La tecnología que resucita artistas: de los hologramas al arte que respira en tiempo real

La inteligencia artificial dejó de restaurar el pasado para empezar a producir presencias. Del show de Soda Stereo con Cerati a las experiencias generativas que reaccionan al entorno en tiempo real: una revolución que redefine los límites del espectáculo en vivo.

“Soda Stereo late más fuerte que nunca. Como si el ayer, el hoy y el mañana se plegaran en un acorde. Gustavo, Charly y Zeta se reencuentran gracias a la tecnología en un presente que no conoce de fronteras”. Resumir en un párrafo de qué va el show "Ecos" es complejo. Por eso, mejor quedarse con la descripción del sitio oficial de la legendaria banda, en donde también se detallan las fechas de esta serie de presentaciones que comenzó el 21 de marzo en Argentina, y girará por Latinoamérica y España.

La pregunta, aunque incómoda, es válida: ¿está Cerati? La respuesta, aunque ambigua, también lo es: sí y no. Y el debate podría no terminar nunca. Lo que no admite discusión es cómo la tecnología evolucionó al punto de difuminar –y hasta borrar– fronteras que parecían infranqueables. La muerte deja de ser un límite y pasa a ser apenas una condición biológica.

Porque la inteligencia artificial (IA) ya no solo restaura el pasado, sino que lo reconstituye para que actúe en el presente. Hoy no se limita a mejorar o “limpiar” archivos, sino que tiene la capacidad de generar presencias que interactúan con el aquí y ahora.

ME VERÁS VOLVER

La IA es el factor clave del “regreso” de Soda Stereo. De hecho, desde el seno de la banda aclararon que la experiencia no se trata de un homenaje, sino que es vanguardia pura.

No mienten: Gustavo Cerati está allí gracias a una reconstrucción audiovisual de alta gama que se basa en material original del artista, y se combina con proyección avanzada, diseño de luz y sincronización musical. No es un holograma clásico, ni un avatar generativo, ni la propia inteligencia artificial clonando a Cerati. Es vanguardia.

Bajado al llano, se logra la presencia de Cerati gracias a grabaciones originales de su voz y guitarra, las cuales fueron limpiadas y ajustadas para sincronizar con la banda en vivo. Dicho de otra manera, todo lo que canta o toca Cerati lo hizo realmente alguna vez.

A nivel visual, no es un holograma clásico, sino una proyección volumétrica que se basa en tules transparentes, pantallas LED en distintos planos y animación 3D hiperrealista. Todo está en sintonía –literal y metafóricamente– para que parezca que Gustavo Cerati está ahí. En vivo.

Así, "Ecos" se erige como un umbral incómodo de atravesar, porque marca el momento en que la tecnología deja de reconstruir recuerdos para empezar a producir presencias. Porque lo importante no es esta propuesta en sí, sino lo que anticipa.

TECNOLOGÍA SENSIBLE

Sin entrar en tecnicismos, podría describirse a la presencia de Gustavo Cerati en "Ecos" como una ilusión de ingeniería. Porque la obra, de manera hiperdetallista y sofisticada, se reproduce.

Así, "Ecos" impresiona, pero también revela su límite: está pregrabada y no importa a qué show asistas, siempre vas a ver lo mismo. No hay una ejecución algorítmica viva, ni una IA interpretando datos del entorno que genere imágenes nuevas en tiempo real.

El arte generativo, en cambio, sí ofrece una performance audiovisual en tiempo real. ¿Cómo sucede la magia? El sonido alimenta algoritmos, los algoritmos generan una imagen, y el resultado de cada ejecución es único e irrepetible.

En este punto, es interesante incluir otro concepto clave: la presencia física digital. Sí, contradictorio al menos. Pero a diferencia de una obra pregrabada, estos sistemas buscan que lo digital se comporte como si la persona estuviera realmente ahí.

