No todas las princesas viven en castillos. La actriz que marcó una generación vuelve a patear el tablero y toma la posta de la nueva apuesta de Netflix: The Crown.


Fogwill tuvo su muchacha punk en el memorable cuento (y libro homónimo), y nosotros, la nuestra. Pelo azabache, batido, desordenado. La mirada fija y oscura que cuestiona el sistema desde su rostro geométrico y filoso. Helena Bonham Carter se convirtió en actriz generacional e ícono pop cuando puso a arder la ciudad en El club de la pelea: el fin de siglo nos presentaba una nueva guerrilla antisistema y su capitana vestía de negro, tules y tacones.

Pero Helena había asomado mucho antes, cuando A Room With a View no era un hashtag instagramero asociado a hoteles boutique sino a esa película de James Ivory en la que irrumpió como heroína romántica. Incluso ya había sido nominada a los premios Oscar en el 98 por su interpretación de una heredera con mucha obsesión y muy pocos escrúpulos en Las alas de la paloma; perdió con Helen Hunt y hoy ni googleando nos acordamos. Después vinieron Tim Burton, El gran pez, El cadáver de la novia y la villana que atemorizó a les niñes de 2000: Bellatrix Lestrange, devota de Lord Voldemort, el que no debe ser nombrado.

Algo de magia hay en Helena Bonham Carter, porque puede ser madre e hija a la vez: en El discurso del rey consiguió su segunda nominación al Oscar interpretando a Elizabeth Bowes-Lyon, soberana consorte del tartamudo rey Jorge VI. Por estos días y en la misma línea real, encarna a la princesa Margarita, hija de ese matrimonio, en la esperadísima tercera temporada de The Crown, que se estrenó en Netflix el 17 de noviembre con un nuevo y fenomenal elenco encabezado por la última ganadora del Oscar a la mejor actriz, Olivia Colman, como la reina Isabel II; Tobias Menzies en la piel del príncipe Felipe, y Josh O’Connor interpretando al príncipe Carlos. Un trabajo por el que cualquiera mataría.

Pero Helena no es cualquiera, leé lo que le confesó a EPU: “Me llamaron de entrada, me tomé un largo tiempo para pensarlo… y todo el mundo estaba como loco porque creyó que iba a decir que sí automáticamente. La verdad es que mi reacción inicial fue reírme, me causaba gracia que se les hubiera ocurrido que pudiera ser la princesa Margarita, aunque me sentía muy honrada, pero mi agente y algunos viejos amigos decían: ‘¿Cómo la princesa? ¿Por qué no la reina?’. Yo les respondí: ‘No sean tontos, ¡es obvio que mi personaje es mucho más divertido!’.

Y, por supuesto, tiene razón. Margarita es la princesa que nunca será soberana pero también la que gracias a eso puede liberarse de varias ataduras. Su irreverencia, ácido humor y particular flair a la hora de elegir tanto amores como atuendos la convierten en el personaje más humano y colorido de The Crown. Aunque encarnar a alguien que ya fue interpretado por otra actriz en las temporadas anteriores (Vanessa Kirby) tiene sus riesgos. “Una vez que avancé con el material, pensé: ‘Uy, esto es potencialmente desastroso’, porque The Crown ha sido una serie tan exitosa y lo de Vanessa fue tan bueno que la vara estaba muy alta, podía decepcionarlos a todos. Así que pedí el guión. Peter Morgan (N. de la R.: Multipremiado guionista de la serie y pareja de la actriz Gillian Anderson, hablame de realeza) me dijo: ‘Bueno, Olivia no lo pidió’, y le contesté: ‘Ese es el punto, justamente, yo no soy ella. La rivalidad de hermanas empieza ya’.”

“Al final del día tenés una responsabilidad enorme: estás en una serie que el público sigue y disfruta, te pagan un montón por hacer tu trabajo y estás interpretando a una persona real que todos conocieron.”

Famosa por sus remates desprejuiciados y al borde de la incorrección, repitió hasta el hartazgo que para componer a la princesa Margarita recurrió a una medium. No se habla de otra cosa y me la imagino riéndose de tanta credulidad con aquella carcajada de Reina Roja en la Alicia de Tim Burton. Pero a nosotros nos cuenta la posta: “Investigué un montón para el papel porque realmente soy muy buena haciendo la tarea. Me gusta buscar, leer, escribir… Ojalá se me pegue algo de todo esto. Me encanta buscar. Porque al final del día tenés una responsabilidad enorme: estás en una serie que el público sigue y disfruta, te pagan un montón por hacer tu trabajo y estás interpretando a una persona real que todos conocieron. De hecho, hablé mucho con Vanessa Kirby y entendí que hubo una Margarita real y otra en la serie. ¿Sabés qué me hacía dudar? ¡Me veía muy alta para ser ella! Parece una pavada, pero no: alguien muy cercano comentó que su mayor complejo no era no ser reina, sino ser baja. Eso repercutió en su vida, se sentía pequeña, no tan relevante como la reina”.

