Daniel Hendler: El elegido

Exitoso en la Argentina y Uruguay, viene de romperla en la tele con Graduados y estará en la segunda temporada de el hipnotizador. Damián Szifrón y Daniel Burman son algunos de los prestigiosos directores de cine que lo tienen entre sus favoritos. Una charla con el actor que siempre es el actor del momento.

Sus películas y programas de televisión se ven de este y del otro lado del charco. Lo eligieron directores como Damián Szifrón, Daniel Burman, Ariel Winograd y Ana Katz (su esposa) para trabajar en la pantalla grande. Rompió el rating con Graduados y estará en la segunda temporada de El hipnotizador, de HBO. Pero al momento de elegir hacer una serie para internet, Daniel Hendler se tomó el Buquebus y optó por indagar en la ley que regula el consumo de marihuana en Uruguay.

“Guía 19.172 surgió con una visita de Matías (Singer, su hermano y protagonista de la serie) en casa. Él estaba siguiendo cómo evolucionaba la promulgación de la ley. Como nunca lo había visto conectado con cuestiones legislativas, me pareció curioso”, confiesa el autor y director de la serie de la UN3. “En esa cruza entre el aspecto legislativo y el aspecto privado y fumeta que tenía esta cuestión, aparecía un tono interesante. A partir de ahí empecé a armar una estructura de capítulos que planteaban siempre una metáfora entre los pasos de la ley y los pasos del cultivo de una planta de marihuana. Los nueve capítulos juegan con esta analogía y es donde encuentra esta mezcla entre documental y ficción. Yo diría ‘comedia documental’.”

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–¿Por qué elegiste hacer una comedia documental y no un documental a secas?

–Creo que me parecía divertida esta cruza, abordar esto como documental me aburría. Me parece que muchos saben hacerlos muy bien y no sentía el impulso de aportar algo a ese abanico. Desde este lugar aparecía la posibilidad de poner un punto ficcional y de llevarlo, como lo hicimos, a un personaje más bien conservador y prejuicioso hacia la marihuana. Era novedoso para nosotros como punto de partida y un desafío para ver hacia dónde nos llevaba. Porque si uno se lo plantea desde su propio punto de vista, en general uno sabe adónde va a llegar, tiene una idea preconcebida. Pero si parte de una idea ajena, de un personaje, podemos jugar con ese personaje y ver hacia dónde nos lleva.

–Tenés encaminada una película, El candidato, a estrenarse en los próximos meses. Ahí también te sentaste en la silla de director. ¿Te está entusiasmando más ese rol que el de actor?

–En realidad, desde el inicio me interesaron las dos cosas y siempre una actividad pospone a la otra. En este caso, los proyectos de dirección pospusieron un poco algunos de actuación, y en otras épocas fue al revés porque por ahí estaba necesitando trabajar y viviendo de la actuación no podía rechazar algunas propuestas. Pero en este momento voy mezclando. En realidad estos últimos dos años hice un poco de las dos cosas, pero es verdad que la dirección me tuvo más tomado.

–¿Cómo es la cosa en casa, con una esposa que se dedica a lo mismo? ¿Se muestran los laburos o esperan a que estén terminados?

–Sí, nos mostramos todo. Salvo las partes íntimas (risas). Es más claro si uno piensa en dos psicoanalistas, que no es que llegan y se cuentan todo lo que hablaron los pacientes, porque es muy agotador. Uno puede pensar que los procesos son totalmente abiertos porque también es lindo ir transitando el proceso e ir mostrando y compartiendo. En ese alejamiento y cercanía, en ese juego de reencuentro con lo que el otro está haciendo, aparece una mirada, una devolución más interesante. Salvo cuando hacemos proyectos en conjunto, ahí es un proceso compartido. Tiene una parte difícil igual, sobre todo cuando yo la dirijo a ella. Porque ella conmigo es muy amable y me trata muy bien. Pero al parecer yo, tanto a mi hermano como a ella, los maltrato (risas). No, es chiste. Lo que sí pasa es que soy un poco más hincha pelotas de lo que es ella conmigo. Ella es un tipo de directora más de jugar con los elementos para que baje la magia, y yo soy alguien que cree que la magia se encuentra buscando en los detalles. Probablemente yo esté equivocado, pero buscamos cosas muy parecidas por caminos muy diferentes.

