VALIE EXPORT: trascender la materia
Seguramente has visto esa imagen: un muslo marcado con la hebilla de un liguero, un símbolo de la fantasía sexual masculina convertido en tatuaje. Si la reconoces, quizá sea por la portada de Motomami (2022), el aclamado álbum de Rosalía. Pero pocos saben que esa potente imagen es un homenaje directo a una de las acciones artísticas más radicales de la historia del arte feminista: Body Sign Action (1970), de la artista austriaca VALIE EXPORT. Waltraud Lehner, nombre original de la artista, nació en Linz (Austria) en 1940 y se convirtió en una de las figuras más influyentes y transgresoras de la segunda mitad del siglo XX. Pionera del arte feminista, la performance, el cine expandido y la fotografía conceptual, su obra surgió en la Viena de los años 60 y 70 como una respuesta directa a la cosificación de la mujer, los roles de género impuestos y la estructura patriarcal que atraviesa el lenguaje, el arte y la sociedad.
Lo mediático como vehículo de protesta
Fue una de las figuras más destacadas del arte mediático internacional y feminista. Mucho antes de que esta forma de arte se denominará arte mediático, la artista comprendió el cuerpo, la mirada, el tacto y el lenguaje como articulaciones y construcciones mediáticas, y desafió las estructuras de poder y deseo inscritas en ellas a través de su obra artística. Desde los catorce años estudió diseño textil en la Escuela de Artes Aplicadas de Linz, su ciudad natal. En 1960 se trasladó a Viena e ingresó en la Escuela Superior Federal de la Industria Textil, donde también recibió clases de dibujo y pintura. Desde mediados de la década de 1970, EXPORT estuvo en contacto con teóricos, cineastas y escritores que, en su trabajo, se esforzaron por dar con los "adversarios invisibles" (título también de una de sus películas, 1976/77) y por exponer las tradiciones de la iglesia, la familia, la ciencia, la medicina y los medios de comunicación como poderosos pilares del patriarcado.

Cuando una artista de la actualidad presenta sesgos de originalidad, conviene pensar que antes hubo grandes artistas —sobre todo en los años 70— que convulsionaron el mundo y marcaron un antes y después en la escena artística. Si queremos entender lo que significa crear una obra con perspectiva feminista, señalando cómo las estructuras patriarcales se inscriben dolorosamente en el cuerpo femenino, lo encontramos en la obra de EXPORT. En su trabajo, el cuerpo está inseparablemente ligado a su representación en los medios visuales. Su análisis crítico y profundo de los procesos técnicos de la representación visual expone cómo los medios de comunicación de masas construyen y establecen figuraciones de identidad específicas de género.
La acción consistió en tatuarse públicamente la hebilla de un liguero (en inglés, garter belt) en su muslo. En una época en la que los tatuajes estaban asociados casi exclusivamente a marineros, presidiarios o grupos marginales, y eran vistos como algo ajeno a la feminidad convencional, este acto fue una doble transgresión. El tatuaje corporal evidencia la conexión entre ritual y civilización. Incorporada en un tatuaje, la liga simboliza una antigua esclavitud, una prenda que representa la sexualidad reprimida, un atributo de nuestra feminidad no autodeterminada. Así se desenmascara un ritual social que oculta una necesidad corporal, y se expone la oposición de nuestra cultura al cuerpo. Como símbolo de pertenencia a una casta que exige un comportamiento condicionado, la liga se convierte en un recuerdo. El cuerpo femenino se desprende y desecha la huella de un mundo que nunca ha sido el mundo de las mujeres, para acceder a un mundo humano en el que las mujeres puedan definir su existencia de forma autónoma.
Valie Export, en un escenario de Frankfurt el 2 de julio de 1970, ejemplificó el carácter radical de sus performances feministas: un liguero —fetiche de las fantasías sexuales masculinas— quedó dolorosa e indeleblemente marcado en su propio cuerpo para revelar la funcionalización y el rol social de la mujer como objeto sexual, y para reflejar la determinación social impuesta por los hombres. Al mismo tiempo, el arte quedó grabado de forma irrevocable en su cuerpo. En 1967 decidió adoptar un seudónimo artístico, VALIE EXPORT, que surge de unir el diminutivo de su nombre (Waltraud) con el nombre de una marca de cigarrillos (Smart Export) que fumaban mayoritariamente los hombres. Fue toda una declaración de principios con la que subrayó su intención de utilizar el arte para luchar contra los estereotipos de lo femenino, contra la conversión de la mujer en mercancía y su reducción a objeto del deseo sexual masculino.

