De aquí y de allá: seis restaurantes de argentinos que tenés que conocer en Madrid

La capital española se consolida como territorio fértil para el desembarco de chefs locales que llegan con proyectos novedosos y una identidad propia. Aquí, un mapa para descubrir cómo nuestra cocina conquista nuevas mesas.

Texto: Camila Barreiro

“No sé si es Baires o Madrid”, cantaba Fito Páez, vaticinando esa sensación extraña y familiar que pesa sobre quienes se van pero llevan consigo lo suficiente como para transformar cualquier destino. Hay una suerte de “qué sé yo” en la capital española que recuerda a la Argentina, un indiscutible lazo que nos hace sentir parte de algo en común. Tal vez por eso cada vez más chefs locales viajan para proyectar su futuro gastronómico en esa tierra.

La ciudad nunca pierde sus códigos: las terrazas repletas de gente brindando con tercios, el típico tapeo, la casquería o la tortilla de papas que todo turista debe probar. Sin embargo, hay un placer distinto, casi íntimo, en encontrar en medio de ese paisaje restaurantes que laten con pulso porteño. A continuación, una serie de propuestas creadas por argentinos que lograron hacerse un lugar en la escena madrileña (y que vale la pena visitar).

Atmósfera porteña en Le Clan.

NA NUM

Marina Lis Ra, la chef argentina de ascendencia coreana, está acostumbrada a elegir barrios animados para sus proyectos, pero también a encontrar la paz en ellos. Por eso, abrió las puertas de Na Num en una calle tranquila de Chueca, uno de los polos nocturnos más importantes de Madrid. A simple vista, el lugar parece austero, pero enseguida aparecen los detalles: las lámparas de diseño, las mesas de madera, una barra de acero; la calma no adormece, sino que potencia la experiencia.

Lis Ra y el eje Corea/Buenos Aires/Madrid.

“En la Argentina me sentía un poco estancada en cuanto a mi posibilidad de crear platos, y siempre decía en chiste que me iba a venir a Madrid, aunque ni siquiera conocía Europa”, recuerda Lis. En 2021 viajó por primera vez a España y se reencontró con el arquitecto que había diseñado su local de Buenos Aires, hasta entonces ubicado en Chacarita. Dos años después, juntos encontraron el rincón madrileño ideal y lo transformaron en su nuevo proyecto.

La carta sigue la línea del restaurante original, pero con una explosión de sabores y producto. “Na Num es un restaurante de cocina coreana y latinoamericana, aunque acá sumo toques de España. Lo importante es que la comida sea rica”, dice Lis, con la serenidad de quien confía en el sabor. ¿Los imperdibles? El ceviche de vieiras y las gambas con mantequilla de pimientos.

CASA VICTORIA

En pleno corazón de Madrid, a pasos del histórico Cine Doré, Casa Victoria es de esos lugares en los que el tiempo se detiene. La entrada, coronada por una cortina roja de plástico al estilo Gaspar Noé, ya anticipa que adentro ocurre algo especial. Las lámparas y el mobiliario construyen un ambiente que remite a la casa de tu abuela o a esa película que repetiste en loop durante la adolescencia.

La propuesta combina café de especialidad con un guiño a la Argentina: pasta frola, brownies con dulce de leche, alfajores y sus icónicos croissants (dicen que son los mejores de Madrid). Paco Kling, su dueño, fue el visionario que entendió cómo unir cultura, memoria y sabor en un mismo gesto. Se podría decir que Lavapiés es el San Telmo de Madrid, con su combinación de arte, música, historia y turismo. Nada mejor que coronar el paseo con una visita a este refugio.

