un artista (“es alguien importante del rock”), planea un documental relacionado con la música y quiere hacer un libro. “El éxito de Caja negra posibilitó que aparecieran cosas nuevas para hacer”, confiesa. 

–¿Cómo analizás el periodismo actual?

–Hay dos formas de ver el periodismo hoy: lo que hace y lo que genera. Respecto de la primera, creo que es el mejor momento porque hay periodismo por donde quieras. Desde un tuit hasta alguien que hace un TikTok o alguien que sube un video en Instagram o genera contenido en YouTube. Hay mucha cantidad. El problema está en lo que genera, porque ahí incide lo económico. Hoy financiar o monetizar el contenido es lo más difícil, y lograr que el periodista pueda vivir de lo que trabaja entra en crisis con este modelo. Ahí hay un problema a resolver. 

–Teniendo en cuenta la injerencia de las nuevas tecnologías en los distintos ámbitos de la comunicación, ¿de qué manera te planteás los contenidos? 

–De varias maneras. Si tuviese que explicar un camino, empezaría por saber qué es lo que quiero decir. Una vez que sé eso, viene el tema de dónde lo voy a decir, y cuando decido eso, viene el cómo lo voy a decir. Esas etapas están bien marcadas. Uno tiene que saber qué quiere contarle al mundo y después elegir el formato adecuado. Y siempre aprender los códigos de los lugares que vayas a visitar. Antes, los periodistas estábamos seteados para radio, televisión y gráfica; hoy esa frontera se expandió a muchos más lugares. Hoy tenemos que estar preparados para muchas más cosas: la palabra, la imagen, la fotografía o la voz, pero en otros formatos, otros continentes y otras normas.

–¿En Caja negra confluyen todos esos formatos nuevos?

–Sí, porque Caja negra se maneja con algunos formatos tradicionales, como la entrevista, busca conocer una historia, una biografía y lo mezcla con una agenda nueva, con personas que por ahí no estaban en el radar de ciertos medios. Ahora es más común, pero cuando nosotros arrancamos todo eso no estaba a la vista de los medios tradicionales. Me acuerdo de que en los inicios estaba eso de que lo que se hacía en plataformas tenía que ser corto, y para mí no era así. Si hay gente que ve de un tirón ocho capítulos de una serie, chicos que están jugando a un juego ocho horas o gente que mira ocho horas un stream, por qué no va a haber gente que quiera ver una entrevista de cuarenta minutos. Sacamos un formato que parecería que no tiene ninguna novedad, pero sí la tiene en muchos aspectos. Es ese engaño entre algo pasado y algo actual. 

Caja negra es un formato que parecería que no tiene ninguna novedad, pero sí la tiene en muchos aspectos. Es ese engaño entre algo pasado y algo actual.”

–La frontera de los entrevistados es amplia: va desde los que vienen de espacios tradicionales hasta los que son nativos de las plataformas. ¿Qué diferencias encontrás ahí?

–La primera es generacional. Cuando más experiencia tenés, más cerrado sos, y cuando más nuevo sos, más te abrís. Cuando hablás con alguien que ya tiene cierta trayectoria y que, de alguna manera, viene golpeado por ciertas formas, se cierra, y la lucha es ver cómo lográs abrir eso. Y con alguien que recién arranca es al revés. A veces hay que recomendar que no se abran tanto porque eso puede traer algún problema. La idea es mantener el equilibro. Esa es la principal diferencia, después para mí no hay distinción entre el que viene de un formato tradicional y el que viene del formato digital. Quizás lo que sucede con el que viene del plano más tradicional es que quiere ser validado por pares antes que por el público. Hubo un otro que tuvo que darle ese OK para que sea quien es. Y con el digital es al revés: primero lo elige el público y después trasciende a los formatos más tradicionales.

–¿Qué es lo que no puede faltar en una entrevista tuya?

–Parece algo general, pero quiero que cada entrevista sea distinta. Trato de encontrar un objetivo en cada una y que no sea siempre la misma. A veces lo logro porque voy a buscar un objetivo planteado, y otras veces cambia porque apareció otra cosa. Y ahí es donde le tengo que dar un cachetazo al ego y entender que el entrevistado está queriendo ir por otro lado

–¿En la entrevista con Dárgelos tuviste que modificar el objetivo?

–No, justamente mi objetivo con Dárgelos era que filosofara. A mí me gusta que sea un intelectual de la música. Me pasó de ver muchas entrevistas en donde él quería ir por ese camino y no lo dejaban. Mi laburo ahí fue correrme; plantearle ese juego y correrme. Mucha gente se creyó que no me dejó preguntar, pero no quería eso, quería que divagara con su cabeza y que llegara a los lugares a los que llegó. Lo que me gusta de ese tipo de entrevistas es que plantean algo para distintos consumidores. Algunos flashearon con esa entrevista y dijeron que fue la mejor de Caja negra, y hubo gente a la que no le gustó nada. Me encanta que suceda eso. 

–¿Cómo fue la experiencia de entrevistar a Alberto Fernández?

–Fue difícil, en el sentido de que se corría de la lógica de todas las notas anteriores. Estaba atado por la coyuntura y había preguntas que no se podían dejar de hacer. Pero, aun así, lo planteamos con preguntas de coyuntura por un lado y preguntas más típicas del ciclo por otro. Un punto clave y que considero diferente fue la repercusión que tuvo. Cuando anunciamos la entrevista fue trending topic, y el día que se emitió fue una especie de cadena nacional. Todos los medios estaban reaccionando a la nota. Sobre todo, porque esa vez negó lo de la foto en Olivos (N. de la R.: hace referencia a la imagen viral de la fiesta de cumpleaños de Fabiola Yáñez durante la cuarentena) y dos días después se hizo pública. Recuerdo también que hubo muchos recortes de la entrevista. Algunos eran de su relación con la marihuana, otros de su relación con Cristina, y así iban cambiando los ejes según el medio.

–Actualmente también hacés el programa Crossover en Vorterix junto a Noelia Custodio. ¿Cómo nació esta idea de volver de nuevo a la radio?

–Me hicieron varios ofrecimientos para hacer radio y ninguno me terminó de cerrar. Estoy enamorado de la radio, es como mi casa, pero en este momento tengo ganas de experimentar lo audiovisual. Con Vorterix puedo jugar a la radio cuando tenga ganas y seguir metido en lo audiovisual. Me da esa ventaja. Hago radio y trato de hacer digital todo el tiempo. No hago un programa para la televisión, trato de hacer un programa de internet. Lo pienso en ese concepto.

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