Sus prendas realizadas con tejidos de fibras nobles, como merino patagónico, baby alpaca, camélidos del norte y baby llama, se exportan a plazas tan diversas como Japón o Australia. Sostenibilidad, trabajo justo, concepto y circularidad marcan un estilo que regresó para quedarse.


Cuando María Abdala Solezzi estudiaba en el London College of Fashion y se preparaba para trabajar en Francia para marcas tan icónicas como Sonia Rykiel, Isabel Marant, Hermès o Band Of Outsiders, nunca imaginó bautizar con su apodo, Maydi, a una etiqueta que recupera lo mejor del artesanado argentino y rescata el oficio de tejedorxs locales.

–Trabajaste en Francia para grandes marcas, ¿podemos decir que cuando decidiste volver a tu país le encontraste otra vuelta al ovillo?

–En cierto modo, sí. Cuando volví, mi primera pregunta fue si me veía trabajando en una marca de indumentaria nacional, y lo veía difícil, no por un tema de subestimación sino por un estilo de trabajo que ya traía incorporado. Entonces mi segunda pregunta fue: “¿Qué tenemos de especial para ofrecer en la Argentina?”. Porque tradicionalmente hemos mirado mucho hacia afuera. Me puse a investigar y eso me llevó a los oficios, lo mejor que tenemos. La Argentina es un país lanero aunque no se tenga tan incorporado el concepto. La conexión con la lana me condujo a la artesanía y a buscarle la vuelta para revalorizar todo ese trabajo artesanal que tenemos en América latina.

–Retomemos el momento del descubrimiento. ¿Cómo empezó tu conexión con lxs tejedorxs?

–Trabajar con artesanos no es fácil, exige búsqueda. Me caminé toda la avenida Scalabrini Ortiz, por ejemplo. Así empecé, entrando en las casas de tejidos y preguntando. En una de ellas me dieron un archivo de artesanos con los cuales trabajaban, y aunque parezca loco empecé a elegirlos al azar. Esas personas que contacté intuitivamente colaboran conmigo desde hace seis años.

–Es interesante que concibas la prenda como una obra porque remite a un trabajo manual. Hablemos un poco del concepto Maydi.

–Cada pieza es totalmente urbana. Si bien son prendas confeccionadas enteramente a mano con fibras nobles y hasta teñidas naturalmente, yo presto especial atención al detalle. Ahí me sale la formación francesa. En un momento trabajé en el área de ventas en Hermès, y todo ese ritual del preciosismo puesto en el detalle lo tengo incorporado, porque allá el artesano es considerado un artista. Busco que las prendas sean pequeñas obras de arte pero también ponibles y totalmente contemporáneas.

–¿Pensás que hay una revalorización del artesanado?

–Hay un nuevo paradigma dentro de la industria de la moda que tiene que ver con replantearnos los modos de producción. Lo pensaba hace seis años, cuando arrancó Maydi, y cada día me convenzo más. El camino es revalorizar lo hecho a mano como el nuevo lujo.

–Hablando de modos y modas, “sostenibilidad” es una palabra que está en boca de todos. ¿Hay oportunistas de una pretendida sostenibilidad?

–Maydi no es un emprendimiento sustentable de la boca para afuera, y eso hace la diferencia. Es verdad que hay una moda donde todo es supuestamente orgánico, todo es sustentable, y sabemos que realmente no es así. Por eso a veces cuesta justificar el producto y explicarle a un cliente cómo es una cadena de producciones circular, absolutamente sostenible.

“En un momento trabajé en el área de ventas en Hermès, y todo ese ritual del preciosismo puesto en el detalle lo tengo incorporado, porque allá el artesano es considerado un artista.”

–¿Es posible una sostenibilidad para todos?

–No es tan fácil explicar qué es una lana merino con certificación internacional Wildlife Friendly en la que trabajé con investigadores del Conicet; hay todo un proceso detrás que hace al valor. Exporto mucho a Japón, y acá la mayoría de mis clientas son extranjeras o mujeres argentinas que adhieren a la filosofía de la marca y tienen un cierto poder adquisitivo. Pero también veo el surgimiento de un nuevo cliente que te contacta para hacer una compra de calidad, en la que prioriza el origen, los materiales y las terminaciones, porque en Maydi hasta el packaging es totalmente reutilizable.

–¿Ves en esta crisis provocada por la pandemia la posibilidad de fortalecer el mercado interno?

–Al principio fue muy difícil producir en las actuales condiciones, pero le buscamos la vuelta. Personal autorizado retira los materiales, se los acerca a lxs tejedorxs con las instrucciones precisas y después me alcanza el producto terminado. En este momento estamos trabajando en la puesta en marcha de nuestra tienda virtual; hasta ahora vendíamos por medio de la plataforma Colección Zero, y la idea es poder comercializar y asesorar directamente en nuestra web. Es un desafío acercarlos a la experiencia de la prenda, porque hay que transmitir la sensación de lo que es tocar la lana y hacérsela llegar al cliente de manera remota, trabajando otra cercanía con el público. El tejido tiene que quedar impecable, la idea no es que el cuerpo se adapte a la prenda sino hacer prendas para todos los cuerpos que quieran llevarlas. Eso también es Maydi.