Inteligencia Artificial y arte: cinco referentes que impulsan una nueva escena creativa

Artistas contemporáneos incorporan IA y herramientas algorítmicas para explorar nuevos lenguajes visuales. Pintura, instalación y código conviven en una escena en expansión que redefine los límites del arte.

Rechazo, desconfianza, curiosidad, entusiasmo, asombro, miedo, fascinación y hasta esperanza. Pero nunca indiferencia. Desde su irrupción, la Inteligencia Artificial supo cosechar un sinfín dediferentes sentimientos en los corazones (y las mentes) de las personas al punto de que algunas lo toman como un aliado en su quehacer diario –ya sea en cuestiones laborales o hasta para que les tire las cartas del tarot–, y otras, como un peligroso enemigo encubierto que viene a dejarlos sin nada.

En el medio de ese variopinto abanico está el arte. O mejor dicho, un grupo de artistas que, con una mirada distintiva, eligió concebir a la IA como una herramienta colaborativa más de experimentación estética (así como en su momento fueron las cámaras fotográficas). Con esta nueva aliada, buscan abordar temáticas como las particularidades del tiempo que habitamos, cómo nos vinculamos con la propia inteligencia artificial, qué nos puede deparar el futuro contemplando la vorágine con la que se vive el presente, y hasta cuestionar la autoría y originalidad intrínsecas al uso de esta tecnología para la creación de sus obras.

En la actualidad, son varios los artistas a lo largo del mundo que exploran el vínculo de las personas y su entorno con la Inteligencia Artificial, convirtiendo esta exploración estética en una verdadera obra de IArte. A continuación, un detalle de sus principales exponentes.

MARIO KLINGEMANN

Nacido en 1970 en la ciudad alemana de Laatzen, Klingemann se posiciona como uno de los pioneros en introducir a la Inteligencia Artificial al campo del arte. Definido como un “artista y neurógrafo trabajando con inteligencia artificial, datos y sistemas” según su cuenta oficial de Instagram, la curiosidad y el escepticismo fueron la clave para explorar temáticas de lo más diversas: desde la percepción humana hasta la teoría estética.

En cuanto a su método de trabajo, entrena redes neuronales con un gran volumen de imágenes (mayormente de arte clásico), para que la IA genere una que antes no existía. Es decir, el rol de Klingemann no apunta a controlar el resultado obtenido, sino a guiar y editar lo que la tecnología entrega. El propio artista define este proceso como una colaboración entre humano y algoritmo.

Con un recorrido autodidacta de exploración y aprendizaje tan amplio como fructífero, sus obras han sido exhibidas, por ejemplo, en el MoMA de Nueva York, el Metropolitan Museum of Art de Nueva York, el Centro Pompidou de París y la Biblioteca Británica.

¿Qué nos espera de cara al futuro? Klingemann lo tiene claro: “Los recientes avances en inteligencia artificial, deeplearning y análisis de datos me hacen confiar en que los ‘artistas-máquina’ podrán crear obras más interesantes que los humanos”.

REFIK ANADOL

El principal incentivo de este artista multimedia nacido en Estambul es bien claro: explorar cómo “la percepción y la experiencia del tiempo y el espacio están cambiando radicalmente ahora que las máquinas dominan nuestra vida cotidiana”. Esta intriga lo llevó a utilizar la inteligencia artificial para crear entornos inmersivos enriquecidos y ofrecer una percepción dinámica del espacio.

A través de grandes volúmenes de datos (hablamos de archivos visuales/sonoros o colecciones enteras de museos), crea experiencias sensoriales en las que los algoritmos juegan un papel clave y determinante, ya que generan resultados en constante mutación.

Para comprender más profundamente la propuesta de Anadol, bien vale un ejemplo: en el Museo de Arte Moderno de Nueva York, utilizó los metadatos de la infinita colección del MoMA para crear una obra que generaba continuamente nuevas formas en tiempo real. En esa misma línea, durante 2018 empleó algoritmos de aprendizaje automático para reinterpretar los documentos del archivo de la Filarmónica de Los Ángeles. ¿El resultado? Una magnánima experiencia visual inmersiva, proyectada sobre la fachada de la sala de conciertos Walt Disney.

Eso no es todo: su trabajo también fue presentado en museos y festivales de todo el mundo, como la Biennale di Venezia, el Museo de Arte Moderno (Nueva York) y el Centro Pompidou.

SOFÍA CRESPO

Radicada en Lisboa, la artista argentina puso la lupa en la convergencia de la inteligencia artificial con los sistemas biológicos. Concretamente, su trabajo se basa en una visión tan particular como interesante: investigar cómo la vida orgánica y los mecanismos artificiales se simulan y evolucionan mutuamente.

Así, explora la evolución de la relación de la humanidad con la tecnología a lo largo de toda la historia, buscando aquellos puntos de conexión entre las diversas innovaciones históricas y las redes neuronales contemporáneas, las cuales modifican la forma en que la que se procesan e interpretan patrones complejos.

A su vez, Crespo también crea representaciones de formas de vida artificiales, las cuales se inspiran en organismos reales, pero no existentes en la naturaleza. ¿Su objetivo? Cuestionar las fronteras existentes entre lo natural y lo sintético. Tal es el impacto de su obra que se exhibió en instituciones de gran nivel y reconocimiento como el Museo Victoria & Albert de Londres, Times Square de Nueva York y la Casa Batlló en Barcelona.

ANNA RIDLER

“Hacer cosas con sistemas complejos; arte de IA durante casi una década”. Escueto pero concreto es el extracto que la artista británica eligió para resumir su extensa expertise y trayectoria. De hecho, gracias a su trabajo ha exhibido en el Victoria and Albert Museum, Tate Modern, Centro Pompidou y el Leverhulme Centre for Future Intelligence.

En cuanto a su proceso creativo, involucra colecciones de información o datos con el fin de crear narrativas originales, nuevas e inusuales. Pero quizás su gran particularidad es que no siempre utiliza datos preexistentes, sino que crea sus propias colecciones de datos.

Un ejemplo de esta metodología fue lo hecho por Ridler en “Las fotografías de Myriad (Tulipanes)”. Para este trabajo, la artista se instaló tres meses en la ciudad de Utrecht para capturar con su propia cámara más de diez mil fotos de flores individuales. Luego, las imprimió y hasta etiquetó a mano el color, forma y tamaño de cada ejemplar.

NARINE ARAKELIAN

Nacida en Siberia, la trayectoria de esta artista de ascendencia armenia siempre estuvo vinculada al arte: estudió bellas artes, realizó una pasantía en el Departamento de Artes Digitales de la Academia de Arte de Los Ángeles y también es miembro de la Unión Rusa de Artistas. A lo largo de los años, su trabajo evolucionó hacia lo contemporáneo multimedia, involucrando realidad virtual, arte digital y ambiental, instalaciones e inteligencia artificial.

Sobre este último punto, vale destacar que Arakelian involucra a la IA como una herramienta narrativa y política, para así abarcar temáticas profundas e incómodas, las vinculadas al género, la identidad y lo social.

Una de sus obras más paradigmáticas es “The Bloom”, presentada en el Bienal de Venecia en 2019. Allí, la artista se transformó en una estatua de mármol viviente. Para eso, se valió de sensores corporales y de la inteligencia artificial para que tomen tanto sus movimientos como sus emociones para crear visuales generativos proyectados en tiempo real.

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