Día del Peluquero: Max Jara, el arte de transformar identidades
El creador de Jara Taller de Pelo reflexiona sobre la evolución del oficio, el impacto de las tendencias globales, el cuidado capilar y por qué el pelo construye identidad.
En el marco del Día del Peluquero, que se celebra todos los 25 de agosto, la conversación con Max Jara no pasa únicamente por tijeras o fórmulas de color; pasa por la sensibilidad. Con el respaldo reciente de haber ganado el Martín Fierro de la Moda —un hito que celebra el valor artístico de una disciplina históricamente encasillada como mero servicio—, el creador de Jara Taller de Pelo reflexiona sobre un oficio que aprendió desde abajo, lavando cabezas, y que hoy lo posiciona como un referente indiscutido de la estética contemporánea.

"Para mí tiene un significado enorme, porque durante muchos años la peluquería fue entendida solamente como un oficio de servicio y hoy ocupa el lugar artístico que siempre mereció. El pelo construye una imagen, cuenta una historia y muchas veces termina de definir un look tanto como la ropa o el maquillaje. Haber recibido un Martín Fierro de la Moda fue muy emocionante, pero también lo sentí como un reconocimiento a nuestra profesión, a todos los que nos formamos, trabajamos detrás de escena y dedicamos nuestra vida a esto. Yo empecé desde muy chico, lavando cabezas y haciendo tareas de asistente, así que vivir este momento me conecta muchísimo con todo ese recorrido", explica Jara al dimensionar este presente.
Su metodología escapa al molde preestablecido. "Mi manera de hacer pelo empieza mucho antes de tocar el cabello: empieza escuchando y observando. Me interesa entender quién tengo enfrente, cómo vive, qué quiere transmitir y también qué no quiere perder de sí misma. Después aparece la técnica, el color, el corte, la textura. No busco imponer un estilo ni que todas las personas salgan iguales; busco potenciar una identidad. Para mí el mejor resultado es cuando alguien se mira al espejo, se reconoce, pero se siente en una versión más segura y más linda de sí misma", asegura.

En esa intimidad del salón, el vínculo humano cobra protagonismo. "Aprendí que el pelo tiene muchísimo de identidad y también de emoción. Puede representar seguridad, pertenencia, rebeldía, sensualidad, una etapa de vida o incluso un cambio que una persona todavía no puede expresar con palabras. Trabajando con personas muy diferentes entendí también que no importa qué tan conocida sea alguien: cuando se sienta frente al espejo aparecen inseguridades, deseos y necesidades muy humanas. Por eso nuestro trabajo requiere sensibilidad. No trabajamos solamente con cabello; trabajamos con la percepción que alguien tiene de sí mismo", reflexiona.
Criterio profesional, salud capilar y el poder de transformar
Frente al impacto de las redes sociales y la inmediatez global de referencias de París, Copenhague o Nueva York, Jara destaca el criterio del profesional como filtro: "Las redes inspiran, pero después aparece el peluquero para interpretar esa referencia y adaptarla a un rostro, un tono de piel, una textura de cabello y una vida real. Ahí sigue estando el verdadero valor profesional". Una mirada que se traslada de lleno al cuidado de la fibra: "Para mí salud y estética ya no deberían pensarse por separado. Un color espectacular que compromete completamente la calidad del cabello no es un buen trabajo. El desafío actual es conseguir resultados increíbles preservando la fibra y pensando también en cómo va a evolucionar ese pelo después de que la persona salga del salón".

A la hora de definir su oficio en una sola palabra, elige transformar. "Porque nuestro trabajo transforma una imagen, pero muchas veces también transforma cómo alguien se siente. Y al mismo tiempo esta profesión me transformó completamente a mí. Me permitió salir de Misiones siendo muy joven, conocer lugares que jamás había imaginado, trabajar con personas increíbles, crear mi propio espacio y seguir aprendiendo todos los días. Después de tantos años sigo sintiendo lo mismo cuando alguien se mira al espejo y sonríe: ahí entiendo nuevamente por qué elegí ser peluquero".

