A solas con Enzo Vogrincic, protagonista de "La sociedad de la nieve": "Este momento me lo tomo con calma, voy descubriendo y voy entendiendo, pero es raro"
Reflexivo y con un aire misterioso, el actor uruguayo de treinta años revela los aspectos que lo ayudaron a encarar el rol principal en el filme que tiene dos nominaciones al Óscar y que promete arrasar en los Goya.
El viaje que inició Enzo Vogrincic para encarnar a Numa Turcatti en La sociedad de la nieve, del director español Juan Antonio Bayona, comenzó hace más de tres años. Castings, lecturas, una conexión inmediata con sus compañeros de elenco y claro, el exhaustivo rodaje que lo trajo a la Argentina y a diferentes lugares del mundo para recrear la Tragedia de los Andes, el accidente de 1972 en el que un avión de la Fuerza Aérea Uruguaya se estrelló en la Cordillera con 45 personas a bordo y solo 16 sobrevivientes tras 72 días en la nieve.
Sobre el actual fenómeno de la película, la exposición, sus próximos proyectos y la transformación física y emocional que encaró para el personaje, hablamos con Vogrincic, quien responde a cada una de las preguntas de El Planeta Urbano con tranquilidad y reflexivamente.
–¿Cómo estás viviendo la repercusión que tiene la película?
–Es una parte extraña porque la película tiene muchas fases, es un proceso que llevaba tres años en mi vida y algo que para mí se va volviendo habitual porque voy etapa por etapa, concentrado en cada momentito, y ahora de repente es de la gente, como que se abre y eso que fue mío durante tanto tiempo, y yo ya conozco, ahora es público de alguna forma. Entonces es ese momento donde te toca recibir y normalmente uno no está acostumbrado porque nunca, o casi nunca, participa en un proyecto de esta dimensión entonces es eso lo que lo que sorprende al final.

–En la Argentina, y debe repetirse en varios lugares del mundo, hay un gran fandom alrededor de tu persona, hacen recortes de películas anteriores y trabajos donde participaste, ¿cómo llevas la exposición?
–Me llega todo y por ahora me parece gracioso y divertido, me lo tomo con humor, al final son mensajes de amor y, en definitiva, lo que significan es que la película conectó y que alguien que la ve se siente en un vínculo emocional con la historia y con Numa, con el personaje, entonces es lindo. Me lo tomo con calma, voy descubriendo y voy entendiendo, pero es raro.
–¿Qué cosas hacés como para mantenerte con los pies en la tierra? Yo no podría estar en tus zapatos.
–Bueno, capaz que sí, los amigos, la familia, esas cosas que siempre estuvieron ahí; te volvés a ver y te reencontrás enseguida con quién sos. Estar en mi casa, con mis ratitos de paz, voy encontrando mis costumbres, trato de no modificarlas demasiado. Y tengo otras cosas en las que dedico mi tiempo también y sigo cultivando, me enfoco.
–Mencionás a los amigos, ¿sos buen amigo?
–Es una pregunta difícil para mí porque nunca fui mi amigo, me desconozco. Tengo amigos de todos los tipos, algunos que me reclamaban presencia y otros a los que no tengo que decirles nada, los amigos varían mucho. Yo creo que debo ser un buen amigo, pero hoy en día tengo poco tiempo.
–¿Qué cosas hiciste por un amigo?
–Caminar lo impensable, situaciones donde te toca acompañar y las caminatas pueden ser muy largas en algunas ocasiones, pero de todo: mudanzas muy pesadas, mudanzas que no deberías hacer, tirar abajo paredes... pero la verdad: caminar, yo creo que he caminado mucho con amigos, muchísimo y distancias largas por algo que no necesariamente tendría que ir, pero voy, por un amigo vale la pena.

