Renata Schussheim: "Las ideas me cierran cuando mi mano es la prolongación de un lápiz, no de una tecla"
La artista y diseñadora que formó parte de la imaginería del rock nacional se define como una defensora de lo artesanal frente al vértigo digital y vuelve a sus orígenes con FULGOR, la muestra que reúne su obra inédita y será exhibida en Italia. En diálogo con EPU repasa los hitos de una carrera que continúa abriendo archivos y conquistando salas.
Italia se convierte en testigo de un hecho artístico histórico. La producción inédita de Renata Schussheim, una de las artistas fundamentales del arte argentino contemporáneo, marca un nuevo capítulo en la proyección internacional. La muestra FULGOR reúne nadadoras, criaturas ambiguas y paisajes nocturnos que nos sumergen en el imaginario de la creadora visual.
“Arranqué mi carrera dibujando solo en blanco y negro, y el color fue entrando tímidamente después. Con esta serie volví un poco a ese origen: salvo unos labios rojos o alguna gotita de sangre que se me escapa, me fascina el blanco y negro, la densidad de la oscuridad y ese centelleo de una luz misteriosa, como un aura iluminada, que para trabajar, sigue siendo mi preferido”, relata la referente de la escena artística nacional sobre su última obra exhibida en Venecia, que luego viajará a Roma. En diálogo con El Planeta Urbano, desmenuza el vínculo entre los distintos formatos artísticos, y repasa los hitos de su carrera.
–Tu nueva muestra FULGOR ya está colgada en Venecia y en los próximos días viajará a Roma. ¿Cuáles fueron los disparadores que dieron forma a esta obra?
–No es una obra que haya hecho especialmente para esta muestra. La tenía guardada y nunca la había mostrado, estaba esperando una ocasión porque sentía que tenía un hilo conductor. Es, como digo yo, cosa de Mandinga: cuando me invitaron a exponer en Venecia y Roma, dije: “Esta es la obra que tiene que ir”. Es inédita, nunca se vio acá en Argentina, y me parecía muy acuática, con mucho que ver primero con Venecia, después con Roma y con lo que yo sentía mientras la hacía.
–¿De qué manera te interpela ver que estas obras que tenías guardadas llegan a Europa, y qué va a pasar después? ¿Se van a poder ver en Argentina?
–La verdad es que no lo sé todavía. A Venecia no viajé porque no puedo dejar mi casa tanto tiempo, pero sí viajo a Roma para la inauguración del 17 de octubre en Contart Gallery. Justo coincide con el día de mi cumpleaños, así que me voy diez días a festejar allá con amigos que tengo repartidos por el mundo; va a ser una fiesta.

–Las piezas están conformadas por nadadoras y criaturas ambiguas. ¿Cómo se forjaron y surgieron estos seres en tu imaginario?
–Es una imagen que está en mis dibujos desde hace mucho tiempo y no sabría decirte bien por qué. Puede tener mil interpretaciones, pero las reiteraciones y las obsesiones a veces son muy misteriosas, no tienen una explicación racional o intelectual. Por otro lado, me gusta que quede así, en el misterio, tanto para mí como para que el espectador pueda proyectar y armar su propia película.
–En tu trayectoria transitaste múltiples formatos: papel, vestuario, escultura, escena. ¿Cómo dialogan entre sí todos estos lenguajes?
–En realidad no siempre es una decisión mía. En el vestuario suelo ser convocada para una obra puntual, un texto o un deseo concreto de alguien. En cambio, con el dibujo te sentás frente a la hoja y, aunque te propongas algo, muchas veces la obra se va para un lugar inesperado; no tenés tanto control. A veces me aparecen pantallazos o deseos repentinos: me imagino una pequeña escultura o una foto gigante de una situación, pero surgen como ráfagas.

