Morfilm Festival • Más sabroso que la ficción

Florencia Méndez y Zacarías Kesselman son los creadores del primer ciclo de cine en el que el público come lo mismo que en las películas. Un proyecto gastronómico que se reinventó en cuarentena y lleva a domicilio los platos más codiciados del séptimo arte.


¿Cuántas veces fantaseamos con probar la torta de chocolate que Bruce saborea en Matilda? ¿O con sentir el verdadero sabor de las donas más famosas de Springfield? Eso mismo se preguntó la dupla creativa de Morfilm antes de fundar el primer ciclo de cine que recrea los platos de las películas. “La idea surgió el año pasado y nos postulamos a la convocatoria de Ciudad Emergente. Como tenía que ser un formato apto para todo público, empezamos con Charlie y la fábrica de chocolate”, cuentan Florencia Méndez y Zacarías Kesselman. Ella, productora audiovisual; él, creativo publicitario. Juntos pensaron cómo cumplirles el sueño a los espectadores y también en la fórmula perfecta para reivindicar los clásicos del séptimo arte. “Los dos somos muy cinéfilos, entonces pensamos que esta sería una buena oportunidad para acercar al público a ver cine de autor a través de una propuesta gastronómica.” La lógica de Morfilm es simple: el público elige el kit de la película, hace el pedido online y recibe la comida en su casa. “Funciona como una cartelera de cine. Las películas van cambiando con el paso del tiempo y siempre elegimos títulos que estén disponibles en plataformas de streaming. Previo a recibir la experiencia, mandamos un e-mail explicando cuál es el menú, cómo prepararlo y en qué minuto de la película aparece cada plato, para poder disfrutarlo al mismo tiempo que los personajes”, adelantan los emprendedores.

–¿Cómo adaptaron el proyecto a la cuarentena?

Florencia Méndez: –Nos convertimos en una experiencia mucho más completa. Antes, cuando hacíamos eventos, repartíamos un solo plato para mirar la película. Ahora casi siempre son menús por pasos. También le ponemos mucha más atención a cómo te va a llegar el pedido. Cuando armamos Pulp Fiction, por ejemplo, hicimos un vasito igual a la compañía de hamburguesas que creó Tarantino. Nos fijamos en esos detalles porque suma tener ese diferencial. Más en este momento, en que lo único que hay para hacer es sacarle una foto a la comida y subirla a Instagram.

“Siempre tratamos de hacer los menús con restaurantes especializados y de diseñar platos exclusivamente para la experiencia.”

–¿Y quién se encarga de preparar el menú? ¿Pudieron asociarse con restaurantes o chefs particulares?

F. M.: –El nuevo formato vive de eso, de asociarnos con restaurantes o con proveedores. Lo que pasaba cuando hacíamos los eventos es que la gente venía a Morfilm y punto. Ahora, como esto vive en las redes, a nosotros nos conviene tener una credencial, asociarnos con alguien que se dedique a la gastronomía y que tenga una vidriera que la gente puede ver. En este contexto, los gastronómicos no la están pasando bien en sus negocios. Y de repente, una propuesta así les da visibilidad. Es un buen puntapié para ayudarlos con sus ventas.

Zacarías Kesselman: –Cuando armamos el menú de El Padrino, por ejemplo, nos asociamos con Renatto Cucina Italiana, que es un restaurante especializado en pastas. Siempre tratamos de hacer los menús con restaurantes especializados y de diseñar platos exclusivamente para la experiencia.

La lógica de Morfilm es simple: el público elige el kit de la película, hace el pedido online y recibe la comida en su casa.

–¿Es un menú listo al vacío o ya viene servido para comer?

F. M.: –Tenemos muchos platos listos al vacío y otros que hay que terminar de armar en casa, depende mucho de la función. Lo que no hacemos nunca es mandarte el plato caliente, no somos un delivery de comida.

Z. K.: –Nosotros funcionamos con un sistema de preventas. Vendemos las entradas y el fin de semana repartimos el menú. Si te llega a la tarde, no hace falta que lo comas a esa hora, que es un horario rarísimo. Vos después le podés dar ese toque final a la noche, o cuando tengas ganas de hacer el plan, porque hay que tener tiempo de ver una película. En cuanto a la calidad de la comida, eso mejora un montón.

–Teniendo en cuenta que no sólo la historia tiene que estar buena sino que el menú debe ser protagonista, ¿cómo eligen las películas?

Z. K.: –Eso pasa en el escenario ideal. En Parasite, por ejemplo, la comida sirve como una herramienta más para meterte en la película. Los fideos tan característicos, el té, la cerveza de esa marca, el soju, son todas cosas que la mayoría de nosotros nunca probamos y que nos meten en ese universo. Hay otros films en los que la comida forma parte de la trama, como Bastardos sin gloria o Pulp Fiction, donde está presente de forma muy fuerte desde la primera escena. Y después, hay películas en donde la comida es un poco más caprichosa: está ahí porque está, como en Matilda. Si a la gente le llama la atención y a nosotros nos copa el plato, también lo hacemos.

–En resumen, ¿cómo definirían la experiencia Morfilm?

F. M.: –Es un proyecto que se readaptó a un contexto supercomplicado y funcionó, lo cual nos da mucho orgullo. Morfilm impulsa a no dejar de consumir cine.

Z. K.: –Morfilm les hace bien a los restaurantes, porque están en un momento muy crítico; a la gente, porque es un plan que te salva de la rutina de la cuarentena, y también al cine, porque propone películas que son más ricas culturalmente en lugar de seguir viendo la bullshit de la televisión.

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