¿Te cuesta quedarte en un lugar por mucho tiempo? ¿El viaje es más un estilo de vida que un destino puntual? ¿Sentís deseos irrefrenables de viajar aun cuando ya volviste de tus vacaciones? Puede que si estás sintiendo alguno o todos estos síntomas no sufras más que de wanderlusting. No desesperes, no es grave y tiene solución.


Para aquellos que no saben la etimología de wanderlust, que se traduce como pasión o ansias por los viajes, refiere a wander, que es “vagar”, mientras que lust significa “pasión” (o más bien “lujuria“). Para las nuevas generaciones, esta palabra se ha vuelto muy representativa de un modo de vivir y proyectarse tanto o más que de viajar. En particular hoy cuando el turismo global ya es un commodity y la movilidad para gente de todas las edades a casi cualquier parte del mundo, una realidad. Si a esto le sumamos los cambios en los hábitos en torno al trabajo (teleworking, oficinas digitales, dispositivos móviles conectados 24/7) y la planificación de vida (familias postergadas y adolescencias prolongadas), el escenario moderno está servido para el perfecto viajero con wanderlust.

Si antes irte de viaje por un tiempo prolongado implicaba toda una movilización (con trabajos fijos, familias dependientes y hogares establecidos), para la generación Millennial, que se caracteriza por su flexibilidad en las relaciones y trabajos, esta idea ya no suena tan descabellada.

Todo es compatible en la dinámica del wanderlusting, donde trazar una línea entre el deber y el placer simplemente no aplica, y ambas cosas se pueden combinar y se retroalimentan.

Nuevos hábitos

La costumbre era terminar la carrera antes de irse a conocer el mundo, o bien, en algunos casos, posponer la elección de la misma y tomar el famoso y defenestrado gap year o año sabático. Sin embargo, hoy las dinámicas son más fluidas y se adaptan a cada uno. La integración del ocio y el trabajo hace que muchos jóvenes consoliden sus proyectos personales y laborales al tiempo que viajan, aprenden y se capacitan, conocen nuevas culturas y disfrutan. Todo es compatible en la dinámica del wanderlusting, donde trazar una línea entre el deber y el placer simplemente no aplica, y ambas cosas se pueden combinar y se retroalimentan.

Claro que no todos tienen un espíritu viajero. ¿Acaso hay un gen que permite que algunos sean más inquietos que otros? El doctor Michael Brein, uno de los primeros en especializarse en la psicología de viajes, ha recorrido medio mundo en busca de respuestas. Según Michael Brein, “la condición humana es compleja” y existen decenas de elementos sociales, culturales, biológicos y fisiológicos que juegan un papel importante.

Microturismo

La búsqueda por maximizar el tiempo (con una tendencia clara de acorte de las vacaciones) y los recursos económicos, han dado lugar en los últimos años a nueva modalidad: el microturismo. De este modo surge toda una revalorización del circuito de destinos cercanos a la provincia de Buenos Aires (Delta de Tigre, Baradero, Bragado, San Pedro, Suipacha) y puntos un poco más lejanos pero siempre accesibles con diversos atractivos locales como Tandil, Colón, Concordia, Traslasierra, etc. Las estadías suelen ser de tres o cuatro días en promedio.

Esta tendencia que ha llegado para quedarse se presta como la opción ideal para escapadas relámpago en estos momentos del año: cuando el clima es ideal y tenemos más ganas de estar al aire libre y en contacto con la naturaleza, pero también cuando estamos más agotados y en busca de un respiro.

Asimismo, con temor debido al posible impacto de un año de freno en la carrera profesional y frente a las restricciones económicas, el microgap también se impone como una nueva forma de viajar entre los millennials que quieren explorar el mundo pero en menor tiempo y con fondos limitados.

“El microgap se instala en los últimos años entre las generaciones más jóvenes de viajeros que priorizan las experiencias y viajar tanto como les sea posible sin atarse a los días de vacaciones que les dan en el trabajo. Hoy el 58% de los millennials quiere más flexibilidad para viajar y esto es posible porque ya no es necesario estar todo el día en una oficina: basta con una buena conexión a internet y una computadora portátil para programar el trabajo en función de los viajes”, menciona Fernando Bigio, Head of Country – Argentina de Selina, la cadena de hoteles para viajeros y nómades digitales.

El microgap puede incluir un viaje al interior del país, sea por los bosques de la Patagonia, la montaña en Mendoza o la gran ciudad de Buenos Aires. Esta nueva moda se articula con las modalidades de coworking para trabajar on the road y las nuevas maneras de viajar bolsillo friendly,desde alquileres temporales a plataformas como AirB&B y CoachSurfing.

Algunas ideas

En caso de estar planeando un viaje de a dos, algunos destinos están pensados especialmente para el relax en pareja. Buenos Aires, Córdoba, Mendoza y Santa Fe resultan ideales a la hora de disfrutar los días en estancias, chacras y clubes de campo hasta en termas y piscinas naturales. Para viajes de a uno o en grupo Bariloche y Neuquén son los grandes favoritos de los mochileros con ansias de wanderlust, tanto por sus paisajes como el turismo aventura y la noche.

Otra posibilidad son las escapadas foodie o el turismo gastronómico, es decir, itinerarios pensados con el objetivo de visitar sitios puntuales para conocer y degustar la gastronomía local. Mendoza con su circuito de vinos y bodegas, y el norte argentino (Salta, Jujuy y Tucumán) con sus delicias autóctonas, son dos destinos en alza en los últimos años.