Gustavo Samuelian, los clásicos se renuevan: cómo fue ponerse al hombro una empresa 100% nacional y su plan para conquistar a las nuevas generaciones
Nostálgicas y emblemáticas, las zapatillas Flecha se convirtieron en el primer calzado de lona de industria nacional, alcanzando su gran pico de ventas entre los años 60 y 70, con una producción de un millón de pares por mes. Asociadas a la juventud, rápidamente se transformaron en un calzado ideal para el tiempo libre, y fueron elegidas por músicos y deportistas. Pero con la apertura de las importaciones en la década del 90, la marca fue perdiendo su apogeo hasta el punto de casi desaparecer.
Hoy, a través de su gran carga simbólica, regresaron al mercado de la mano del empresario Gustavo Samuelian, quien decidió recuperarlas en 2019 con el objetivo de devolverles su esplendor. “Flecha tiene algo súper a favor, que es la historia; y tiene algo en contra, que es la historia. En un punto, arranqué con un proyecto nuevo pero que tiene 62 años, entonces hay que respetar lo que fue, pero también ponerle el espíritu de uno para hacerlo propio”, explica. En diálogo con EPU, cuenta cómo fue ponerse al hombro una empresa 100% nacional y cómo planea conquistar a las nuevas generaciones.
–¿Cómo llegaste a estar al frente de Flecha?
–Cuando fui parte de Bolivia, trabajaba con Alpargatas, que eran los fundadores de Flecha y de Topper. Las Flecha, en realidad, se habían dejado de hacer y yo venía insistiendo bastante para que las lanzaran de nuevo. En 2017 los convencí y empezamos a laburar. Pero en medio de todo ese proceso, Alpargatas se disolvió, entonces me ofrecieron comprar la marca y encarar el proyecto yo solo. Lo hice y terminé haciendo el relanzamiento en 2019 con una serie de zapatillas de lona y cuero.

–¿Por qué decidiste tomar la empresa y revalorizarla?
–Flecha se fundó en 1962, tiene 62 años y es un ícono que siempre me fascinó. De hecho, cuando abrimos Bolivia en 2005, había conseguido unos cien pares de la década del 70 para venderlos en el local. Nunca se me cruzó por la cabeza hacerme cargo del proyecto, era como un sueño. A pesar de que nosotros arrancamos hace seis años, después nos agarró la pandemia y volvimos a relanzar recién el año pasado. A la gente le gusta la historia, porque ve las zapatillas nuevas y se acuerda de cuando era chico. Eran las zapatillas que todos usábamos para ir al colegio, para jugar al fútbol, y tiene eso, que de alguna manera está bueno tomarlo y resignificarlo.
–¿Cuál fue el mayor desafío de hacerse cargo de un ícono con tanto peso simbólico?
–El desafío era agarrar las zapatillas, que en su momento eran de baja calidad porque estaban hechas de PVC, y renovarlas, hacerlas con caucho vulcanizado, con otra plantilla, pero manteniendo esa forma de serrucho en la punta que es muy característica. Hicimos otras zapatillas, pero con el mismo espíritu.

–Hablás de la nostalgia pero, ¿cómo las reciben las nuevas generaciones?
–Cuando volvimos al mercado pensamos: “Nosotros le vamos a vender a gente grande, a hombres de entre 35 y 50 años”. Sin embargo, hoy en día las que más compran son las mujeres de 20 a 35. Si vos me preguntás cómo conocen las Flecha, no lo sé. Les gusta la forma, que sean argentinas. Investigan, preguntan, y después de que se las compran, sus mamás les dicen: “Son las que usaba de chica”. Mucha gente joven desconoce la historia, no es que vienen y dicen: “Bueno, me las voy a comprar porque eran las zapatillas de mis padres”. También tienen mucho que ver los locales en donde estamos vendiendo. Por ejemplo, vendemos en Unitivo, que es un proyecto que apunta a gente joven, también en Bolivia; entonces las reciben bien y las compran.
–¿Cuáles son tus referencias para los nuevos modelos?
–La idea acá es hacer cosas nuevas. La línea que está saliendo ahora es colorida y divertida, hicimos de muchos colores. Después, tenemos las botitas de cuero y también estamos desarrollando las botitas de lona. Haremos otros modelos y también queremos incorporar ropa. Hoy busco desarrollar el proyecto en la Argentina y después exportar a Latinoamérica y el mundo. Nosotros hicimos las zapatillas de una calidad para que pudieran competir con otras grandes firmas.

–También estás al frente de Artisan, que se dedica a las camisas de lujo. ¿De qué forma te metiste en el mundo de las empresas textiles?
–Siempre me gustó la ropa y el diseño. Empecé como vendedor a los 18 años y toda mi carrera la hice como vendedor, encargado y gerente. Hasta que abrimos Bolivia, en 2005, nunca había diseñado, no hacía productos. Siempre me dediqué a la parte comercial.
–Siempre te definiste como un empresario distinto. ¿Seguís con la misma idea?
–No sé si soy un empresario distinto, pero siempre renegué un poco de la formalidad. No soy muy políticamente correcto y siempre fui así. Me gusta la cosa simple.
–¿Cómo evaluás la evolución de la moda y el diseño argentinos?
–En general, el argentino se viste bien. Estamos en una economía en donde es difícil fabricar y para la gente es difícil comprar ropa, pero el diseño argentino es un caño, hay un millón de marcas y eso me parece increíble. Hoy los chicos se ponen a diseñar y hacen buzos, remeras y me parece que es superdemocrático. La juventud le presta mucha atención a la ropa.

–¿Qué te inspira para seguir creando?
–Creo que es buscar la felicidad y sentirse pleno con lo que sea que uno haga, tiene que ver con eso. Correr, ir hacia adelante, con el solo propósito de vivir la vida. Lo más importante es que lo que elijas hacer te llene el pecho.
Fotos: Agustina Sicoli y Majo Haedo

