Julieta Díaz: "Así como se viola y se mata a las mujeres, también se viola y se mata a la tierra"

Cine, televisión, maternidad y feminismo. Todas las facetas de una actriz que se anima a patear el tablero y emprende su primera aventura musical.

Gasoleros, Campeones de la vida, Locas de amor, Mujeres asesinas, Para vestir santos, Los locos Addams, Déjala correr, 099 Central, Soy gitano, Juan y Eva, Emma Bovary, Graduados, La celestina, En terapia. El derrotero de éxitos televisivos, teatrales y cinematográficos de Julieta Díaz es avasallante, llamativo, imposible. 

Nacida y criada en el umbral de la cultura pop criolla de los últimos veintipico de años, la actriz ganadora de unos pares de Martín Fierro sorprendió a fines de 2021 con el anuncio de la salida de su primera experiencia musical, una faceta novedosa para el público, no así tanto para ella. “La música siempre estuvo cerca en mi vida. La poesía también, desde muy chica, cuando estudiaba teatro o cuando mis viejos me pasaban algún libro”, dice Julieta Díaz a El Planeta Urbano.

"Si bien en la actuación sigo aprendiendo, ya tengo armada una base importante y un oficio de muchos años de laburo. Estar arriba de un escenario cantando es otra cosa."

Fue durante la cuarentena que pulió su costado melómano y, a través de las redes sociales, conoció al músico uruguayo Diego Presa, su compañero de dueto, quien tiene más de veinte años de experiencia y lleva adelante la banda de rock experimental Buceo Invisible.

“Descubrí que Diego también era solista y me encantó su universo musical. En su poesía sentía que había cosas hermanadas con lo que yo hacía. Un día, charlando por Instagram, empezamos a hablar de música y le propuse hacer una versión de uno de sus temas o algún tema que nos gustara. En medio de esa charla, me dijo que le mandara algunos de mis textos. En dos semanas hicimos como seis maquetas de temas”, cuenta la actriz.

El resultado de aquella alquimia artística fue El revés de la sombra, un EP de seis canciones atravesadas por ritmos rioplatenses, que finalmente pudieron presentar a principios de febrero en Dumont 4040. Allí mismo, Julieta lleva adelante la exquisita y perturbadora Precoz, la obra de teatro basada en la novela homónima de la escritora argentina Ariana Harwicz, que sumerge al público en la historia de una madre, su hijo adolescente y la intensa relación que los une. “Es una adaptación de Juan Ignacio Fernández, dirigida por Lorena Vega. Se trata de una historia que está cruzada por lo literario, donde los personajes rompen la cuarta pared para contarle directamente al público lo que les pasa.”

Así las cosas: música, teatro, televisión y cine. En tiempos donde encasillar y etiquetar pareciera la salida más rápida para comprender lo desconocido, Julieta Díaz patea el tablero, gambetea la zona de confort y, una vez más, apuesta por su instinto, su ADN de artista total.

–¿Cuándo llega esta pasión tuya por la música?

–La música siempre estuvo cerca en mi vida. La poesía también, desde muy chica, cuando estudiaba teatro o cuando mis viejos me pasaban algún libro. Me parecía que interpretar, sea cantando o actuando, era muy cercano. Muchas veces jugaba a hacer personajes desde la música: cantando alguna canción, haciendo musicales con mis amigas, poniéndome en la piel de un artista. La música es una hermana de sangre de la actuación, me resulta imposible pensarlas por separadas. 

–¿Hubo algún motivo para finalmente largarte como cantante y compositora?

–No, no hubo nada en particular, ninguna razón. En la cuarentena empecé a escribir mucho y subí algunos de mis textos a Instagram, junto a ilustraciones de Gervasio Troche, un dibujante uruguayo. Diego Presa, mi compañero musical, era amigo de Troche y pudo ver lo que yo hacía. A Diego lo conocía por El Astillero, yo soy medio fana de ellos. Pero además descubrí que Diego era solista y me encantó su universo musical. En su poesía sentía que había cosas hermanadas con lo que yo hacía. Un día, charlando por Instagram, empezamos a hablar de música y le propuse hacer una versión de uno de sus temas o algún tema que nos gustara. En medio de esa charla, me dijo que le mandara algunos de mis textos. En dos semanas hicimos como seis maquetas de temas. Les empezó a poner música a mis letras y se generó movimiento. Me pasaba canciones suyas a las que le faltaban estribillo y yo le pasaba poesías mías que él usaba para sacar imágenes y componer una letra. Así empezamos a hacer temas juntos y la cosa fluyó.

“La música es una hermana de sangre de la actuación, me resulta imposible pensarlas por separadas.”

–¿En qué te ayudó la actuación en este proceso?

