Lamine Yamal: la historia de un jugador único, con destino de grandeza y la magia de los distintos
Deslumbró al mundo entero con su actuación en la Eurocopa 2024, donde fue artífice fundamental de la consagración de la Selección Española de fútbol. Hijo de inmigrantes africanos y luminaria de Barcelona, con 17 años recién cumplidos se ha transformado en un símbolo que traspasa las fronteras del deporte, a la vez que es ejemplo de lucha y un desafío para la discriminación, el racismo y la intolerancia.
El pase a la gran final de la Eurocopa está en juego. España, a esta altura ya uno de los equipos sensación del certamen continental, pierde 1 a 0 ante Francia desde los 8 minutos. Kylian Mbappé había sacado un centro de tintes magistrales para que Kolo Muani, el hombre que soñará por el resto de su vida con aquella tapada del Dibu Martínez en el dramático epílogo de la final de la Copa del Mundo Qatar 2022, ejecutará de cabeza ante la salida de Unai Simón y sacará la primera ventaja.
En el equipo de Luis de la Fuente no se respira desesperación. Las 62.042 almas presentes en el Allianz Arena de Múnich, llamado Munich Football Arena durante la Euro por normativa UEFA, tienen una certeza más allá de la nación por la que simpatizan: hay que poner el foco en Lamine Yamal, el niño al que le queda un puñado de días para cumplir los 17 años y que, dos semanas antes, aprobó el cuarto año de la Educación Secundaria Obligatoria (ESO). Sí: estudiaba y rendía en plena concentración del torneo más relevante de selecciones de Europa. Sí: está por marcar un gol de antología para encaminar la remontada de España rumbo a la gran final.
Pase largo de Nacho. Toque corto de Dani Olmo. Rebote de taco de Morata. La pelota se encuentra con Yamal en la puerta de la medialuna. El zurdazo quedará sellado en la historia de la Euro. Las 62.042 almas ya sabían lo que ocurriría: instantes después, Yamal iniciaría una jugada que terminaría con el gol de Olmo para el 2 a 1 que, incluso con 65 minutos por delante, sentenciaría la clasificación al último partido.

Cinco días más tarde serán 65.600 las almas que habitarán el estadio Olímpico de Berlín. Yamal ya no tendrá 16 años sino que ya habrá celebrado, entre un partido y otro, los 17 julios. Del otro lado, Inglaterra, que protagonizará por primera vez una final de un torneo grande fuera de su casa. Esa multitud de Berlín, al igual que la de Múnich, sabrá que hay que poner el foco en Yamal. Transcurrido el primer tiempo, sin embargo, aparecerán los interrogantes. El tiempo se detendrá porque el pequeño extremo derecho está atrapado. ¿Cómo escapar de la marca personal del stopper Luke Shaw? La única salida del laberinto es por arriba: la magia de los distintos y el arte del engaño.
Apenas un minuto después del entretiempo, Yamal recibe de Carvajal y, con un mínimo movimiento corporal, se burla del duro marcaje a espaldas del jugador de Manchester United y brinda su cuarta asistencia en la Euro, la cifra máxima del torneo, para el gol de Nico Williams. La historia está en sus manos: el empate transitorio de Palmer será insuficiente para contrarrestar el agónico festejo tras el 2-1 de Oyarzabal. Yamal, el diamante en bruto de Barcelona, sonríe como todo adolescente. Exhibe los habituales brackets de su dentadura. Brilla como el oro. Encandila Europa y hasta lo espejan con Lionel Messi.
“A nadie le molesta que le comparen con el mejor jugador de la historia, pero son cosas que restan porque nunca vas a ser como él”, sostiene la perla catalana, protagonista de un vínculo virtual inesperado con el capitán de la Selección Argentina y emblema de Barcelona: cuando la Euro todavía estaba en plena disputa se viralizó una serie de imágenes en la que la Pulga bañaba a un bebé de tez oscura. Era Yamal. “No fui consciente de que estaba con Messi; mi padre me lo contó años después”, expresó el joven delantero en la previa de la final ante Inglaterra respecto de las imágenes que recorrieron el mundo y que formaron parte de una campaña solidaria organizada por la Fundación Barcelona y UNICEF en 2007.