LE CLAN

Mercedes Caamaño y Agustín Patrizio se conocieron en Madrid y, enamorados de la cultura gitana (esa de espíritu nómade), en noviembre abrieron su segundo restaurante en Salesas, una zona que mezcla gastronomía, diseño y vida cultural. Zíngara, su primer proyecto y más nocturno, ofrece cocina plant based y coctelería de autor. En cambio, Le Clan nació para ser un espacio más distendido, que acompañe todos los momentos del día. La carta, firmada por Maximiliano Rossi (el cocinero detrás del restaurante argentino Picarón), es “un menú del mundo”.

Y ahí mismo se pueden encontrar platos como los huevos turcos con yogur especiado, benedictinos con salmón y salsa holandesa, la milanesa de pollo o la entraña marinada con una salsa bulgogi. Claro que también hay flan con dulce de leche. El branding realizado por la directora creativa Eme Carranza (detrás de proyectos argentinos como Niño Gordo, El Preferido de Palermo y Tigre Morado) redondea el concepto. “Le Clan te recibe de manera amigable en cualquier situación”, resume Mercedes. Atención: pronto sumarán conciertos de jazz.

BIRIBIRI

“Me vine para Madrid porque me había abrumado bastante con todo lo que estaba haciendo y viviendo en Buenos Aires a nivel profesional”, cuenta Manuela Lorenzo, que hace pocos meses abrió las puertas de BiriBiri en Justicia, a solo tres cuadras de su primer proyecto, Bocado. “Elegí este lugar porque es mi barrio preferido de Madrid, tiene un encanto particular y me hace muchísima ilusión que los proyectos estén cerquita, acompañándose y retroalimentándose”, confiesa.

BiriBiri (una palabra que suele usar muchísimo) terminó dándole sentido a todo lo que sucede adentro del local. Primero, porque la carta se divide en platitos para compartir (“Mucho Biribiri”) y platos fuertes, con foco en el producto (“Poco Biribiri”). Pero, además, porque logró poner el acento en los sabores de la infancia y “la cosa simple de toda la vida”. “Lo mejor de la carta, definitivamente, son el labneh, el vitelo y el helado de boniato”, resume la cocinera, que armó el menú junto a su socia y amiga, Sofía Cicinelli.

BRAZZA

Brazza es la apuesta madrileña de Franco Malacisa, chef argentino con más de veinticinco años de trayectoria y referente de la cocina mediterránea de autor en Buenos Aires. “El restaurante lo maneja mi hijo Donato, tiene 25 años y está en gastronomía desde los 8”, cuenta el gastronómico que se formó en países como Italia, Escocia, Francia y Rusia, pero encontró en Madrid un mercado estable y cosmopolita: “Madrid come y toma todo el día, y es muy abierta a diferentes tipos de culturas y gastronomías. La visitan 11 millones de personas por año”, asegura.

En este restaurante ubicado en el corazón de Chamberí, zona repleta de bares y vida nocturna, reinterpreta la cocina argentina con toques japoneses y mediterráneos: hay pulpo a la brasa con pimentón ahumado, empanadas y carnes argentinas de la mejor calidad. “Brazza es un lugar de llegada. No es de paso”, aclara sobre su ubicación, aunque resalta el increíble edificio sobre el que está emplazado, que vale la pena visitar en un recorrido por Madrid.

NACHA

Nacho González, uno de los socios del proyecto, llegó a España con la seguridad de que quería abrir un restaurante, pero sin experiencia en cocina. Por eso, su recorrido lo llevó a hacer pizzas, ceviches, carnes, y luego un master en San Sebastián donde terminó de cranear su proyecto. Así, eligió el barrio Universidad, cerca de todo pero lejos de las zonas de moda de Madrid, para abrir Nacha.

El local, antes un café de estilo parisino de 1986, se transformó en un “bistró” simple que mezcla los clásicos argentinos y españoles en una misma carta: el matrimonio y las empanadas, el tartar con el clásico flan de dulce de leche. “Abrimos un martes y no vino nadie. Al otro día tampoco. Pero el viernes se llenó”, recuerda Nacho, que ahora mira su local repartirse entre los habitués que vuelven en busca de su mesa y su plato de carne.

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