–Te gusta caminar.
–Me gusta correr, es lo que más me gusta. Caminar es cuando hay que acompañar. Normalmente si salgo solo a hacer alguna cosa corro, es lo que me gusta. Me gusta esa sensación de asfixia, esa sensación de estar llegando a un límite, de sentir cómo en tu cuerpo hay una especie de límite y de repente te das cuenta que ese límite es absolutamente mental. Es un aprendizaje constante correr para darte cuenta, esas cosas me encantan.
–¿Corriste alguna maratón?
–No, he corrido 10 kilómetros y en una época entrenaba para 21 kilómetros, pero no llegué a ejecutarlo, no llegué a correr 21 kilómetros en carrera.
–¿Creés que esa preparación física te ayudó para encarnar este rol tan difícil?
–Creo que ayudó más desde lo mental porque al correr empezás a generar un diálogo contigo mientras el tiempo se hace largo o se hace difícil, uno sufre mientras corre, entonces empezás a desarrollar fortaleza mental para entender que lo que le está pasando a tu cuerpo no es tan real como parece, vos podés dejarte un poquito de lado y seguir adelante, aunque pensás que no podés.
En el rodaje hay muchas circunstancias así y los protagonistas se encuentran con esta situación constantemente, donde tienen que dejar de lado la mente para poder sostener ese cuerpo. Y que las ideas pasen y poder ir en pos de eso que querés. Creo que es una disciplina, sobre todo es disciplina lo que uno más adquiere corriendo, y eso es útil para todo al final.

–En la carrera del actor la disciplina es clave, ¿cómo vivís esta profesión con sus altibajos?
–Como actor sos una especie de desempleado constantemente, nunca sabés en realidad qué va a seguir, no hay una certeza y eso es lo que más me gusta también de este trabajo, que nada está asegurado, hay problemas, hay solo promesas. Vos vas descubriendo y las cosas van llegando de alguna manera o vos vas yendo hacia esas cosas, pero no hay caminos, entonces tu propio camino frente a la actuación empieza a ser diverso. Tu propia manera de dialogar contigo en estos momentos de bache donde no hay trabajo también te desarrolla como persona, me gusta el diálogo al que te obliga la actuación en esos momentos de parar y no saber qué va a pasar, que están muy conectados a la vida para mí.
Me gusta esa incertidumbre que tiene la profesión. Y la disciplina es clave porque no solo te ayuda al trabajo en sí y a enfocarte y poder hacerlo rigurosa y continuamente, sino que también te permite igualmente entrenar o seguir desarrollando otras cosas y entender que hay un poquito más allá que solamente el momento de trabajar en la actuación, aunque para mí es de los momentos más felices de mi vida y es lo que deseo siempre: estar en el set, en el rodaje, en la obra de teatro, a punto de estrenar.
–¿Qué te pasó la primera vez que estuviste en un set o arriba de un escenario?
–Fue tan natural, tan natural... hay una foto mía de chico que me gusta mucho, es una foto que tengo en Instagram y claro, me daba cuenta hace unos días de que estoy en un escenario y dije ¿será esta la primera vez que estuve en un escenario? Es como que fue llegando, fue tan natural para mí la actuación, entender que eso era lo que me gustaba, que no me doy cuenta cuándo llegó el escenario, me puedo acordar de alguna situación puntual, de alguna obra, de algún nervio en particular antes de subir, de que siempre se te viene la sensación de: “¿qué hago acá? ¿Por qué no tengo un kiosco? ¿Por qué estoy haciendo esto?”. Hasta que entrás y cambia todo y entendés por qué estás haciendo eso. Pero fue supernatural, no me reconozco en ese momento.

–¿Tenés planes laborales para este año?
–Hay cosas que ojalá... ojalá. Yo soy muy tranquilo para los proyectos; para tomar una decisión necesito tiempo. Como soy vergonzoso en general tengo una sensación de vergüenza muchas veces frente a cosas sencillas que no logro superar y eso me hace ser dubitativo a la hora de decidir sobre un proyecto.
Normalmente con los proyectos a los que me he dedicado pasa algo alucinante, que es que llegan, los leo y entiendo que eso es para mí, para contar lo que me gustaría; le veo el corazón a la cosa y ahí ya no me importa nada. Llegar a ese momento es difícil y al mismo tiempo, como no soy apurado, no me preocupa que pase un tiempo entre una cosa y otra.
A la vez, en cine me interesa el proceso, porque uno mismo va cambiando, va madurando, y de un personaje al otro se puede distanciar y hay un tiempo de madurez ahí que me gusta experimentar desde la actuación, entonces yo te diré: la verdad es que no lo sé y así como hoy no lo sé, mañana puede ser que tenga un proyecto para dentro de un mes.