Una cita con la historia
Lamine Yamal Nasraoui Ebana vive fuera de tiempo, siempre adelantado a su propia generación. En la cantera de Barcelona jugaba en Cadetes cuando tenía edad de Infantiles. Después saltó a Juveniles. Quemó etapas, como suele decirse en el ambiente, pero lo hizo sin despegar de la tierra. En abril de 2023, sin pasar por Barcelona Atlètic, el filial del club catalán, hizo su debut en el primer equipo de la mano del técnico Xavi. Tenía 15 años y 290 días. Era el jugador más joven en el primer plantel de Barcelona. Desde entonces su andar se tornó vertiginoso.
La Eurocopa lo encontró como titular en el frente de ataque del equipo azulgrana, junto con Raphinha y Lewandowski. Con 16 años y 338 días se convirtió en el más joven en jugar un partido del certamen continental: fue en el 3-0 ante Croacia, el 15 de junio pasado. En el choque contra Francia se convirtió en el jugador más pequeño en anotar un gol en la Euro, con 16 años y 362 días.

La joya tiene su propia historia: es hijo de inmigrantes, con todo lo que eso representa en Europa occidental durante estos tiempos turbulentos, cargados de xenofobia y racismo. Nació el 13 de julio de 2007 en Esplugues de Llobregat, donde vivían sus padres. Papá Mounir Nasraoui es de Marruecos; mamá Sheila Ebana, de Guinea Ecuatorial. Después del divorcio de ambos el niño Yamal se instaló con su padre en Rocafonda, desde donde recorría unos 30 kilómetros para entrenarse en Barcelona hasta que se mudó a La Masía, la cantera del club más importante de Catalunya.
El explosivo Lamine suele honrar sus goles con un llamativo gesto. Cruza los brazos frente al pecho, muestra tres dedos de la mano izquierda, exhibe cuatro de la mano derecha y dibuja un círculo para mostrar el número representativo: 304. ¿Qué esconde la celebración? Son los últimos tres números del código postal de Rocafonda (08304), los mismos tres dígitos que tiene en sus botines junto a las dos banderas de su ascendencia directa: Marruecos y Guinea Ecuatorial. “Llevo mi barrio siempre conmigo; es un honor para mí mostrarle al mundo de dónde soy”, dice.
Rocafonda queda en la ciudad de Mataró, en la provincia de Barcelona. Ese lugar, donde vive toda su gente cercana, absorbe la estigmatización de buena parte de la población de España, como otros espacios habitados por inmigrantes. Tiene 15 mil residentes y pertenece al 25 por ciento más pobre del país. El barrio de Yamal es uno de los “estercoleros multiculturales”, según retrataron las palabras de Rocío de Meer, una de las diputadas de VOX, el partido político español de ultraderecha.

La estigmatización llega incluso desde el ecosistema futbolero. Germán Burgos, histórico arquero de Atlético de Madrid y de la Selección Argentina, entre otros clubes, fue despedido como comentarista en un canal de transmisión de la Champions League, en abril pasado, por un exabrupto racista contra Yamal en la previa de un cruce entre Barcelona y PSG: “Ojo que si no le va bien termina en un semáforo”. Después, ante el creciente escándalo, intentó justificarse, acaso sin éxito: “Solo voy a decir que a mí me llaman ‘Mono’”.
La alucinante aparición de Yamal en la Eurocopa resulta un estorbo para el discurso de ultraderecha: reivindica sus orígenes, revaloriza a la gente de su barrio y desafía las posturas xenófobas de Occidente. La apreciación de sus raíces le valieron la comparación con el propio Mbappé, de ascendencia camerunesa y argelina, quien semanas atrás pidió con fervor que los franceses no votaran a Marine Le Pen, la líder de extrema derecha, en las elecciones parlamentarias.

Yamal tiene talento y resulta, en términos simbólicos, una figura incómoda para las posturas discriminatorias. Tras el pase a la final de la Euro, un dirigente de VOX llamado Manuel Gavira se vio acorralado: “Por supuesto que celebré el gol de Yamal. Si no era Yamal quizá lo metía otro. Pero Yamal juega para España y yo soy feliz”. Sus declaraciones llegaron poco después de haber desestimado una medida de Andalucía de dar asilo a menores migrantes provenientes de Islas Canarias, muchos de los cuales son generacionalmente compañeros del deslumbrante Lamine, el mismo que habrá sellado para siempre aquel zurdazo contra Francia que también festejó VOX.

