Rafael Federman y la repercusión de "La sociedad de la nieve": "Por momentos, parecíamos estrellas de rock”

De ser una de las revelaciones de la película de Juan Antonio Bayona a compartir escenario con Julio Chávez: a los 28 años, el actor argentino parece atravesar uno de los mejores momentos de su carrera. En diálogo con EPU, comparte sus proyecciones a futuro y agradece la trascendencia internacional que le dio el film nominado al Oscar

Desde que Rafael Federman interpretó a Eduardo Strauch en "La sociedad de la nieve", su ascenso a la fama no paró de escalar. El actor argentino fue elegido entre cerca de dos mil jóvenes por el director Juan Antonio Bayona para ponerse en la piel de uno de los 16 sobrevivientes del avión que se estrelló en la Cordillera de los Andes. Y ese hito marcó un antes y un después en su carrera.

Luego de que el multipremiado film compitiera en la categoría “Mejor Película Internacional” en los Premios Oscar, Federman se sumó al elenco de "Lo sagrado" y compartió escenario con Julio Chávez, además de lucirse en "Lorca, el trabajo bajo la arena", con dirección de Laura Paredes en El Portón de Sánchez. En diálogo con El Planeta Urbano, el intérprete de 28 años comparte sus sensaciones después de haber atravesado uno de los momentos de mayor exposición de su carrera.

–Después de casi ocho meses, siguen las repercusiones con "La sociedad de la nieve". Hace poco, parte del elenco viajó a Chile para seguir difundiendo la película. ¿De qué se trataron esos conversatorios?

–Todo empezó en Lima, con una productora fanática de la película que nos invitó a charlar sobre el rodaje. Fue una peli con un proceso tan particular, tan largo y con tanto despliegue, que despertó mucha curiosidad en todo el mundo. En Perú fue una locura, hay un fanatismo muy pero muy fuerte, sobre todo en el rango adolescente. A la gente de esa edad la atravesó mucho esta historia que creo que ni siquiera conocían. Por momentos, parecíamos estrellas de rock.

A partir de eso, recibimos muchos mensajes de gente de distintas partes de Latinoamérica con ganas de que fuéramos, y se empezó a armar esta especie de gira (se ríe). En Chile hicimos dos fechas en Santiago y otra en Concepción. Creo que atrae mucho ver una película tan grande, interpretada por actores con acento rioplatense, en donde transmitimos la calidez y cercanía que tenemos como grupo.

–Esa cercanía en el trabajo, ¿se trasladó también a la vida?

–Sí, ya somos como hermanos. Eso es, en parte, gracias al trabajo de Jota [Bayona] como director, que siempre propuso que se formara esa “sociedad” por fuera del set también. Abría las puertas de su casa, nos invitaba a hacer planes permanentemente. Estuvimos dos meses en Barcelona conviviendo en un hotel. Fueron 60 días muy duros de trabajo, a la mañana ensayábamos y a la tarde entrenábamos, porque estábamos en el proceso de preparación física, subiendo de peso primero, para poder ir perdiéndolo a medida que avanzaba el rodaje.

–Ya habías participado en más de diez películas y en varias series para distintas plataformas, pero La sociedad de la nieve tuvo una proyección internacional mucho más grande.

–Sí, nunca había estado siete meses filmando fuera de Buenos Aires, viviendo cinco meses en la montaña, en un centro de Ski en España, en Sierra Nevada. Lo lindo de esta película fue que desde el minuto uno todos fuimos incluidos como protagonistas, con la responsabilidad enorme que eso implicaba: contar una historia que les ocurrió a personas que hoy viven y otras que no pudieron regresar.

–Leí algunas declaraciones por parte del elenco y del director, en las que hablaban de una energía muy fuerte en el set, sentían que no estaban solos. ¿Vos también lo experimentaste?

–Sí, muchísimas veces. Incluso, Jota antes de filmar, fue a pedir permiso al Valle de las Lágrimas, el lugar donde ocurrió el accidente, para poder sentir la energía y entender un poco lo que implicaba estar solos en esa montaña. Fue una película muy particular en ese sentido, tiene mística por todos lados. Creo que cada uno de nosotros interpretó a alguien con el que compartía una esencia, que iba más allá del parecido físico. Hubo escenas en las cuales yo veía a mis compañeros y la sensación era que estaban siendo canales de otra cosa. En el mejor de los casos, creo que actuar es eso: estar disponible y permeable para ser canal de una voz, de cosas muy grandes que se constelan en un rodaje.

–¿Dejarte atravesar por lo que va pasando es la clave?

–Totalmente, incluso la actuación tiene algo que me resulta muy mágico, que es cómo te van llegando personajes que siempre dan con la nota en el momento justo. Me acuerdo de cuando perdí a mi papá, yo estaba pasando por un proceso de muerte, crematorio y demás, y tres meses después me llamaron para hacer un personaje en una serie donde tenía que vivir exactamente lo mismo. Me lo tomé como una oportunidad para poder seguir transformando esa experiencia, pero desde el lugar de la ficción. Creo que uno no elige a los personajes, sino que los personajes te terminan eligiendo a vos.

–Interpretaste a Eduardo Strauch que, junto a sus dos primos, fueron los primeros en verbalizar que debían empezar a alimentarse de los cuerpos de los fallecidos para poder sobrevivir. ¿Cómo compusiste a ese personaje?

–Sobre los primos Strauch, algo que nos decían mucho ya desde el casting, es que eran buscados como un tridente. Siempre nos dijeron que los tres formaban una sola persona, en la cual Eduardo era el espíritu o el corazón, Fito el cuerpo y Daniel la mente; y entre esas tres cosas se formaba el gen Strauch. Conocí a Eduardo, con él compartimos mucho el gusto por la montaña. Quedó muy alucinado con ese sitio como algo sagrado y misterioso. Es alguien que vivió la experiencia desde un lugar revelador a nivel espiritual y se reencontró con la fe desde otra perspectiva. La montaña también es el lugar de la tierra más cercano al cielo.

–La película compitió en los Premios Oscar, ¿cómo recibiste esa noticia?

–Fue una alegría hermosa. Hubo un evento organizado por Netflix para juntarnos a todos a ver la ceremonia. Sabíamos que no era la favorita, pero igual había expectativas. Haber estado nominados fue una cosa muy alucinante. Cuando uno empieza a actuar, ni se imagina que llegar a los Oscars puede ser una posibilidad. La película tuvo un gran reconocimiento, pero lo más lindo es el amor del público.

–Después del éxito de la película, te subiste al escenario de Paseo La Plaza para interpretar "Lo sagrado" junto a Julio Chávez. Imagino que habrá sido un desafío tremendo trabajar con él.

–Estoy muy contento de haber vivido esa experiencia. Julio es una persona muy generosa y trabajadora, siempre está pensando en todo lo que tiene que ver con la obra, es muy detallista. Aprendí mucho, porque te mantiene despierto, repensando todo el tiempo las cosas. Incluso con el correr de las funciones hacía alguna nueva devolución, siempre buscando que nada se mecanice, que los textos salgan con presencia y verdad.

–Después de semejantes éxitos, ¿pensás en el próximo paso o te dejás llevar por lo que va ocurriendo?

–Creo, y no quiero dejar de decirlo, que estamos viviendo un momento muy complejo en la Argentina a nivel cultural. Se siente mucho en la cantidad de castings, audiciones o propuestas para filmar, que lamentablemente son cada vez menos. Es un momento muy delicado el que estamos atravesando, por eso, más que nunca, intento dejarme llevar.

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