Dicen que ella alguna vez también se sintió pequeña durante su relación con Kenneth Branagh. Él venía de un matrimonio con Emma Thompson y junto a Helena se convirtieron en la joven realeza de la actuación. “Mucho ego y pocas nueces”, comentaban las señoras mientras tomaban su five o’clock tea. En algún momento, ella pensó que estaba para algo más divertido (cualquier parecido con la ficción es pura coincidencia): “Esta temporada va desde el 64 al 78, son otros temas ¡y otras edades! El don de Margarita es ser tan multifacética, complicada, cambiante… son diez episodios que filmamos durante muchos meses pero gracias a su personalidad es imposible aburrirte del personaje. Es una etapa de su vida para revisitar, años en los que nada fue muy fácil. Su matrimonio se desmoronó y fue el inicio de una gran decepción para ella”.

Revisitemos entonces la diversión en sus primeros años como compañera y musa de Tim Burton, con el que comparte dos hijos e innumerables personajes, pero también el estrellato. Es imposible no leer ciertas aristas personales en su interpretación de lady Snowdon.

Freud, método Stanislavski y british mood: “Hablando de la serie, me parece que al principio la pareja funcionaba, ambos eran divertidos y brillantes, pero también personas muy expuestas y complejas. Creo que ella pensó que encontraba un lugar totalmente distinto al que le había dado ser parte de su familia. Ambos ansiaban seguridad, ser reconocidos, pero les costaba brindarle al otro lo que necesitaba. Personalmente, creo que la Margarita de The Crown nunca pudo reponerse de la terrible doble pérdida que sufrió: la de un padre que la adoraba y para el que era su alegría y la de una hermana, quien fue su mejor amiga, su cómplice, todo para ella… y la pierde como hermana porque se convierte en reina”.

Helena y Margarita también ostentan su reinado como fashion icons. Nosotros sabemos que ustedes recuerdan (y si no, está en YouTube) ese corto de Prada dirigido por Roman Polanski en el que una Bonham Carter arropada en pieles colgaba su abrigo, tiraba los zapatos y se entregaba al fetichismo de su analista, encarnado por Ben Kingsley. Margarita también vivió sin culpa ese universo de sensualidad pre-PETA: “Cuando Vanessa Kirby hizo el papel tuvo más suerte, le tocaron los años 50, que son tan estilosos. Los 60 no son tan favorecedores, igual me parece que con el tiempo Margarita se relajó más, porque cuando estás casada tenés que obedecer algunas reglas, como le pasa a la pobre Meghan Markle (se ríe) A Margarita estar casada la ponía en una especie de uniforme, había que obedecer las normas, ya no estaba a la pesca, ¡pero ella igual se divertía! La dificultad conmigo y con Olivia es que, básicamente, ninguna de nosotras tiene la menor idea de cómo caminar con tacos. ¡Ni te imaginás el alivio que fue enterarme de que ella tampoco sabía! Mi tapado de piel era todo, una especie de armadura, porque en la serie Margarita es una persona muy vulnerable que pone la ropa entre ella y el mundo. Usaba corsés como ropa interior, eran una especie de armadura para sus sentimientos”.

Vulnerables y queribles son hasta sus villanas, señorita Bonham Carter. En esa mirada hipnótica siempre puede traducirse la dualidad oculta de los sentimientos. Dicen que los grandes desencuentros esconden amores silenciados, y las relaciones fraternales no escapan a la regla: “Los amigos cuentan que las hermanas Isabel y Margarita se amaban profundamente. Yo me permito dudarlo. Creo que había una cierta distancia, en algún momento la cercanía no fue la suficiente y en la serie se ve. Hay una escena genial que a mí me encanta y que espero no corten, donde se ve cuán importantes son en el fondo la una para la otra. Antes de eso hay una rivalidad, una que creo es bastante realista, cierta ambivalencia que existe entre hermanas. Sobre todo teniendo en cuenta que una es reina, y la otra, una mujer a la que el matrimonio se le está desintegrando”.

Mi reino por ver ese duelo.

“Dicen que Isabel y Margarita se amaban profundamente. Yo me permito dudarlo. Creo que había una cierta distancia, en algún momento la cercanía no fue la suficiente y en la serie se ve. Hay una escena genial donde se ve cuán importantes son en el fondo la una para la otra.”