Controversias, donaciones millonarias, evasión de impuestos, perfil bajo. El dueño de Zara resulta una incógnita para el mundo, aunque, claro, lo viste de norte a sur y de este a oeste desde hace 45 años.


Muchas ficciones han abordado historias de empresarios multimillonarios, algunas con personajes totalmente inventados y otras desde lo biográfico. En Billions, Bobby Axelrod juega al gato y el ratón con un fiscal de Nueva York mientras se compra una mansión en los Hamptons y usa su helicóptero para que sus hijos no lleguen tarde a un partido de béisbol. En Succession, Logan Roy, dueño de un conglomerado de medios, busca entre sus hijos a su sucesor en la empresa familiar y mueve los hilos mientras estos se sacan los ojos entre sí. Pero, claro, son escenas producto de la imaginación de un grupo de guionistas que dejan volar sus fantasías sobre cómo sería el día a día de un magnate. Distintos son los casos de la película All the Money in the World o la serie Trust, donde la vida de Jean Paul Getty dio material de sobra. El petrolero supo ser el hombre más rico del mundo, lo que trajo como consecuencia que secuestraran a su nieto y toda una serie de mitos y leyendas a su alrededor.

Con 83 años y una fortuna que asciende a los 55.499 millones de euros, la vida de Amancio Ortega Gaona daría argumento, como mínimo, para una adaptación cinematográfica. Según la revista Forbes, actualmente es el sexto hombre más rico del mundo y el retailer más adinerado de los cinco continentes gracias a los 400 millones de euros que obtiene al año en dividendos a través de su empresa Inditex. La compañía es dueña de casi ocho mil tiendas en todo el mundo, en las que emplea a unas 78 mil personas. Inditex cuenta con unos 174 mil trabajadores y no es otra cosa que el nombre formal de la sociedad propietaria de la marca Zara.

Fue a los 27 años que Ortega comenzó con el negocio que se convertiría en imperio. En 1963, en un modesto taller de La Coruña, realizaba vestidos y batas para las mujeres españolas. Nombró al espacio Confecciones GOA –sus iniciales de atrás hacia adelante– y hacia 1973 ya contaba con 500 personas trabajando para él. Dos años después, aparecería la primera tienda de la marca que hoy se encuentra en todos los shoppings.

Hijo de un ferroviario, la infancia de Ortega, junto con su madre Josefina y sus hermanos Antonio, Josefa y Pilar, tuvo como telón de fondo el paisaje de la pequeña localidad de Busdongo de Arbás (León), que supo tener casi 800 habitantes en sus mejores épocas. Luego, por el trabajo de su padre, designado jefe de estación, se mudó a Tolosa, una ciudad en la provincia de Guipúzcoa, en el País Vasco, que fue su hogar previo a instalarse en Galicia. No podría imaginarse a los 14 años, cuando comenzó a trabajar en una tienda de La Coruña, que apenas un poco más de una década después daría la puntada inicial de lo que se transformaría en una de las marcas de ropa más popular del planeta.

Tal vez por haberse criado en poblaciones pequeñas, donde la privacidad resulta casi utópica, es que Ortega se caracterizó siempre por ser un hombre de perfil bajo. No da entrevistas a medios gráficos ni audiovisuales y sus pocas presencias sociales en general tienen que ver con la menor de sus hijas, Marta. Ella es el fruto de su matrimonio con Flora Pérez Marcote, con quien hace 30 años está casado y comparte la preferencia por la poca notoriedad pública. Cuentan las revistas del corazón españolas que el empresario todavía mantenía su matrimonio con Rosalía Mera, con quien tuvo a sus hijos mayores, Sandra y Marcos, cuando conoció a Flora en su propia empresa. Según revela la biografía Rosalía Mera. El hilo suelto, fue Josefa Ortega Gaona la que intuyó que la relación de su hermano y Flora excedía lo laboral. Así fue cómo al primer divorcio le siguió el segundo casamiento.

Marta, su hija de 36 años, parece ser la debilidad del fundador de Zara. Mientras que con Sandra y Marcos –que padece una severa parálisis cerebral– la relación es más distante, la menor de sus hijos fue la que le organizó el festejo sorpresa por sus 80 años y por la que se dejó fotografiar en su fiesta de casamiento el año pasado. Es que la joven heredera del imperio contrajo segundas nupcias en noviembre con el empresario Carlos Torretta, hijo del diseñador argentino Roberto Torretta, que viste a la reina Letizia, y la fiesta quedará en los anales de los eventos sociales de España gracias, en parte, a que incluyó los números musicales de Chris Martin y Norah Jones. El árbol genealógico de Amancio Ortega Gaona es aun más extenso, y gran parte de él está involucrado en Inditex y otras inversiones del magnate.

Si no hay guionistas españoles trabajando en una serie sobre su vida será porque están muy ocupados pensando nuevas temporadas de La casa de papel para exprimir el fenómeno. Es cierto que, a diferencia de Jean Paul Getty, cuya leyenda dice que pagó por el rescate de su nieto recién cuando le enviaron su oreja por correo, el fundador de Zara tiene un perfil menos villano. De hecho, con frecuencia son noticia las donaciones que hace (y también las controversias que conllevan). En 2001 creó una fundación desde la que ayuda económicamente y de manera permanente a la salud española, destinada mucha de ella a equipamientos de alta complejidad a hospitales. Sin embargo, desde algunos partidos políticos esta filantropía es sospechada y puesta en tela de juicio. “La sanidad pública no puede aceptar donaciones de Amancio Ortega. Se debe financiar con impuestos. Los mismos que esquiva y elude Inditex, 600 millones en tres años”, escribió en su cuenta de Twitter Isabel Serra, portavoz de Podemos, aunque sin aportar pruebas de esto a la Justicia. En respuesta, la Asociación Española contra el Cáncer, receptora de muchas de esas donaciones, emitió un comunicado agradeciendo la ayuda, venga de la sociedad civil, de un particular o de una empresa. Hasta el cantante Miguel Bosé utilizó sus redes sociales para vociferar el apoyo a su filantropía. “Yo te apoyo y te agradezco. Gracias, Amancio Ortega”, decía el texto que acompañaba una foto del empresario.

Adorado y criticado, juzgado e idolatrado aun sin escuchar de él ni una palabra, Amancio Ortega Gaona tiene muy en claro al menos una cosa sobre el dinero: si puede comprar la felicidad o no, no se sabe; pero que puede comprar su ropa, es una certeza indiscutible.

Todavía sin director ni guionista, la historia de Ortega aún se sigue escribiendo.

Con 83 años y una fortuna que asciende a los 55.499 millones de euros, la vida de Amancio Ortega Gaona daría argumento, como mínimo, para una adaptación cinematográfica.