A punto de cumplir 43 años, emocionada con el crecimiento de su hijo Benicio y lista para editar su primer libro, la mujer de boca grande y voz robusta está de regreso.

 

 

Llega con su enorme bolso negro, saca su agenda, deja el café con chocolate sobre la mesa de producción, en segundos cuenta cómo fue su despertar, que se quedó sin nafta en medio de una calle y tres minutos después pierde su castigado iPhone blanco entre las páginas desordenadas de los diarios del día. No es cualquier mujer, es Ernestina Pais. Y ella es así: fuerte, inquieta, impulsiva y puro entusiasmo cuando algo le pega directo en la cara. Así volvió a la radio, furiosa en su andar y con ganas de recuperar el terreno cedido.

 

 

Para Ernesta –como la llaman sus amigos– no hay grises en la vida: o es amor o es enojo, odio, “piel” o simplemente indiferencia. No puede –ni tampoco quiere– pasar inadvertida por la vida. Lo intentó, claro. En su peor momento anímico quiso borrarse de los medios y de los escándalos en la pantalla chica. Apenas sí pudo correrse para dedicarse a algo mayor: su búsqueda interna, esa que la puso frente a preguntas incómodas sobre la vida, su trabajo y otras tantas inquietudes humanas.

 

 

Todo pasó muy rápido. Fue, por decirlo de algún modo, una chica veloz en los medios. Su primer capricho: tener revista propia. Y lo logró junto a su viejo socio Juan Di Natale al fundar la versión argentina de Los Inrockuptibles. En la pantalla chica trabajó con su hermana, Federica, y después hizo la suya tanto en la TV como en el dial. Pasó por radio Mitre, Radio Uno, brilló los sábados en Rock & Pop y luego se quedó con las mañanas de Metro. Ernestina no durmió y también se convirtió en empresaria gastronómica por si la vida de famosa alguna vez fallaba. Mientras tanto, y después de pasar por Peor es nada y La Biblia y el calefón, le llegaba su gran momento en la TV cuando el mismo Jorge Guinzburg –quien tiempo después se convertiría en su gran amigo– le pidió que sea su coequiper en Mañanas informales, el primer magazine en un horario donde sólo había dibujos animados y series viejas. Más tarde se puso el traje de conductora en Caiga Quien Caiga, ocupando el pesado espacio que había dejado el eterno frontman de aquel programa, Mario Pergolini. Y ahí sonó la alarma para ella. Algo no estaba bien, algo hacía ruido. Ya sin radio, sin CQC y con alguna aparición pasajera en TV, Ernestina se bajó de todo. ¿Qué pasó? Ataques de pánico. Meses después de poner el freno de mano, Pais se animó a debutar en teatro en Villa Carlos Paz, Córdoba, bajo la dirección de José María Muscari. Fue su primera aparición pública y laboral luego de aquellos malos momentos. Y eso fue todo, nada de radio ni TV. Hoy conduce, junto a quien escribe estas líneas, Mundo paralelo, de lunes a viernes a las 10 en Blue 100.7 fm. Y no, no es una nota tan objetiva.

 

 

–¿Qué significa esta vuelta?

 

 

–La radio para mí es maravillosa, estoy muy feliz porque ya desde el año pasado, después de hacer teatro, sabía que estaba en condiciones de volver a trabajar. Con la obra –Familia de mujeres– pude probar que ya no me daba miedo la gente ni la prensa ni las peleas mediáticas. Después de la temporada de verano se cayó la gira que íbamos a hacer y en medio del proyecto del libro (N. de la R.: este año publicará un libro que trata sobre la historia de superación de un amigo) me puse a pensar en qué lugar me gustaría ocupar y pasó mucho tiempo hasta encontrarlo. Me daba cuenta de que no era un momento para estar en televisión, no por despreciar lo que se está haciendo sino porque no sé hacer eso mismo que pide hoy la tele; no puedo hacerlo.

 

 

–¿Qué se está haciendo hoy en la TV?

 

 

 

–Es una tele de menor costo que ocupa muchas horas en hablar de lo que le sucede a otras personas y a mí me gusta más generar contenido que refritar lo que otros hacen o lo que a otros les pasa (…)