A 30 años de "Caramelito en Barra": "A mí y a Martín, ese disco nos cambió la vida"

Treinta años después de firmar aquel primer contrato con Sony Music, Cecilia “Caramelito” Carrizo estrenó sus canciones en las plataformas digitales. El reencuentro no es solo con un público que creció escuchándola y con otro que la está descubriendo por primera vez, sino también con Martín Carrizo, su hermano, el músico, productor y compañero de ruta desde los inicios más artesanales hasta los más profesionales. Hoy la acompaña desde otro plano. En una charla exclusiva con El Planeta Urbano, Cecilia comparte su alegría por esta nueva etapa que recién inicia.

–Pasaron treinta años y se relanzaron las canciones de “Caramelito en barra” en digital. ¿Cómo estás con todo este revival?

–Muy feliz, muy sorprendida, no lo puedo creer. Pasaron muchos años desde que empezó toda esta era digital, en la que todos estamos acostumbrados a poner play en el celular y escuchar lo que uno quiere, salvo mis canciones que todavía no estaban. Durante mucho tiempo el foco de mi vida personal, familiar, estaba totalmente en otro lado y la verdad es que no pensaba ocuparme de esto, y resulta que es una alegría total.

En diciembre del año 96, firmé mi primer contrato con Sony y, justo ahora en 2026, se cumplen treinta años de ese momento que me cambió la vida para siempre. Cambió en muchos aspectos también la vida de Martín (N. de la R.: Martín Carrizo, músico e ingeniero de sonido, hermano de la actriz y cantante), porque ahí caminamos juntos un recorrido artístico y profesional único en los discos. Hoy, “Caramelito en Barra”, es el primero disponible en plataformas digitales.

–Nombraste a Martín, juntos compusieron letra y música en ese período, ¿Cómo era la dinámica de trabajo entre ustedes?

–Esos primeros momentos fueron muy artesanales y de una valentía absoluta: de tirarnos los dos de la mano, juntos al precipicio. Literal, así fue nuestra vida. Desde muy chiquitos, pasábamos el día entero juntos, hasta que en el año ‘96 él era baterista, ya tenía un recorrido hermoso en lo musical y siempre fue un apasionado del audio, del sonido. Y él sabía que yo escribía, que me fascinaba. Cuando se entera de que iba a firmar con Sony, que ya había contratado un productor y un compositor –Eduardo Frigerio–, que es maravilloso, me dice: “Pero Cecilia, vos escribís tus canciones.”.

Entonces ahí le golpeé la puerta al vicepresidente de la compañía y le pregunté si podíamos traer nuestros propios temas. Fuimos con un cassette con la música grabada y con la letra escrita en un cuaderno, y se las canté ahí mismo. Él nos dijo que le gustaban mucho y que tenía que producirlas Martín. A partir de ahí, nació todo, aunque él todavía no tenía estudio de grabación; tenía un espacio en la casa de su novia, donde me envolvía con una frazada para aislar y acustizar y grababamos ahí, por eso te decía que era todo muy artesanal (se ríe).

–Y de ese primer disco grabado con una frazada, ¿cómo siguió la historia?

–Esos materiales se convirtieron después en disco de oro, de platino, fue impresionante cómo se vendieron. A los dos nos importaba de verdad el camino artístico y profesional; no queríamos hacer cualquier cosa. La vida nos cambió para siempre, en todo sentido. Nosotros no teníamos nada, económicamente fue un alivio y él invirtió todo en comprar equipos y empezó a armar su estudio. A partir de ahí, él fue siempre mi productor. Me acuerdo que me decía: “Cuando vos le ponés letra a las canciones, sucede la magia.” A nivel profesional, llegó a lugares que eran soñados para él, después empezó a producir bandas independientes, y finalmente terminó siendo, como todos saben, el productor del Indio. Grabó todos sus discos solistas, desde “Porco Rex” hasta que él falleció.

 –Las canciones que hicieron juntos, tienen una impronta y una calidad sonora increíbles. ¿Ustedes sabían que iban a durar tantos años, generación tras generación? ¿Lo pensaban así?

–No, no lo pensábamos, ese power era del momento. Cuanto más real y verdadero sos en lo que estás haciendo, más fuerza va a tener. Me acuerdo que eran las cinco de la mañana y me decía “grabala otra vez, porque te va a salir mejor.” Y esa meticulosidad, ese amor por lo que hacía, se ve reflejado en el resultado. Siempre existió una creencia de que quien trabajaba en materiales infantiles hacía algo liviano, no tan comprometido.

Martín abría treinta y seis canales de la consola para hacer un tema mío, para que quedara perfecto –mientras lo podía hacer tranquilamente con cuatro–. Y después se pasaba horas mezclando y masterizando. Lo mismo me pasaba a mí con las letras: cuidaba mucho lo que decía, la no repetición, siempre le daba una vuelta más, le ponía el alma. Después, cuando conversábamos el orden de los temas, le encontrábamos una coherencia en lo que queríamos transmitir. Todo lo hacíamos a fondo. Hoy siento que aquello tan genuino y tan profesional de esos momentos, no pierde la vigencia ni la potencia.

–La forma de escuchar música cambió de ese tiempo a ahora, ¿Cómo te imaginás que estas canciones van a acompañar el día a día de tu público que ya es adulto, y de las nuevas audiencias que se van a ir sumando?

–Creo que hay algo que sucede con la música y es que trasciende la sonoridad en sí, y tiene que ver justamente con qué artista estaba detrás haciendo eso. Más allá del género, del ritmo, hay un algo ahí, tan genuino, que por más que hoy, en esta era en la que los niños y niñas tienen millones de canciones al alcance de un dedito, con tanta información dando vueltas, creo que lo preponderante tiene que ver con la conexión del alma. Ahí está la diferencia. Entonces, por más que los ritmos hayan cambiado y los géneros hayan llevado la música hacia otros lugares, hay algo de esa ingenuidad auténtica que se vuelve a sentir.

–¿Hay alguna canción de ese entonces que hoy te resuene de otra manera o que resignifique algo puntualmente?

–Muchas se resignifican, justamente por no tener ya físicamente a Martín con nosotros, y saber lo que significaban las canciones para él, para mí, para todos nuestros chiquititos y chiquititas. Es hermoso que vuelva a sonar esa música y se expanda por el universo ese sonido de unidad y de amor... Hay canciones que hablan de que nuestro amor es el más fuerte, que nada nos separa, que siempre juntos vamos a estar. Todo eso cobra un nuevo sentido en nuestra relación más íntima, y se proyecta a lo que fue él en los escenarios, tocando para cientos de miles de personas con el Indio, y a esos corazones que latieron también cuando yo me subí a los escenarios a cantarlas, logrando una unión poderosa con quien las escucha.

–¿Existe la posibilidad de que te volvamos a ver en los escenarios cantando estos temas?

–Puede ser (se ríe) Todavía no está planeado, porque es cierto lo que te digo de que voy a fondo al momento real en el presente. Pero sería muy lindo.

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