El mundo ilustrado de Villy Villian: "Dibujar para Suicidal Tendencies fue un antes y un después en mi carrera"

Nació en Balcarce, eligió Mar del Plata y convirtió los lápices en una forma de mirar el mundo. Entre el punk, el skate, el rock y el fútbol, construyó un lenguaje propio que la llevó a ilustrar para bandas como Pearl Jam, Iggy Pop y Suicidal Tendencies.

Por Pablo Seoane

Villy Villian nació y al poco tiempo empezó a jugar con los lápices y nunca más se pudo separar de ellos. Una peculiar y prematura relación que puede explicar tanto su personalidad como la de sus ilustraciones: ambas distintivas. Si bien su estilo fluye con comodidad entre la estética skater, rockera y punk, llegó también al mainstream del fútbol. De hecho, trabajó tanto para dibujar pósters de giras de Iggy Pop y Pearl Jam, como para camisetas de Kaká y la empresa que proveyó de indumentaria a la selección campeona de México 86.

En el mismo sentido, en sus redes muestra sus creaciones libres que tienen conexión con el anarquismo y el feminismo; su concepción del arte como un hecho para compartir y socializar y sus trabajos para una marca de skate y surf.  

–Dibujaste para Bad Religion, Suicidal Tendencies, Pearl Jam e Iggy Pop. ¿Cómo comienza ese derrotero de trabajos con el rock?

–En realidad, la primera banda que me abrió la puerta a todo ese mundillo fue Suicidal Tendencies. Yo venía trabajando con algunas locales como A.N.I.M.A.L. o Mala Fama, por citar algunas reconocidas, pero dibujar con Suicidal fue un antes y un después porque me abrió la puerta para trabajar con todos los artistas que vinieron luego. Un grupo de ese calibre te coloca como en una especie de podio del ilustrador. Y una vez que entras en ese universo, se torna más fácil que aparezcan otras oportunidades.

¿Cuáles de esas convocatorias recordás como la que más te impactó?

–Cuando me enteré de Pearl Jam fue una locura. Recuerdo que fue en ese limbo que se produce entre Navidad y Año Nuevo que una está desconectada de todo. Me llegó un mail de la productora con la que la banda terceriza sus trabajos de imagen y me preguntaron si quería ilustrar la gráfica de la gira de la banda en España. Así de la nada misma, un domingo de 2023. Me abrió muchas puertas de golpe y la pregunta que rebotaba en mi cabeza era: “¿Cómo hago para sobrellevar todo esto que me está pasando?”. Era lo que anhelaba desde toda la vida, pero se me vino toda una avalancha de cosas que hicieron que en un momento casi colapse. Hay que saber manejarlo.

–¿En qué momento empezás a sentirte atraída por las artes plásticas?

–Empecé a dibujar como cualquier pequeña, pero con la diferencia de que yo no corté nunca la actividad (se ríe). En mi casa, estaba todo el día con los lápices y no tengo a nadie en mi familia relacionado al arte, de ninguna rama, pero sí siempre me estimularon mucho para desarrollarme. Me dieron todos los medios, pero por suerte no me mandaron a aprender a dibujar.

¿Por qué decís por suerte?

–Porque creo que eso me permitió investigar por mí misma y encontrar mi estilo de una forma mucho más rápida. Creo que si me metía con el estudio convencional, hubiera estado condicionada por lo que se debe hacer, o lo correcto, en términos de técnica y demás. Todos esos años de no parar de dibujar fui incorporando y probando cosas hasta profesionalizarlo. De hecho, experimenté con materiales, estilos, de todo, hasta encontrar más o menos mi identidad. Mi escuela era el comedor de casa, mientras miraba la tele y copiaba los dibujos de Dragon Ball y otros tipos de series del momento. Después estudié de grande, pero diseño gráfico.

En algunas notas te definís como una chica punk, ¿es correcto?

–En parte sí y en parte no. Me interesa mucho el movimiento en sí: me gusta su música, su moda, toda su cultura siempre me atrajo muchísimo, aunque no coincido al cien por ciento. Por ejemplo, me gusta su estética, pero siento que uno puede expresarla de un montón de maneras diferentes. Y en el terreno ideológico, lo mismo. Siento que también hay que ubicar las cosas en su contexto y el movimiento nació en un momento en el que ameritaba ser radical.

