Autodidacta, emprendedor, trendsetter y buena onda, el creador de Gaucho Grill en Los Ángeles y gurú de la gastronomía en el mundo, regresa un verano más a José Ignacio para expandir su casa Suaya Condo Hotel. Ántes, nos cuenta cuáles son las claves de su éxito.

  

José Ignacio está en un momento difícil, ya no se sabe para dónde va a crecer. En ese contexto, yo quise hacer algo que realmente no hay: si una familia quiere ir a veranear a José Ignacio y no es multimillonaria, no lo puede hacer. Por eso hicimos Casa Suaya Condo Hotel, donde tenés tu casita de tres dormitorios con tres baños, dentro de Casa Suaya, con el servicio de piscina, la playa en frente, el restaurante, y sin el problema de pagar mantenimiento y jardinero. José Ignacio necesita cosas nuevas, no puede ser que sólo vaya la gente de mucha plata y los que no llegan se vayan para Rocha, y así todos los restaurantes terminan vacíos. Pero yo amo José Ignacio y le estoy dando algo que yo creo que el lugar necesita.” Quien habla es uno de los empresarios y desarrolladores de negocios más exitosos de la Argentina. Un hombre que comenzó con poco y nada, al que no le gustaba estudiar y con una ambición clara: ser actor y director de cine. De lo que habla es de uno de sus últimos emprendimientos, Casa Suaya Condo Hotel, ubicado en el rincón más codiciado de la costa uruguaya. Adolfo Suaya es hoy un hombre de mundo, un gurú de los emprendimientos gastronómicos y hoteleros –creó el famoso Gaucho Grill, entre otros hits– que vive en los Estados Unidos pero extraña Buenos Aires. Hace un par de años abrió el Hotel Clásico, ubicado en pleno Palermo Hollywood, y aunque tenga residencia en Los Ángeles regresa a su ciudad natal cada vez que puede.

 

  

–¿Cuál fue tu primer emprendimiento?

 –A los 21 años empecé a fabricar camperas de esquí, esas inflables, cortitas que se usan ahora. Eran una imitación de Penguin, y yo, como era medio loquito, las hacía de tres colores, como la bandera de Francia. Con eso me fue muy bien, lo hice durante dos temporadas y con la plata que gané me fui a vivir a Europa un año y medio, y cuando volví, con 23 años, me puse a estudiar actuación.

 A los 24 me pareció que la Argentina tenía muchos problemas, y yo sentía que después de haber viajado a Europa quería descubrir más cosas, entonces me fui a los Estados Unidos, y apenas llegué me abrieron las puertas, cosa que hoy no sucede. Y me puse a estudiar actuación y cine.

 

 –¿Cómo desembarcaste en la gastronomía?

 –En el transcurso de esos años me di cuenta de que no había dónde comer en Los Ángeles, así que con 24 años y sin tener ninguna experiencia en gastronomía y con 25 mil dólares en el bolsillo y algo más que pedí prestado, abrí una parrilla, el famoso Gaucho Grill.

 

 

–¿Qué consejos le darías a un emprendedor que recién comienza?

 –Si tenés una buena idea, yo siempre recomiendo que la lleves a cabo, pero siendo muy cauteloso y teniendo un plan B. Yo siempre tuve plan B, C y D. Cuando empecé a hacer los restaurantes, sabía que si me iba muy mal el plan B era vender el fondo de comercio, el plan C era quedarme con el local y mantenerlo como negocio inmobiliario. Hubo una época en los Estados Unidos en que era muy fácil acceder a propiedades, lo único que necesitabas era tener un préstamo, y yo los préstamos más o menos siempre los tenía. Conclusión: si tenés una idea y no te gusta estudiar, jugátela, porque las ideas salen bien.

 

 –¿Cómo se hace para que salgan bien?

 –Es necesario tener una idea que más o menos esté acorde a la economía y el momento del lugar. Cuando un país está en crisis es cuando mejores ideas salen. Las cosas cambian en los países con la economía, de ahí surgen ideas maravillosas, en la desesperación. Si en la Argentina todos hacen bifes de chorizo y la economía está genial y se llenan las parrillas, todo sigue igual. En cambio, si la economía va mal y no se llenan las parrillas, es necesario salir con algo nuevo, con hamburguesas gourmet, con restaurantes mexicanos o con tragos de autor, porque si no te pasan por encima.

  

 

–¿Por qué decidiste invertir aquí y ahora en este momento de la Argentina?

 –Yo siempre pienso que vengo de abajo, nunca siento que estoy totalmente hecho, y por alguna razón siempre le tengo miedo a todo y siempre estoy calculando un plan B. Cuando abrí el Hotel Clásico en la Argentina, en 2014, estaba todo mal, fue el peor año de la hotelería argentina, y yo justo estaba en plena obra. ¿Qué hice yo? Un hotel distinto, no con todo nuevo como se hace ahora sino con molduras antiguas, pisos de madera en flecha, paredes de hormigón… Algo diferente.

 

–Estás por abrir un bar en Los Ángeles. ¿Cómo evoluciona el mundo de la coctelería a nivel global?

–Los tragos tienen que volver a ser como los de antes. Creo que tenemos que parar la mano con los tragos de autor, porque para tomar un trago no podés esperar 15 minutos a que el barman lo haga con dedicación. Eso se está pasando de moda, porque en una fiesta, por ejemplo, lo que la gente quiere es tomar, no ponerse a esperar el raspberry y toda la decoración. La gente no aguanta más la presión diaria, entonces lo que quiere es salir, tomar, ponerse en buzz. Por eso, estoy haciendo un bar en Los Ángeles que tiene tragos clásicos, que son más rápidos y baratos. A esos tragos de 15 dólares que están de moda muchos chicos no los pueden pagar, ¡15 dólares un trago chiquito, es una locura! Por eso las cervecerías están tan de moda, ¡es la economía! 

 

–¿Cuál es la última tendencia gastronómica, si es que hay una?

–Francis Mallman es un genio, yo creo que hay que seguir un poquito lo que hace él. La simpleza es bárbara: ocupate de comprar la mejor materia prima que hay en el mundo, de ahí en más, dejala en paz. 

  


 

 

Agradecimientos: Hotel Clásico y Grupo Mass