Puede considerarse a VALIE EXPORT, que participó activamente en la creación de la Fundación de Mujeres Artistas y otras iniciativas similares, como una de las primeras creadoras europeas que incorporaron de forma explícita la perspectiva de género en sus trabajos y escritos. Dos de sus performances más transgresoras a finales de la década de 1960 fueron Pánico genital, en la que la artista se paseó entre los asientos de un cine mostrando su vello púbico, y Cine para palpar, en la que llevaba una caja sobre el pecho e invitaba a los transeúntes a meter las manos para tocarlo.
Romper con los roles de género
Al principio, cuenta EXPORT, le parecía "curioso" que la gente preguntara a sus colegas hombres por su obra. Eso le provocó la necesidad de criticar el fuerte machismo que vivía la sociedad austríaca de los 60. "Yo pensaba, 'esto no puede funcionar'. Si preguntan a los hombres lo que yo estoy haciendo es que algo falla en esta sociedad". En Tapp und Tastkino (1968) invitaba al público a tocar una parte de su cuerpo con el propósito de exponer la realidad de las mujeres fuera de la pantalla. Este tipo de performances de guerrilla y su cine expandido fueron fundamentales para visibilizar lo privado en el espacio público, una estrategia que influyó notablemente en el arte feminista actual. El archivo de la condición canina es una de las performances con las que mejor ilustró esa situación. EXPORT sacó a pasear con una correa a su entonces pareja, el artista Peter Weibel, como si fuera un perro, lanzando con ello un mensaje de rebelión. En su afán por expresar sus pensamientos feministas, nunca dejó de innovar: hizo cine, literatura feminista, pintura urbana, y utilizó su propio cuerpo como medio de expresión. Pero, sobre todo, se aferró al poder de la fotografía para documentar, experimentar y como obra de arte independiente. La tactilidad preverbal de las manos y la nueva forma de poesía visual de Ketty La Rocca tocan el núcleo de esta conversación con VALIE EXPORT, revitalizando el lenguaje, liberado de sus restricciones comunicativas históricamente hostiles a la subjetividad femenina, mediante formas alternativas de comunicación activadas por la audaz presencia del cuerpo como lugar de escritura, por la inmediatez del gesto que resiste la codificación, precediendo y desvinculando la palabra del alfabeto universal de la mano.

En su serie Body Configurations (1972-1982), fotografió su cuerpo interactuando con elementos arquitectónicos de la ciudad: esquinas, rejas, escaleras. Su cuerpo se dobla, se estira, se adapta a un espacio duro y geométrico. Su incursión en el cine expandido y el videoarte dio obras como Syntagma (1984), donde exploró la fragmentación del cuerpo femenino en la sociedad. Su reconocimiento, aunque tardío, fue contundente: representó a Austria en la Bienal de Venecia (1980), tuvo retrospectivas en el museo Albertina de Viena (2023) y recibió premios como el Max Beckmann (2022). En estos tiempos la obra de Export nos ayuda a reflexionar sobre su audacia y avanzar sin prejuicios Como ella misma dijo, hoy probablemente la arrestaron por algunas de sus acciones, lo que demuestra que, aunque hemos avanzado, el debate sobre el cuerpo, la mirada y la libertad de las mujeres sigue más vigente que nunca.