–Hoy en día, ¿qué estímulos o inquietudes te mantienen activa como artista?
–Me mantiene activa lo que me estimula a mí y también lo que veo alrededor en el trabajo de los demás. Cuando voy a ver una exposición y algo me deslumbra, me dan unas ganas tremendas de ponerme a dibujar, y me parece hermoso cuando eso sucede a la inversa. Además, estoy muy metida en el universo de los libros. Acabo de publicar un libro de figurines de teatro con Ampersand y Eudeba. El contacto con la imprenta, el papel y el trabajo en equipo me tienen entusiasmada. Toda la vida hice libros de artista de ejemplar único, que implica agarrar un cuaderno en blanco para intervenir con una temática específica, y poder editarlos ahora es una alegría.
–Es muy interesante que, en un momento de tanta virtualidad, pongas el foco en lo tangible: el papel, la imprenta, la mano. ¿Cómo te llevás con el entorno digital?
–Reconozco que la tecnología facilita muchísimas cosas, pero también puede ser tremendamente esclavizante. Yo soy totalmente analógica, las ideas me cierran cuando mi mano es la prolongación de un lápiz, no de una tecla. Me gusta lo artesanal, lo hecho a mano. Con la inteligencia artificial hubo un gran deslumbramiento inicial, pero ya empieza a sentirse repetitiva; creo que los ciclos van a decantar nuevamente hacia lo manual. Pero va todo tan rápido: la información y la tecnología, que es muy vertiginosa para alguien de mi generación.

–En el diseño de vestuario, ¿cómo dialogan los cuerpos de los intérpretes con tu imaginario antes de llegar a la tela?
–Todo nace a partir del dibujo. Dibujando es cuando voy descubriendo qué quiero hacer y cómo va a funcionar arriba del escenario. Una cosa es diseñar un traje vistoso y otra muy distinta es lograr que el cuerpo que está dentro pueda respirar, moverse o bailar con libertad; eso es el oficio teatral.
–Muestras recientes como Fulguraciones o Al rojo vivo convocaron a una multitud de jóvenes. ¿Por qué creés que tu imaginería conecta de manera tan directa con las nuevas generaciones?
–En la Bienal de Arte Joven hice una sirena a escala real que era yo misma, y gracias a mi curadora, Romina Del Prete, conocí a Mario Astutti, un ingeniero que trabaja en 3D. Esa posibilidad de escaneo y reproducción exacta me pareció mágica. Después lo usamos en el Centro Cultural Borges para suspender unas nadadoras en la cúpula que parecían flotar en el espacio real.

Por otro lado, mi vínculo histórico con la música y el rock siempre me mantuvo cerca del público joven. Y es conmovedor ver el efecto: dos de las artistas que exponían conmigo en la Bienal me contaron que eligieron su carrera tras ver una muestra mía en 2006, cuando eran chicas. Saber que lo que hacés despierta la vocación en otros es de lo más gratificante que hay.
–Con un universo tan consolidado en la plástica y las artes escénicas, ¿sentís que te queda algún territorio por explorar?
–La experimentación con 3D es bastante reciente, y ahora estuve probando animar algunos de mis dibujos para darles un leve movimiento. Siempre me atrajo el cine, pero el rodaje de ficción es un trabajo muy esclavo y desgastante, así que lo disfruto más como espectadora. Quizás el formato documental o la animación sean caminos donde me gustaría seguir investigando, siempre rodeada de un buen equipo.

–Estás trabajando en la recuperación de tu archivo personal. ¿En qué consiste ese proyecto?
–Ganamos un subsidio de mecenazgo gracias a un proyecto que impulsó Mora Caravaggio. Estoy en pleno proceso de abrir cajas, rescatar negativos, dibujos y material de toda mi vida. Es una tarea lenta y minuciosa porque involucra restauración, limpieza y conservación libre de hongos o ácidos. Como soy bastante ansiosa me cuesta el ritmo pausado que exige el archivo, pero me entusiasma la idea de terminarlo para volcarlo en un libro o en una gran muestra con todo ese material inédito.
***El 8 de octubre, Renata Schussheim recibirá la máxima distinción que otorga una casa de estudio: será reconocida con el título Doctor Honoris Causa de la Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo (FADU) de la UBA.
***Del del 8 al 13 de diciembre la artista presentará FESTUM, una propuesta temporal que desembarcará en Colección Rivarola – El Local.
Créditos imagenes: Guido Limardo