–Sobre todo en la interpretación de textos. Después, obvio, me sigo perfeccionando. Ojo, no soy una nerd ni una estudiosa superprolija, pero desde hace un tiempo estudio canto en el Centro de Arte Vocal de Katie Viqueira. Igual que con el yoga, son los dos amores que nunca largo. Puedo estar meses o hasta un año sin hacer clases, pero siempre en algún momento retomo.

–Hace muy poco presentaste El revés de la sombra en el Dumont, sin tanto revuelo mediático. ¿Notás alguna coincidencia con tus primeros pasos en la actuación? 

–Por supuesto. Es un espacio nuevo para mí, más allá de estar con un experimentado que me acompaña y me ayuda. Las coincidencias están en los nervios y en el constante aprendizaje de las cosas más gruesas. Si bien en la actuación sigo aprendiendo, ya tengo armada una base importante y un oficio de muchos años de laburo. Estar arriba de un escenario cantando es otra cosa, y aunque yo confíe que lo puedo hacer bien no deja de ser un salto al vacío. 

–Hay una camada grande de actrices que se están dedicando a cantar.

–Sí, hay muchas. Lo que no veo tanto es cantantes que actúen. Lo que sí, todas las cantantes en algún momento han tenido alguna experiencia de actuación. Me da la sensación y me pregunto: ¿será que hay más pudor en una cantante a la hora de actuar, porque ya se va para otro plano? Igual se puede ver desde el lugar que el actor o la actriz están protegidos por un personaje, en cambio el que canta está más desnudo. Cantar es eso. Para actuar también se necesita estar desnudo, en otro sentido, más desde la verdad, desde la honestidad como persona para poder contar una historia y no ser un artista superficial.

–Volvió Precoz, un trabajo supercomplejo desde la historia y la narrativa. ¿Dónde creés que está la clave del éxito de una obra que retrata una maternidad mucho más cruda y compleja?

–El éxito de la obra en principio es el texto de Ariana [Harwicz], que es una gran autora y gran poeta dentro de su narrativa. Después, la maravillosa dirección de Lorena Vega y la increíble versión teatral de Juan Ignacio Fernández. Toda la ficha técnica es un lujo, desde la escenografía hasta las luces, la música, el vestuario y el elenco. La gente tiene muchas ganas de ver teatro, pero hay que encontrar el lenguaje; Buenos Aires es una ciudad muy teatrera. Por suerte, con Lorena pudimos hacerlo: revelar un punto medio entre la literatura y el teatro, con una cuarta pared que no existe. Nosotros miramos al público y le contamos la historia, con personajes que cuentan y habitan todo el tiempo, pero que están en contacto muy íntimo con los espectadores. 

“El actor o la actriz están protegidos por un personaje, en cambio el que canta está más desnudo. Cantar es eso.”

Entre música y teatro, Julieta Diaz también aprovecha sus plataformas para militar por causas ecofeministas. Influenciada por su madre, que es parte de una ONG interprovincial llamada Conciencia Solidaria, se involucra en la causa ambiental desde hace más de veinte años.

“Estos últimos años mi madre me empezó a informar mucho sobre el tema del colapso ambiental. Estoy hace veinte años colaborando, pero en este último tiempo se aceleró muchísimo. Lo ecofeminista radica en que hay un punto muy fuerte entre la tierra y la mujer: así como se viola y se mata a las mujeres, también se viola y se mata a la tierra. Sonará demagógico o romántico, pero es exactamente así”, explica.

–Y también estás muy activa en las causas que involucran la maternidad, a los hijos, la diversidad y la inclusión. ¿Cuánto tiene que ver esto con tu presente como madre? 

–Muchísimo, pero también mi presente como amiga y mujer que ve y transita la maternidad de otras, que en mi caso está atravesada también por la discapacidad. Otro tipo de minorías, otra diversidad. 

–Te vimos en tus redes junto a Paola Krum y Gloria Carrá. ¿Se puede saber algo de Las irresponsables?

Las irresponsables es un proyecto que teníamos hace un tiempo con Gloria, Paola y Javier Daulte. Se fue armando de a poco, congeniamos las piezas y ya arrancamos los ensayos. Pensamos estrenar la obra a mediados de abril, justo para la reapertura del teatro Astros. Es un lujo tener a un director como Daulte escribiendo y dirigiendo para nosotras. Yo lo conocí por Silencios de familia, pero tenía ganas de volver a laburar con él. La obra es muy “daulteana”, con ese humor y esos giros de situaciones dramáticas. Estamos muy contentos, es un hermoso desafío.

“Lo ecofeminista radica en que hay un punto muy fuerte entre la tierra y la mujer: así como se viola y se mata a las mujeres, también se viola y se mata a la tierra.”

Fotos: Gisela Filc, Pata Torres, Sebastián Freire. 

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