El líder de Conociendo Rusia lleva la música en su ADN, y en tiempos de ritmos urbanos alza la bandera del nuevo rock argentino lo más alto posible. Con un Gran Rex postergado por la pandemia, el Ruso y los suyos presentaron su último disco con una gira inédita y exitosa alrededor del mundo por streaming.


Ni Fito Páez se quiso perder la última fecha del E-World Tour que flashearon los Conociendo Rusia para la presentación virtual de su último y gran trabajo, Cabildo y Juramento. A las 21 del pasado domingo, Mateo Sujatovich clavó polera y conjuntito de jean para cerrar la última fecha de un magical, mystery and digital tour que hacía pocos días había copado las notebooks y smartphones de españoles, franceses, alemanes y yanquis y ahora coronaba para casi toda Sudamérica y, claro, la Argentina.

Este show en realidad estaba pautado para el 4 de julio, pero con las últimas medidas del Gobierno, que obligaron a volver a la fase uno del confinamiento, la banda tuvo que agilizar las cosas y anticipar la juntada y los ensayos para salir sin problemas –y con permiso válido de circulación– la semana pasada. “Con todo este quilombo, sabíamos que no íbamos a poder tocar por un montón de tiempo, y lo primero que pensamos fue cómo carajo íbamos a hacer para seguir Por suerte, de a poco empezaron a aparecer los protocolos y las posibilidades. A esa altura, el tour ya estaba en nuestras cabezas”, soltó el Ruso.

Mateo, el Ruso, es hijo de Leo Sujatovich, tecladista de Spinetta Jade e historia viva del rock argentino. Tocó con PorSuiGieco, con Nito Mestre e integró Tantor, ese summum progresivo y experimental que contaba en sus filas con los ex Aquelarre Héctor Starc, Rodolfo García y Machi Rufino. De esa madera estuvo hecha la cuna de Mateo. “El rock, la canción, la guitarra, cantar, son parte del ADN, de mi sangre; de algo que ya no puedo cambiar, ni quiero.”

En tiempos en que los ritmos urbanos (el rap, el trap, el reggaetón) parecen ser el soundtrackde una nueva generación, Mateo desenfunda canciones variopintas en dos discos que sucumbieron los algoritmos de la web para refugiarse detrás de la bandera del nuevo rock argentino. El Ruso es su Belgrano, el prócer que la defiende con grandeza, talento y humildad.

Antes de este bardo viral, el segundo LP de Conociendo Rusia, Cabildo y Juramento (puesto 15 entre los mejores discos de 2019 según Rolling Stone), tenía fecha de presentación el 14 de mayo en el mítico Gran Rex, síntoma ineludible del gran momento de la banda pero sobre todo de un álbum muy bien recibido, que apunta directo al corazón emocional de los nostálgicos del rock argentino de los 80 con hits irresistibles, empapados de nuestro cancionero popular (Spinetta, Fito, Calamaro), letras con carácter en clave millennial y un sonido beat-pop con precisos arreglos de vientos a cargo de Leo Sujatovich y la producción de Nico Cotton, el secreto detrás de casi todas las nuevas bandas, algo así como el Quincy Jones del siglo XXI.

Con el Rex postergado, Mateo Sujatovich salió igual de gira con una formación más acotada (Guille Salort en batería, Fran Azorai en el teclado y Juan Gimenez Kuj en el bajo) y por streaming para mostrarle al mundo entero por qué Cabildo y Juramento es una esquina imposible de olvidar.

“Hay cosas que se eligen y otras que están dadas por sentado. Yo siento que a veces el rock, la canción, la guitarra, cantar, son parte del ADN, de mi sangre; de algo que ya no puedo cambiar, ni quiero.”

–¿Cómo surgió la idea del E-World Tour?

–Nació del ingenio y de las ganas de querer salir a tocar. Se nos ocurrió la idea hace un buen tiempo y estábamos esperando que aparecieran las posibilidades, el protocolo, etcétera. Así que apenas salió la resolución para que los músicos pudieran juntarse a ensayar, lo hicimos. Viajar es lo más lindo que te puede pasar: conocer a la gente, sus culturas, sus ciudades. Estar en movimiento es lo más lindo que tiene la profesión. El E-World Tour vendría a ser un poco eso: un placebo hasta que podamos volver a subir a los escenarios.

–Un debut en Europa para la banda un tanto extraño, ¿no?

–Sí, lógico, pero debut en fin. Pudimos viajar de un modo más romántico. Es lo que pudimos darle a la gente en este momento. “Contra todos los males de este mundo”, como decía Spinetta. Está bueno encontrar ese antídoto, eso que te entusiasme a seguir.

–¿Y cómo fue esa sensación de tocar para un público virtual?

–Fue una nueva sensación. Si bien ya lo venía haciendo por Instagram, este show fue especial porque fue con casi toda la banda, en el estudio y con otra repercusión. Trabajó un montón de gente para que lo pudiéramos hacer, así que fue muy lindo, más que nada por volver a unir al grupo para trabajar y hacer música, que es lo que en realidad nos gusta, y darle a la gente la mejor versión de la banda que se puede en este momento.

–¿Creés que con los shows por streaming durante la pandemia nace un nuevo formato?

–Todos los músicos al principio del confinamiento hicimos varios streams, en su mayoría gratis. Pero todo cambió cuando quisimos hacer algo con una producción similar a la de tocar en vivo. Los gastos fueron más altos, la cantidad de gente que participó fue otra, entonces, la calidad es muy superior. Acá se vio un show buenísimo, de puta madre, con la banda en un estudio, cámaras, escenografía. No era nada improvisado, por eso la necesidad de cobrar una entrada, barata, pero cobrar algo.

–¿Cuánto se extrañaba juntarse a tocar?