No se trata solo de mostrar una imagen, sino de hacer que responda al espacio: que reciba la luz del escenario, que proyecte sombras creíbles, que cambie junto con el entorno. El software no adivina la luz, la recibe como dato. Cuando eso ocurre, lo digital deja de sentirse como una capa superpuesta y empieza a ocupar el mismo plano que lo humano, y reduce sensiblemente la distancia entre el cuerpo físico y el bit.

Esto abre la puerta a un escenario vivo: el desplazamiento de la obra desde la galería estática hacia un espacio que siente. Se vuelve sistema perceptivo activo, que puede leer lo que ocurre dentro de una sala para ir moldeándose en tiempo real.

La experiencia es trascendental: el espacio deja de ser un escenario pasivo y se convierte en un organismo sensible, que articula arquitectura, tecnología y percepción. Cuando el algoritmo interpreta, el humano deja de ser el único autor (y hasta puede ser prescindible). Y la obra ya no se muestra: se comporta.

LEYENDAS DEL PRESENTE

La realidad en capas (layered reality) podría catalogarse como el motor de la presencia: no busca traer el pasado de vuelta, sino permitirle adaptarse al presente. Bajada a tierra, esta tecnología es la que facilita que grandes figuras artísticas no aparezcan como un fósil de museo, sino como una presencia activa, capaz de interactuar con escenarios actuales.

¿Cómo sucede? Gracias a la superposición de archivos históricos, la tecnología digital y el espacio real. Así, la imagen, el sonido y el gesto se adaptan a la iluminación del lugar, al tamaño del escenario y al público que los rodea. Y nada está fijo. Todo se transforma, diría Drexler. Y permite que el pasado deje de ser una memoria distante y se convierta en una experiencia sensorial viva, en el aquí y el ahora.

DATOS ARTÍSTICOS

Refik Anadol es uno de los artistas y diseñadores multimedia, referente en la fusión del arte con datos e inteligencia artificial. En sus obras, los datos dejan de ser números fríos para mutar en materia artística, como si fueran organismos digitales que cambian de manera constante por su conexión con el mundo real: él las llama “esculturas de datos”.

Estos organismos se valen de inputs como el clima, el sonido de una sala, el movimiento de las personas o grandes archivos de imágenes, para que la inteligencia artificial procese todo en tiempo real.

¿El resultado? Paisajes en permanente transformación, donde nada se repite, como si la obra estuviera “soñando” frente al público. El trabajo de Anadol representa una experiencia sensorial inmersiva, algo vivo que respira junto a quienes lo habitan.

VOCES DEL MÁS ALLÁ

Holly Herndon es una artista experimental que además dio vida al proyecto “Holly+”. ¿De qué se trata? De la creación de un gemelo digital de su propia voz, combinando grabaciones vocales y modelos de inteligencia artificial.

Gracias a su timbre y forma de cantar, desarrolló un sistema que puede crear nuevas interpretaciones vocales, sin que ella esté físicamente presente. Dicho de otra manera, es una extensión precisa de su propia identidad vocal. Así, rompe con el límite tradicional del cuerpo y el tiempo, pudiendo aparecer en diferentes proyectos en simultáneo.

Y abre un interesante debate dentro de la industria musical: quién controla una voz, cómo se usa y bajo qué reglas. Para Herndon, su gemelo digital no es una amenaza, sino una herramienta expansiva, para seguir explorando nuevas maneras de expresarse artísticamente.

ESCENARIOS VIVOS

La propia Holly Herndon, Max Cooper y Floating Points son algunos de los artistas que en la actualidad transformaron las visuales en una performance más.

Utilizan códigos y softwares para que lo que se proyecta sea una reacción literal a lo que hace el músico en el escenario. No hay secuencias fijas, sino que el sonido (una guitarra, una voz) modifica lo que se está mostrando, sea en su forma, color o movimiento.

En consecuencia, cada show es único y se moldea con la energía del momento, pero también se nutre de errores, improvisaciones y cualquier tipo de interacción que suceda en vivo.

Si el arte puede ejecutarse sin cuerpo y reaccionar sin memoria, el Indio Solari, quien paradójicamente también se presentó en vivo como un holograma tridimensional, fue visionario: el futuro llegó hace rato.

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