A fines de los noventa, las hermanas gemelas rosarinas significaron una marca registrada para el prime time de la televisión argentina. Hoy, con muchos éxitos en cartelera, sus nombres son sinónimos de la actuación, la dirección y el teatro independiente.


Con sólo 18 años, las hermanas María y Paula Marull llegaron a Buenos Aires desde Rosario con motivos distintos a los que el destino les impuso. El objetivo de estudiar se transformó rápidamente en una pasantía exitosa como noteras y modelos en los programas de la televisión argentina a fines de los noventa. Pero, años más tarde, la TV le fue cediendo espacio al teatro y hoy ya instalaron su apellido en el circuito independiente. Detrás de éxitos superpremiados y reconocidos, como La Pilarcita y Yo no duermo la siesta, las Marull (como muchas veces se las ha presentado) se lucen como dramaturgas, directoras y actrices, tanto en el under como en el circuito oficial y en la calle Corrientes. Ahora, con una obra en el Festival Internacional de Buenos Aires (FIBA), se preparan a lo grande y sueñan con un futuro proyecto en el Teatro San Martín.

–¿Siempre las llamaron como dupla artística para trabajar?

María Marull: –En las primeras épocas de televisión, sí. Ahora, nos llaman juntas, pero cada una también tiene sus cosas por separado… a decir verdad, tenemos pocas por separado, pero tenemos (risas).

–Siendo gemelas, ¿les pasa que completan la frase de la otra, se perciben a la distancia o se comunican telepáticamente?

Paula Marull: –Mucho. Pensá que el gemelo es una célula que se dividió en dos, entonces hay algo muy fuerte a nivel ancestral y espiritual. Por ahí la telepatía entendida como una conexión sí nos pasa, pero no es que a voluntad me concentro, le mando una frase a María y le llega… aunque por ahí deberíamos probar, quién te dice (risas).

M. M.: –Lo de completar la frase, muchas veces nos cuidamos de no hacerlo, porque si no parecemos muy raras. También creo que todo está acrecentado por el vínculo que tenemos, compartimos mucho tiempo juntas desde que nacimos hasta hoy. Entonces sí que hay una conexión especial, diferente al resto.

«En realidad, creo que siempre hemos tenido gustos y ópticas parecidas. Al estar tan cercanas todo el tiempo, es un devenir natural. Tenemos una búsqueda artística similar.»

–Cuando una dirige a la otra, ¿se consultan cosas artísticas de dirección o puntos de vista?

P. M.: –Constantemente. Nosotras, desde “¿te gusta este esmalte de uñas?” hasta “¿te parece que digamos que sí a tal propuesta?”, en todo ese abanico, nos consultamos todo lo que se te ocurra. Ni hablar desde que salió el WhatsAppy la posibilidad de mandar fotos. Si yo te mostrara lo que son los archivos te morís.

M. M.: –También tenemos puntos de vista bastante parecidos, de la vida, de todo en general. Ahora estamos escribiendo juntas en un Google Drive y yo a veces leo y no me acuerdo si tal cosa la escribió ella o yo. Pudo haber sido cualquiera.

–¿Qué están escribiendo juntas?

P. M.: –Nos convocaron para que escribiéramos una obra para el Teatro San Martín. La vamos a dirigir en conjunto y también vamos a actuar las dos. Eso surgió un poco por la necesidad del material. Hay un mismo personaje que se desdobla.

M. M.: –Estamos re entusiasmadas. La obra se llama El tiempo que no me di. Estrenamos en septiembre, en la sala Cunill Cabanellas. Nos gusta porque es chiquita, emula los teatros independientes en donde estamos acostumbradas a trabajar. También escribimos juntas La oportunidad, que es una obra que vamos a estrenar los miércoles de abril en el teatro de Javier Daulte, el Espacio Callejón, con un elenco divino.

«Nos convocaron para escribir una obra para el Teatro San Martín. La vamos a dirigir en conjunto y también vamos a actuar las dos. Eso surgió un poco por la necesidad del material. Hay un mismo personaje que se desdobla.»

–Tienen una visión parecida de los universos que tocan y un modo de contar similar. ¿Eso siempre fue así o lo adquirieron con el tiempo?

M. M.: –En realidad, creo que siempre hemos tenido gustos y ópticas parecidas. Al estar tan cercanas todo el tiempo, es un devenir natural. Tenemos una búsqueda artística similar.

P. M.: –También tenemos una formación parecida. ¿Viste que para el artista las escuelas de formación son medio como una religión? Las dos estudiamos en la EMAD, nos formamos con Mauricio Kartun y Javier Daulte. Eso también te va haciendo una afinidad estética en el camino.

–María, ¿cómo fue el salto a la calle Corrientes con tu espectáculo La Pilarcita, que estuvo cinco años en cartel en el teatro independiente?

M. M.: –Muy bien. En el equipo estamos contentos y la gente la está disfrutando mucho. Es un ciclo que reúne doce obras de teatro independiente, para hacer la temporada de verano en el teatro Metropolitan. Me parece lindo que un público que no está tan acostumbrado a ver obras del circuito off tenga la posibilidad de hacerlo.

–Paula, ¿cómo vivís la experiencia de que tu obra Yo no duermo la siesta tenga una versión en Uruguay y otra en Bahía Blanca?

P. M.: –Es una alegría enorme. Viajamos con María a ver la puesta de Uruguay y la verdad es que nos pareció hermosa, superdiferente a lo que habíamos hecho acá, y eso es muy interesante. Todo lo hicieron más grotesco, más estallado, como si te dijera más pop, pero respetaron a rajatabla el texto.

–¿Tienen alguna preferencia entre dramaturgia, dirección o actuación?

M. M.: –Me gustan todos los roles. Con la dirección me encanta ver cómo todo se puede mejorar y puede crecer. La actuación la disfruto, de hecho ahora voy a hacer una obra en el Cervantes que se llama Reinas abolladas, dirigida por Azul Lombardía; ahí sólo actúo y para mí es una especie de recreo eso. Pero siento que si no escribo se me va achicando el mundo, como que estoy muy en la tierra y me empieza a faltar aire. Cuando me vuelco a la escritura, siento que puedo ser menos exigente con la vida cotidiana, porque tengo un mundo paralelo donde dar rienda suelta.

P. M.: –Pienso lo mismo. Hay días en que todo es obligación, vacunar a las nenas, resolver los uniformes del colegio, trámites… y llega la noche y te ponés a escribir una escena linda y todo vale la pena. Tenés ese amor secreto que te espera en la computadora y te sentís invencible.