–¡Uff, muchísimo! Después de haber estado tres meses sin hacerlo fue lo más parecido a una primera vez. A veces, sin querer, uno necesita parar para revalorizar las cosas que tiene, aunque en este caso haya sido impuesto. Con este virus de mierda, todos extrañamos cosas que ya dábamos por sentadas.

–¿Qué te dejó la cuarentena a nivel personal?

–Pasé un poco por todas: estuve muy contento al principio porque mejoró mucho mi relación con la casa. Es un lugar donde no suelo estar mucho en tiempos normales, y habitarla tanto ahora me hizo conectar de forma muy profunda. Después, claro, me hinché los huevos y quería irme a donde fuera. Me sirvió también para componer y para convivir conmigo; disfrutar la soledad y mi propia compañía. Aprendí a no hacer nada sin que eso sea un bajón. Soy una persona muy productiva, me gusta mucho hacer y me cuesta mucho estar sentado en un sillón dejando que pasen las horas.

–Parece increíble, pero Cabildo y Juramento no tiene ni un año de vida aunque sí mucha agua bajo el puente. ¿En qué momento del ciclo de un disco sentís que está?

–Sí, no pasó tanto tiempo pero sí un montón de cosas, hasta la postergación de su presentación oficial. Es una pena enorme, pero nadie me quita la posibilidad de hacerlo cuando se pueda. Cabildo y Juramento es un disco que significa mucho para mí, después de haber sacado el primero, que anduvo muy bien y gustó mucho, hacer el segundo era algo impensado. Creo que fue mucho más difícil hacer un segundo disco que el primero, la verdad. Si bien el primero me costó veintiséis o veintisiete años, el desafío de hacer el segundo fue aún mayor. Mucha presión interna de demostrarme a mí que lo podía hacer de nuevo, sobre todo habiendo dejado la vara tan alta con el primer trabajo.

–¿Y el tercero va a costar todavía más?

–La verdad es que ahora no estoy pensando en un tercer disco. Hay temas, hay cosas dando vueltas, pero tranqui. Mirá, si no hubiera existido la cuarentena quizás estaría más metido en eso. Pero como se paró todo, también se detuvo el futuro. Estoy componiendo a full pero sin ponerlo en el cajón de un próximo álbum.

–¿Qué es el Club Atlético Sujatovich?

–Es el estudio de grabación super lindo que tiene mi viejo y que un día quiso compartirlo conmigo. Allí empezamos a trabajar juntos con proyectos de él, aprendí un montón y afianzamos mucho la relación padre e hijo. Yo ahora estoy un poco más alejado de esos laburos porque Conociendo Rusia me demanda casi todo el tiempo, pero fue una época espectacular.

–¿Te costó separar a tu viejo del artista consagrado?

–Son varios momentos distintos de la vida. A veces era más tipo “uy, mirá, este chabón es mi viejo, es un capo, un re artista”, y muchas otras “qué hinchapelotas mi viejo, me caga a pedos”. Es normal, a pesar del gran artista no deja de ser mi papá. Hoy en día somos muy compañeros, cada uno está en lo suyo pero nos compartimos mucho lo que hacemos. Somos muy confidentes y siempre estamos encima de lo que hace el otro. Muchas veces hago cosas que quiero que él escuche para que me diga qué le parece, para mí eso es re importante, imaginate.

–Pertenecés a una generación atravesada por los ritmos urbanos. Sin embargo, optaste por otro camino, uno más ligado a nuestra historia musical, a la del rock nacional, con mucha impronta en la canción, en las letras, en el valor de la composición. ¿Desde dónde nace esa decisión?

–Sí, re. Hay cosas que se eligen y otras que están dadas por sentado. Yo siento que a veces el rock, la canción, la guitarra, cantar, son parte del ADN, de mi sangre; de algo que ya no puedo cambiar, ni quiero. Mi camino artístico musical está muy atravesado por la guitarra. Me gusta mucho componer, cantar con la guitarra. Quizás otros géneros, como el rap o el trap, no son tan cantados, son emcees. A mí me gustan mucho las armonías y hacer melodías. Está todo bien con los otros géneros, pero no están tan dentro de mí.

“Después de haber estado tres meses sin tocar, fue lo más parecido a una primera vez. A veces uno necesita parar para revalorizar las cosas que tiene. Con este virus de mierda todos extrañamos cosas que ya dábamos por sentadas.”

–Varios artistas del palo del rock incursionaron ahora en el rap o en el trap. ¿Nunca te tentaste?

–Es que siento que son cosas tan distintas que ni siquiera tengo la posibilidad de tentarme. Por más que sea música, es otro idioma, y yo no hablo ese lenguaje. Tendría que volver a nacer para hacer algo de eso. Nací de esta manera y por un montón de factores elegí este camino. Si un día, no sé, algo dentro de mí me dice “che, necesitás hacer otra cosa”, como irme a vivir a otro país o cambiar de religión, lo haré. Pero por ahora me gusta bastante mi vida como para volver a nacer (risas).

–¿Pero te gustan?

–Claro, me encantan. Me gusta un montón el rap, el trap, bailar reggaetón. Pero aprendí la música tocando la guitarra, escuchando a Stevie Ray Vaughan. Obviamente, a nadie le gusta repetirse y uno siempre intenta cambiar dentro de un género. Por eso en mis discos hay de todo, desde una balada, un blues, algo más funky o un rock clásico. Siempre está bueno moverse y buscar cosas nuevas.

–¿Hacia dónde avanza la música?

–La música es muy grande, va para todos lados. Hay artistas nuevos en todos los géneros y nuevos géneros para viejos artistas. La música es preciosa y siempre hay algo hermoso que aparece para hacernos un poco más felices.

Agradecimientos: Jesica Kusnier