Martín Piroyansky: "Emular el caos de la realidad es lo que más me atrae a la hora de escribir"
Con la segunda temporada de "Porno y helado" ya estrenada, y mientras escribe una película cuya premisa cambia al ritmo de sus ideas, siempre en contacto con una realidad sorprendente e inasible, charla con "El Planeta Urbano" con la misma impronta que caracteriza a sus creaciones: reflexivas, desbordantes en múltiples direcciones, con un agudo sentido de la comedia, pero también capaces de capturar con precisión rasgos generacionales ineludibles.
“La familia de mi primera novia era dueña de un videoclub que se llamaba Blockbuster. En realidad, eran varios locales con el mismo nombre, logo y colores que el Blockbuster original. Cuando la cadena llegó a la Argentina, tuvieron que cambiarle el nombre a Shortcuts.” Quien cuenta esto es Martín Piroyansky, el mismo que instaló la duda sobre si su perro Nico era real o una mascota virtual diseñada a medida en una página. También es quien agradece los elogios por División Palermo cada vez que lo confunden con Santiago Korovsky. Al finalizar esta entrevista, un pibe que pasa le preguntará: “¿Vos sos vos?”. Él responderá: “Puede ser que yo sea yo”, y se darán un abrazo.
Piroyansky está promocionando una serie que no necesita promoción. Hablamos de la segunda temporada de Porno y helado, ya disponible en Prime Video, tan irreverente y contracultural como la primera. El trío menos heroico, conformado por Sofi Morandi, Nachito Saralegui y Piro, lo hizo de nuevo.
¿Qué es más verdadero, copiarle el nombre a una cadena de videoclubes o cambiárselo por el de una película de Altman? ¿Es más real el perro que paseás o su foto? ¿Conocés mejor a Pablo, Ceci y Ramón o a tus amigos? ¿Es más genuino vender tu obra o sentarte a hablar de cine? ¿Abandonarse a la conversación o sentirte tentado por la comedia? Todas las respuestas, o ninguna, en esta charla con EPU.

–Si la carrera contra el tiempo siempre está perdida, ¿cómo se hace para que el humor no envejezca?
–¡Si lo supiera! Más allá del humor, que las ideas no pierdan vigencia es algo que pienso, porque le pasa a un montón de directores. Ves a Coppola y te preguntás: ¿cómo pudo hacer obras maestras y después pifiarla tanto? De El Padrino a Tetro sería el abanico (se ríe). Tarantino habla de la cantidad de películas que deberían hacer los directores para no humillarse, y por eso él tiene esta idea de hacer solo diez, por lo que le faltaría una para completar su filmografía. Es un pensamiento medio recurrente, también en la música; hay músicos que lograron hitos con sus primeros discos y después la pifiaron sin parar. Es algo normal del arte, me parece. Creo que a veces estás más inspirado y, en algún momento, dejás de conectar. Esa desconexión con lo que está pasando es aterradora. Hay gente a la que no le pasa, puede filmar durante toda su vida y su obra siempre está muy bien. [Martín] Rejtman estrenó hace poco La práctica y la película es espectacular. Hacer pocas quizás sea el secreto.
–¿La realidad es más extraña que la ficción?
–Absolutamente. La ficción siempre se queda corta. Estás tocando en la tecla de lo que más me importa en lo que hago: lograr emular el caos y lo aleatorio de la realidad. Eso es lo que más me atrae a la hora de escribir y de dirigir, pero necesito hacerlo dentro de una estructura. Me encanta el delirio, pero siempre enmarcado dentro de la estructura clásica de escritura. No lo negocio, simplemente porque romper con esas cosas es solo para los genios, y yo no lo soy. Me gusta jugar y divertirme, pero que parezca más absurdo de lo que en realidad es.

–Para hacer una entrevista leés, anotás, vas pensando la conversación. ¿Cómo es la previa de un guion?
–Antes de sentarme a escribir, voy anotando las ideas que se me van ocurriendo, anoto todo, soy muy estricto con esa práctica. Para Porno y helado trabajé con Martina López Robol, escribía todo lo que me venía a la cabeza o le mandaba un WhatsApp con ideas. Muchas veces esas ideas surgen porque voy caminando y veo algo que me resuena. Al ser una segunda temporada, ya había un universo creado con personajes bien marcados. Eso ayuda mucho, porque a cualquiera que vea Porno y helado si le tiro el tema del capítulo podría decirme cómo reaccionarían Ramón, Ceci o Pablo. Son personajes tridimensionales que empiezan a cobrar cierta autonomía; uno los conoce y quiere ver cómo van a actuar ante determinados estímulos.
– "Porno y helado" tiene un montón de referencias cinematográficas, de "Nueve reinas" a Bollywood o a Álex de la Iglesia. Pero hay un episodio con clara resonancia política, ¿por qué tomaste esa decisión?
–Hay algo muy loco, y es que ese capítulo fue escrito mucho tiempo antes de que estuviera este escenario político y social. En ese entonces, Milei era un candidato panelista, se veía muy poco probable que ganara. Nos parecía gracioso hablar de la libertad y del comunismo porque era un chiste de Twitter en ese momento. Pero cuando lo filmamos, ya no era un chiste. Por mi crianza y la tradición del humor judío, siento que todo puede ser transformado en comedia. Si no, mirá esos chistes que hacen en un velorio. El tema político es difícil. Hay que respetar el voto popular, pero todos los días me pregunto quién se beneficia, porque supuestamente los gobernantes deberían buscar el bien común. Yo estoy parado en un ámbito detenido, congelado, con mucha gente sin trabajo, no veo a nadie que me rodee beneficiándose. Veremos cómo sigue esto.