Yo no creo que no haya futuro, lo que sí creo es que el punk propone romper con muchas estructuras para que haya un horizonte. Y quebrar lo establecido no es agradable, en eso sí coincido. Así como mi arte se nutre de un montón de elementos diferentes, mi identidad también y una de ellas es el punk. De hecho, me interesan también muchos aspectos del hip-hop, del metal… todo es parte de mí.

–El fútbol es un capítulo aparte en tu vida ¿Cómo llega a vos esa pasión que luego tiene lugar en tu trabajo?

–En mi casa eran muy hinchas de River: había pósters del club, fotos, pero yo no sabía ni siquiera quién era Enzo Francescoli o el Burrito Ortega, a quienes ahora amo. Me copé un poco más de grande. También es cierto que me empezó a gustar cada vez más por su estética, encontré un mundo visual súper interesante allí. Creo que el deporte es atractivo en general, pero este tiene como una cuestión relacionada con el diseño que es completamente distinta a cualquier otra disciplina. Y hay otro aspecto del fútbol que me encanta, que es la cuestión cultural: la juntada, la cancha, la gente. Como que todo ese folclore tiene su correlato ideológico, aparece esta cosa del barrio y el sentido de pertenencia.

–¿Y lo de Kaká cómo fue?

–Había trabajado con una empresa que organizó ese partido amistoso donde se enfrentaron el legendario futbolista brasileño, Kaká, y Ronaldinho. Resulta que para ellos ya había hecho un trabajo de ilustración para otro diseñador de indumentaria, cosas mínimas. Y se dio que él se iba de vacaciones cuando tenía que hacer las camisetas para ese partido y le faltaba todo el diseño para el equipo de Kaká. Fue un encuentro de leyendas, muy común en Estados Unidos, y me preguntaron si me animaba a hacerlo y respondí: “¡Obviamente!”. Si lo pensás, en un punto, se dio todo de manera un tanto absurda, pero se dio: como Suicidal fue el puntapié en el rock, Kaká lo fue en el fútbol.

–¿Cuáles fueron tus sensaciones al participar de la propuesta de Le Coq Sportif para ilustrar la remera que usaron los campeones del mundo en México 1986?

–Fue una muy linda experiencia. Yo no vivía en el 86, nací al año siguiente, pero entiendo lo que representó como descarga emocional en ese momento. La marca quiso hacer una acción con cuatro artistas para contar la historia del Mundial desde una perspectiva distinta a la inherente al deporte. Entonces pensaron en artistas que estuvieran relacionados al fútbol de alguna manera y al mismo tiempo tengan otro tipo de perfil.

Screenshot

Mi idea fue presentar a la gente, lo que sintió en ese momento con todo lo que significó. No fue fácil porque teníamos algunas limitaciones por una cuestión legal. No podíamos ilustrar a Maradona, por ejemplo, entonces hubo que pensar en la idea de aquel evento desde otra mirada y logramos encontrar otras perspectivas.

–¿Se complicó el trabajo de los ilustradores con el crecimiento de la inteligencia artificial?

–Uy, qué tema. Creo que bajó mucho el trabajo por su uso. En principio, los diseñadores siempre buscamos diferenciarnos y esto va más allá del estilo. Porque hay tantos, que una tiene que destacarse no solo por su impronta. Es decir, tiene que buscar otras características como, por ejemplo, ser eficiente, expeditiva, responsable; rasgos que no tienen que ver necesariamente con el arte. Entonces yo tengo una característica que me enorgullece mucho, que es la velocidad para resolver, además de mi onda en la ilustración. El tema ahora es: ¿cómo podés competir con una herramienta que te da un resultado instantáneo?

Después, en general, es muy difícil interpretar exactamente lo que un cliente quiere, mientras que con la IA la persona pone el texto en el ChatGPT y le genera algo muy similar a lo que pensó. Igual creo que hay mucha gente que aún valora lo humano, porque lo que tiene la IA justamente es eso: te puede generar algo bueno, pero totalmente vacío. Como una herramienta complementaria no está mal, el problema es cuando reemplazás el trabajo de otra persona.

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