Un recorrido por Fundación Andreani, el espacio cultural que revitaliza La Boca
En pleno corazón de La Boca funciona Fundación Andreani, una organización dedicada al apoyo y la difusión de artistas contemporáneos. Su sede abrió sus puertas en 2020 y rápidamente se consolidó como un nuevo punto de referencia dentro del circuito artístico de Buenos Aires.
El edificio fue concebido por el arquitecto Clorindo Testa en 2009. Diseñado bajo su impronta característica, el proyecto preserva la identidad del barrio mediante el uso de materiales, colores y espacios que dialogan con el paisaje urbano de La Boca. “Este edificio, que mantiene su fachada original, es una obra póstuma de Testa. Su visión, que luego llevó adelante su estudio, tomó el espíritu de La Boca como punto de partida”, explicó Mercedes Urquiza, coordinadora de Comunicación de la fundación.


La visita es gratuita y permite recorrer tres niveles expositivos donde se presentan obras de artistas contemporáneos, además de un cuarto piso con una terraza-mirador desde la que se observan el Riachuelo, la Vuelta de Rocha y el histórico Puente Transbordador Nicolás Avellaneda. La programación también incluye ciclos y actividades vinculadas con la filosofía, la música, la literatura, las artes escénicas y otras disciplinas.
“Cada muestra tiene un ciclo de entre tres y cuatro meses y luego se renueva. Se presentan obras inéditas de distintos artistas y todas las exhibiciones se rigen por los conceptos de arte, tecnología y ciencia”, agregó Urquiza.
Arte, ciencia y tecnología en diálogo

Actualmente las exposiciones que forman parte de la agenda de la fundación están disponibles hasta julio para visitarlas. En planta baja se encuentra UNPUNKT, una instalación audiovisual e interactiva de Gabriel Valansi que celebra el bicentenario de la fotografía ofreciendo una travesía por el arco evolutivo del soporte fotográfico, desde su condición analógica hasta su contemporaneidad digital. El grano de plata, elemento físico crucial que toma la luz para conformar la imagen, perdió su poder siendo reemplazado por el píxel, donde la luz no se fija sino que se genera y ejecuta.

En el primer piso se presenta Espejismos, una instalación de Ernesto Ballesteros que invita al visitante a atravesar un recorrido inmersivo inspirado en la botella de Klein, una figura matemática que desafía las nociones tradicionales de interior y exterior. A través de pasillos sinuosos y pequeñas ventanas que revelan dibujos fragmentados, la obra propone una experiencia donde la orientación se vuelve incierta y el espacio parece transformarse constantemente. Fiel a una práctica atravesada por el diálogo entre arte y ciencia, Ballesteros traslada conceptos abstractos de la topología al plano sensible, construyendo una experiencia que interpela tanto al cuerpo como a la percepción.

Tensión es la obra que ocupa el segundo piso del edificio. Creada por las Trabajadoras de Tejido, Técnica y Trampa (T.T.T.T.), la instalación propone una experiencia inmersiva y participativa donde el tejido se transforma en una herramienta para pensar la colaboración y los vínculos colectivos. A través del uso de máquinas Knittax fabricadas en la Argentina durante la década de 1960, tricotinas de elaboración propia y materiales como tanzas y elásticos, el grupo construye un entramado en constante transformación. Parte de la obra se produce dentro de la propia fundación, convirtiendo al espacio en un laboratorio vivo donde se ponen en juego ideas de interdependencia, cuidado, apoyo mutuo y construcción comunitaria.

Finalmente, en el último piso se encuentra Corriente de fondo, una instalación lumínica de sitio específico de la artista y arquitecta Magdalena Molinari que, a diferencia de las demás exhibiciones, forma parte permanente del espacio. La obra interviene el piso de ladrillos de vidrio del antiguo patio de la casa mediante una secuencia de gradientes inspirados en los colores del amanecer y el atardecer. A través de una animación en constante movimiento, la instalación transforma las variaciones de la luz natural en una experiencia inmersiva. Combinando programación, electrónica y color, Molinari propone una reflexión sensible sobre la luz, el tiempo y la percepción del espacio.