–¿Que algunos personajes de la serie tengan su costado dudoso nos enfrenta a nuestro lado más inaceptable?
–Para mí, hay algo medio catártico como espectador al ver a personajes miserables haciendo cosas que uno nunca haría. Disfruto mucho cuando toman malas decisiones. Hay un morbo de ver cómo el personaje se manda una cagada y la empeora mil veces. Es muy atractivo eso. Dos de los tres protagonistas de Porno y helado son así, y tienen al tercero que balancea la ética del grupo. Ramón es un personaje más sabio, y por eso, en esta temporada, me gustó indagar también en sus bajezas. Verlo envidiar a Pablo, llevar al extremo a un personaje que no tiene fallas morales y probar qué pasa si toma un camino equivocado. Ramón no se reconoce en ese lugar miserable, pero a veces esos sentimientos nos sorprenden. Me parecía divertido verlo hacer una maldad que haría Pablo, envidiando una canción que compuso, y fantaseando, por un momento, con que su amigo no esté más. Eso es un montón para Ramón, pero inmediatamente se arrepiente.
–¿Es más tranquilizador pensar que el monstruo es el otro?
–Sí, fijate en las películas de Ruben Östlund o Yorgos Lanthimos, que son la punta de lanza de una nueva generación de directores que exploran mucho este tema. A la vez, han hecho películas rarísimas que son una respuesta a algo, se filtran esas zonas más oscuras. Quizás Östlund se fue enrareciendo, su Fuerza mayor me parece redonda, perfecta y con una idea brillante: tener que elegir entre salvar a tu familia o a tu celular. Creo que lo más interesante de su cine es que te incomoda con tus privilegios, muestra la actualidad tal cual es y te deja en jaque. Lanthimos, en cambio, te incomoda con una violencia infundada, con sus propias reglas absurdas. Para mí, en los primeros diez minutos una película tiene que plantear sus reglas. Si las cambia por la mitad me siento traicionado. En eso, capaz soy medio conservador. No quiero una comedia que se transforme en un golpe bajo. No me cambies el sentido.

–Alguna vez te pregunté qué escribías durante tanto tiempo en Varela Varelita y me dijiste que era una película alejada de la comedia, algo en torno a los celos. ¿Seguís con eso?
–Sigo. Todo el tiempo estoy escribiendo versiones nuevas, pero está complicado filmar. Es un momento difícil para conseguir financiamiento. Por ahora, todo es muy incierto. Creo que el público decide qué es lo que hay que ver. En un momento es Marvel, hasta que se cansan y caduca. En otro, es la productora A24, que triunfó haciendo lo que el mercado no estaba ofreciendo: películas más raras. Las modas van fluctuando según el deseo de la audiencia. Ahora hay tanques enormes y también proyectos muy independientes, pero faltan películas medianas. Lo mediano está en crisis... como la clase media. Igual, volviendo a ese guion en el que siempre estoy laburando, ¿sabés que ya no es más sobre los celos? Ahora es un policial. La misma película se transformó en un thriller.
–Santiago Korovsky te regaba las plantas cuando te ibas de viaje, y de tanto ir a tu casa terminó comprándose un departamento en el mismo edificio. Con semejante consorcio, podrías hacer tu propio "Only Murders in the Building".
–¡Es que esa es la idea! La película es sobre un tipo que empieza a investigar un asesinato en su edificio, al que quieren hacer pasar por suicidio. Es una de detectives, pero el protagonista es una persona común. Me gustaría estrenarla en salas, lo lindo es ir al cine, escuchar las risas y ver si el chiste funciona. Con las series te enterás por un tuit o un meme, pero si hablamos de cine, creo en lo autoral con toda su locura. Cuando arrancaron tipos como Francis Ford Coppola o Scorsese hacían cosas que eran demenciales. Lo autoral siempre va a terminar ganando.
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CRÉDITOS DE PRODUCCIÓN
Fotos: Martín Bonetto @bonettomartin
Producción general: Gimena Bugallo
Filmmaker: Chanas Scigliotti
MUA: Luli de la Vega @delavegamakeup
Agradecimientos: Agustín Dusserre @agustindusserre, Ropa Revolver @roparevolver

