Shane Fu: el “video creator” chino que amplía el concepto de ciencia ficción

La vuelta de tuerca del arte digital ahonda en la paradoja de la intervención de la virtualidad sobre entornos reales. Cómo la percepción de lo existente y por existir cambió para siempre.

Si se ve y se siente como real, ¿qué importa si es real o no? Una ilusión es una ilusión. Sin embargo, la realidad siempre va a existir a pesar de la fachada. Es Manhattan, es el SoHo, es la vidriera de una tienda de Zara: miles de bolas coloridas chocan entre sí. El efecto es alucinante, sumamente extraño, demasiado magnético: algo pasa ahí. Hay bolas que chocan entre sí, pero no, no es real, o al menos no en términos físicos: el artista chino Shane Fu montó una vidriera que mezcla realidad virtual e ilusión óptica. Y ya toma fuerza el fenómeno de los escaparates en 3D.

Para la apertura de su nueva tienda en Manhattan, Zara contrató a Shane Fu, artista nacido en Wuhan (sí, ahí) que se especializa en creaciones visuales. Se trata de obras de arte digitales que juegan con el engaño, la simulación y cierta hipnosis. Y en su perfil de Instagram (@shanef3d), un tendal de obras que comprimen desconcierto: un acuario callejero que parece salido de la tercera temporada de Twin Peaks, un dispenser de corales cuasimarciano, los globos del Pride luciendo como cine de Hollywood haciéndose paso sobre la vida real, los etéreos corazones que pululan por allí y muchas, muchas demencias más.

Recibido en la Universidad de Boston, Shane Fu se autodefine como “motion designer” y “video creator” y viene siendo noticia en el corazón de la gran maquinaria cool, en el pico del firulete vanguardista: Nueva York. Su animación hiperrealista configurada en CGI acumula millones de views en sus redes sociales y, también, sacude el cerebro de quienes se topan con él, tal como lo hacen las populares vallas en 3D de China y Corea del Sur. Esas que, poco a poco, también van llegando a los Estados Unidos.

“Usé referencias de iluminación de la ubicación”, explicó en su cuenta de Instagram, a propósito de las vidrieras de Zara. “Es sólo un video para compartir en redes sociales”, relaja Shane Fu, sin bajarle el precio al flash, en una entrevista con la revista de arquitectura y diseño Dezeen. Enjambre de colores, credulidad, realismo, matemática y fenómenos de la vida real: el arte de Shane Fu se mezcla con los entornos cotidianos para borrar la fina línea entre la fantasía y la realidad. 

Por estos días, el artista chino también está aprovechando la movida de las NFT (non-fungible token) y anda comercializando su arte digital vía la exclusiva galería Fumigene. Entretanto, Fumigene también se define como NFT Art Gallery de la blockchain de Ethereum. A lo mejor ya conocen esta historieta. O les suena de algún lado.

Paciencia, paciencia porque se viene esa: non-fungible token es una especie de certificado anclado en el universo de las criptomonedas. Y esos archivos –esas obras– contienen una suerte de pedigrí inimitable. Así, por ejemplo, alguien puede agenciar para siempre el arte de Shane Fu aunque este, muchas veces, no exista en el plano físico. ¿Complejo, no? De nuevo, paciencia, paciencia.

“Para mí, la arquitectura de la película es otro personaje más, equiparable a los actores de carne y hueso. Todos los decorados tienen una función específica dentro del proceso global e ilustran ideas concretas”, dijo Terry Gilliam, ex Monty Python y director de cine británico cuya filmografía –al menos una mitad y un pelín más también– juega a la ilusión. Escenarios de ciencia ficción, arte digital: si el presente es ligeramente distópico, el futuro se avecina con la misma forma pero con el volumen más alto.

Y no hace falta irse tan atrás para ir tan adelante. De hecho, los mundos creados por la ciencia ficción y, más acá, por el arte intrínsecamente digital siempre guardan más relación con el presente que con el futuro que podrían predecir. Por eso, tanto la obra de Shane Fu como Blade Runner, Matrix, Avatar o las mencionadas marquesinas chinas y coreanas responden cada una a su tiempo. Y, obviamente, ofrecen imágenes fugaces de mundos fantásticos llenos de osadía, seducción y visceralidad.

Así, el arte de Shane Fu, con su hechizo de futuro perfecto imperfecto, que interviene sobre escenarios conocidos, que deforma paisajes identificables, entroniza la idea de ciudades evolucionadas que se construyen sobre lo que ya existe. Un arte, un gesto, una animación astuta y multicapa, que juega a la extrañeza, a la sorpresa, a ofrecer un marco incomparable para abordar inquietudes que cargamos sobre la espalda: aquí, los efectos digitales no sólo otorgan nuevas texturas y nuevas experiencias, sino que aumentan el volumen de la fábula hipercapitalista. Son, en suma, escenarios de ciencia ficción por otros medios.

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