"Lloro por pavadas mirando películas y todo eso. A mí me ponés un momento de llorar y ya está."

–Muy lindo todo, ¿pero en qué punto resulta un garrón que tu mujer se dedique a lo mismo?

–En el punto en que uno a veces querría decirle: “Necesito concentrarme, hoy cociná vos”, y ella sabe que uno puede concentrarse cocinando (risas). Hay ciertas cosas en las que no nos podemos chamuyar. Pero en realidad a mí me parece que está bueno, no le encuentro muchas contras. Nuestros problemas pasan por otro lado (risas).

–¿Y logran apagar ese switch de actores/directores para sentarse en un sillón relajados y ver, supongamos, ¿Qué pasó ayer??

–Sí, sí. Por ahí lo que pasa es que yo para relajarme no necesito ver un entretenimiento así pochoclero. Salvo cuando estoy por rodar una película y quiero mirar algo puntual por alguna referencia. Ahí tal vez estoy nervioso y nada de lo que hago lo hago relajado, y si miro una película tampoco lo hago para relajarme. Pero si no, sí: lloro por pavadas mirando películas y todo eso. A mí me ponés un momento de llorar y ya está (risas).

–Hay dos puntos de inflexión en tu carrera que al público lo marcaron mucho: el personaje de la publicidad que te dio a conocer (“Walter de los 80”) y Graduados. ¿En algún momento te costó correrte de esos lugares?

–No, en realidad escapé rápidamente. Incluso cuando gané algún premio de cine y me llegaron ciertas propuestas, ahí también huí rápidamente. Me refiero a que cuando hice la publicidad dije “agarro lo primero de cine que me ofrezcan” porque me daba miedo quedar atrapado ahí. Lo mismo cuando hice tele, que me metí en una obra de teatro al año siguiente como refugio. Después uno fantasea que con esa popularidad que traés, a la obra va a ir un montón de gente, y el público no es así. El que te vio en Graduados te va a ir a ver al teatro si hacés Graduados. O por ahí te van a ver igual pero la fantasía de “yo manejo esto a mi conveniencia” en la práctica no es tan así. Con esa exposición y popularidad no podés hacer lo que quieras ni manipularla. Pero más o menos me he resguardado para no quedar atrapado donde no me gustaba y así pude disfrutar todas las experiencias. No reniego y además disfruto de haber podido salir bien parado de ahí sin volverme completamente loco.

–Si tu hija de 8 años viene y te pregunta qué estás haciendo ahora, ¿cómo le explicás Guía 19.172?

–Ya mis dos hijos dicen “la serie de la marihuana”. No saben mucho qué es la marihuana, igual. Yo no fumo mucho así que no me parece que tenga que ocultarles nada. Una vez creo que me preguntaron y les dije “es sobre una droga que se está regulando” o “están viendo cuándo se puede usar y cuándo no”, no me acuerdo bien. Pero me parece que no hay nada oculto ahí. Yo tengo un amigo que fuma con más asiduidad y no se oculta con sus hijos. Ellos saben que se fuma unas flores. Conozco familias que terminan de comer y prenden un porro, lo que pasa es que por ahí son porros más tranquilos, no tan psicoactivos, y es como tomarse un aperitivo, está muy aceptado, no hay tanta diferencia entre fumar una pitada de porro y tomar un limoncello bajativo. Y el porro también puede ser bajativo pero consumido con mucho criterio. Tampoco vas a fumar para ir a trabajar, como no te vas a tomar un vino mientras trabajás. Para mí no es lo ideal. También hay gente a la que le pega bien fumar para trabajar. De eso trata un poco la miniserie también; hay un estigma y empiezan a verse los hilos de ese estigma.

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