De gira por Europa, la rapera que obtuvo el Martín Fierro por la canción de apertura de El marginal 2 reafirma la idea de la música como instrumento de justicia política y social. Referente ineludible de la nueva generación, sus rimas ya son parte de la calle.


Foto: Marcos Roma

Las dimensiones que puede tomar una canción son un misterio. Cuando Sara Hebe decidió ponerse a componer, nunca se imaginó que iba a terminar convirtiéndose en una de las raperas más convocantes y aclamadas por la crítica. Pero antes de todo este presente, la cantante nacida en Trelew fue transitando varios frentes. Primero decidió partir a Buenos Aires para estudiar y tuvo un breve paso por la carrera de Abogacía; después estudió teatro e hizo danza, hasta que finalmente terminó por encontrar su destino en la música. Apasionada por el rap, adquirió sus primeras armas compositivas a través de ese género, con ritmos que sacaba de internet, y empezó a tallar su personalidad artística.

En la actualidad, convertida en una referente contestataria que denuncia casos de gatillo fácil y todo un abanico de injusticias que atraviesa la sociedad argentina, sigue girando por Europa (con localidades agotadas) con un repertorio, en sociedad con su beatmaker y productor Ramiro Jota, que consta de cuatro discos de estudio: La hija del loco (2009), Puentera (2012), Colectivo vacío (2015) y Politicalpari (2019). Este último, lanzado en abril de este año, repleto de rap, actitud punk y ritmos bailables que mezclan dancehall, cumbia y electrónica, tendrá su presentación oficial en el estadio Atenas de La Plata el 14 de septiembre, la excusa perfecta para que la artista patagónica detenga su marcha por las calles del Viejo Continente y se haga un hueco para contestar esta entrevista.

–Si bien es cierto que te movés por muchos géneros musicales, ¿se podría mencionar el rap como una escuela vital en tu trayectoria?

–Es con lo que empecé. Cuando arranqué, en 2007, sobre instrumentales de hip hop, venía escuchando mucho rap y tenía en la cabeza sólo hacer rap porque todavía no me había dado cuenta de que podía cantar. Si bien no soy cantante, podía indagar en otros estilos. El rap es la médula de lo que hacemos, y aunque hagamos unas canciones un poco más rockeras o cumbieras, siempre escribo con ese tipo de rima. Me gusta mucho el rap. Es la plataforma en la que me siento más cómoda para expresarme. La rima y el ritmo; es ritmo y poesía.

Foto: Jody Sumergido

–En otras notas diste a entender que, para vos, bailar es algo así como la mayor expresión de estar vivo. ¿Qué sentís cuando ves que tanta gente lo hace con tu música?

–Es una emoción y una alegría. Agradezco mucho cuando la gente baila y se mueve. Es lo mejor que puede pasar. Es muy difícil cuando hay un público que no baila tanto, pero también hay que entender que no todos los públicos son iguales. Algunos están atentos escuchando o mirando. Pero sí, bailar para mí es una expresión de vitalidad. Como cantar, escribir, pintar o hacer deporte. La vitalidad está en todo lo que hacemos. Pero bailar es lo máximo. Ahora me parece que hay mucha gente bailando. Creció mucho la danza y por ahí no se le da el reconocimiento que se merece. Sobre todo a las bailarinas y bailarines que trabajan mucho para eso.

–¿Es una conquista frente a tanta tristeza impuesta?

–Sí, claro. Es una conquista ante la tristeza con la que nos quieren ver. El poder funciona así: intenta afectarnos tristemente y así matar la potencia vital que todos tenemos y la cual tenemos que trabajar para mantener. Es un trabajo que tenemos que hacer frente a tanta imposición por parte de estos gobiernos. Bailar y todas estas expresiones de vitalidad que mencionaba antes son afectos alegres y nos mantienen en lucha.

Cuando se trabajan temas que abordan la denuncia social, la línea de caer en lo panfletario, por lo general, se vuelve muy delgada. ¿Cómo sorteás esa cuestión en tus canciones?

–Para mí es un aprendizaje cada vez que escribo una canción nueva. Intento no caer en lo panfletario. Creo que muchas de mis primeras canciones tienen cosas así, igual. Antes hacía un poco de teatro, hacía algunos talleres, y tuve una maestra muy buena que a veces me marcaba eso. Cuando escribía escenas de teatro me marcaba que eran panfletarias y me decía por qué me iba tanto para ahí. Eso me quedó grabado. Intento hablar de lo que me atraviesa y me conmueve. No busco la denuncia social ni acompañar luchas sociales, simplemente me sale de manera orgánica y es eso lo que me da ganas de escribir. Lo que pasa a mí alrededor, en la sociedad y en el mundo.

Foto: Jody Sumergido

–Si bien tu paso por Abogacía fue breve, para muchos tu música es una forma de hacer justicia. ¿Qué creés de eso?

–Me interesa mucho el mundo de las leyes porque creo que es muy real. Hay organizaciones muy importantes, como la Correpi (Coordinadora contra la Represión Policial e Institucional), que están siempre muy al alcance cuando hay detenidas y detenidos en las marchas o en las plazas, y siempre están ahí dando una mano. En ese sentido me parece que son muy necesarias las abogadas, abogados y abogades antifascistas. Yo ahora estoy en este mundo de la música, pero si hay alguien que piensa que escribir canciones es un acto de justicia… más bien diría justicia poética. Creo que la música acompaña las luchas sociales y sólo en un movimiento de unidad podemos hacer un movimiento social. Ni la música sola puede hacer justicia, ni las leyes, ni las abogadas, por eso tiene que haber una articulación de todos los movimientos para ser uno y ahí poder ver si nos acercamos a la justicia.

Politicalpari aparece en un año electoral y abre con un tema que, consciente o no, anuncia algo. En un pasaje de “Fck the Pwr” decís: “Como nunca nos fuimos, siempre vamos a volver”. ¿Hay una urgencia política ahí o sólo le quedaba bien a la canción?

–Me alegra mucho que hayas escuchado la canción o el disco. Es muy importante para mí, cuando me preguntan, que hayan escuchado las letras. Estoy de acuerdo con eso de la urgencia política, sobre todo porque fuck the power es fuck you al poder de los que siempre detentan el poder. Es bastante explícita la letra: contra todos estos viejos de mierda que están siempre en el poder. Ahora bien, eso de “nunca nos fuimos” viene de una canción de Flema y se me ocurrió ese jueguito un poco de lo punki y de lo político. Politicalpari es un juego de palabras. Una unión de dos palabras. La fiesta y la política unidas. Creo que este es un momento histórico donde hay un montón de fiestas con contenido político. Hay muchas fiestas que tienen textos detrás. Es mucho más que juntarnos a bailar en un club. Hay mujeres productoras de todo. Hay grupos de danza que después están en la calle. Eso es un poco la politicalpari. Y nunca nos fuimos, por eso vamos a volver. Y sí, claro. Este es un momento para acompañar el ingreso en la política de tantas chicas jóvenes. Por ejemplo, Ofelia Fernández (tiene 19 años y es precandidata a legisladora porteña por el Frente de Todos). Es un momento para unirnos un poco más y bancar a toda la gente joven que viene con mucha información arriba. Hay que acompañar esa entrada y esa vuelta. Nos tenemos que unir para no tener que lamentar un Bolsonaro en la Argentina.

“Bailar es una conquista frente a tanta tristeza impuesta. El poder funciona así: intenta afectarnos tristemente y así matar la potencia vital que todos tenemos y la cual tenemos que trabajar para mantener.”

Foto: Marcos Roma