John Katzenbach: "Todos los libros deberían darte esa sensación de querer seguir leyendo"

El célebre escritor estadounidense volvió a la Argentina para presentar El club de los psicópatas, la última novela del bestseller que, al igual que la mayoría de sus libros, ya lidera los rankings y causa furor entre sus fanáticos.

En épocas en las que el éxito y la popularidad se miden en cantidad de seguidores, likes o visualizaciones en Instagram, John Katzenbach no tiene redes sociales; aun cuando su última novela, El club de los psicópatas, se sumerge en lo más profundo del lado oscuro de internet. O tal vez sea justamente por eso. Además, quién necesita de admiradores virtuales cuando los de carne y hueso se manifiestan permanentemente comprando sus novelas y se le aparecen en cuanta presentación y firma de ejemplares participa. 

Su famosísima novela El psicoanalista vendió más de diez millones de copias, El club de los psicópatas ya lidera los rankings, y en su reciente paso por la Feria del Libro no solo llenó la sala de mil espectadores –mientras otros cientos siguieron la charla desde una pantalla gigante–, sino que firmó más de 250 ejemplares. Y podría haber seguido pero, tras experiencias anteriores en las que se quedó pluma en mano hasta pasadas las 3 de la mañana, esta vez debieron ponerles un límite a esos lectores que no son solamente insaciables con sus historias.

“Como escritor tenés que amar la historia que estás escribiendo y esperar que las personas que la lean también sientan lo mismo.”

–¿Sos consciente de que sos una especie de Mick Jagger para el mundo de los libros en la Argentina?

–Mi familia piensa que todo esto es ridículo (risas). Porque me ven como el viejo que está en su escritorio tipeando, y que cada año, o cada tanto, hace surgir algo de ahí (risas). Pero hablando en serio, respeto muchísimo a toda la gente que se acerca, a la que lee los libros, porque son personas a las que las palabras les significan algo, y como autor no podés pedir más. Una de las cosas que me da una gran satisfacción es ver la amplitud de edades. Eso es genial.

–Este año tuviste que limitar el horario de la firma de ejemplares por la cantidad interminable de gente que se acercó. ¿Cómo vivís ese nivel de fanatismo, que en la Argentina es aún más grande que en otros países?

–Tendrías que venir conmigo a México o a Colombia; también tengo muchos fans en Europa. Pero son mucho más refinados, especialmente en Alemania, como más serios. Pero de algún modo te da una idea de la presión que las estrellas de rock o las actrices de cine pueden llegar a tener, eso de estar todo el tiempo bajo la lupa. Ahí uno entiende por qué sus vidas se tornan tan estresantes. Yo vuelvo a mi casa, a mi oficina, y escribo mi próximo libro absolutamente solo.

–Pero imagino que habrá mucha presión ahí también, ¿o no?

–No tanto como creés. Cuando era más joven sí había más presión. Ahora escribiría este libro, por ejemplo, si me leyera una persona o me leyeran un millón. En definitiva, uno tiene que escribir para ser fiel a sí mismo. Odio sonar como que me autofelicito, pero como escritor tenés que amar la historia que estás escribiendo y esperar que las personas que la lean también sientan lo mismo. Con mis amigos escritores solemos hacer bromas con que, si tratás de escribir un libro pensando en que se haga una película, va a salir mal, seguro no lo lográs. Y lo mismo sucede si te sentás a escribir tratando de satisfacer al resto.

“Quería escribir ficción pero no sabía mucho sobre el mundo. Así que fui periodista para aprender.”

–¿De qué manera lográs sacar esa idea de tu cabeza? Porque, de hecho, varias de tus novelas fueron adaptadas al cine.

–Te cuento una anécdota. En La guerra de Hart, que después fue película, hay una escena al final del libro en la que los dos protagonistas caminan frente a todo el campamento de prisioneros de guerra y los prisioneros empiezan a golpear con sus pies; y yo escribí que ese sonido era como Joshua tocando su trompeta y los muros de Jericó derrumbándose. Fue una de las mejores escenas que escribí en mi carrera. Y cuando llegó la película fue lo primero que sacaron (risas). Así que aprendés después de eso.

–¿Sufriste cuando viste que eso había ocurrido?

No, porque de lo que yo estaba orgulloso era del libro que escribí, con las palabras que escribí, con mi nombre ahí. No importa cuánto uno quiera que le gusten las películas, tiene que diferenciar lo que hizo de lo que hicieron otros. Es fácil decirlo, pero es más difícil de experimentar.

–Hace un tiempo, alguien utilizó una expresión que me gustó mucho: habló de libros “ensucia-zapatos”, esos que no podés dejar de leer incluso caminando por la calle, aun a riesgo de pisar cualquier cosa.

–(Interrumpe) ¡Esa es una de las cosas más lindas que me han dicho! De algún modo, lo que me recuerda es que yo siempre estoy pensando en que haya energía, acción; que no solo es respecto de lo que las personas piensan sino que esos pensamientos generen una acción. Y yo espero que los lectores se sientan atraídos hacia eso.

–Sin embargo, hay cierto tipo de prejuicio hacia este género, con estos libros “adictivos”. ¿Cómo te hace sentir esto?

–Quiero ser cuidadoso con mi respuesta. Creo que es una tontería. Todos los libros deberían darte esa sensación de querer seguir leyendo. Recuerdo tener 16 años y estar leyendo a Dickens, Grandes esperanzas. Lo leí en una noche. ¿Por qué es diferente eso con relación a cualquier thriller psicológico? Una buena narrativa es una buena narrativa, punto. La crítica a los bestsellers es que son “menos literarios”. Pero creo que una novela literaria tiene las mismas demandas; tenés que estar fascinado por los personajes, la historia. ¿Por qué es diferente?

–Es lo que ocurre en la actuación y la comedia con relación al drama, que es menospreciada cuando en realidad es muy difícil de hacer.

–¿Cuál era la famosa cita? ¿Que la comedia es tragedia más tiempo? La realidad es que no importa qué tipo de novelista seas. Lo que realmente estás haciendo es tratar de escribir el mejor libro que puedas. 

–Parte de la escritura de El club de los psicópatas fue durante la cuarentena. ¿Creés que afectó de alguna manera tu escritura? ¿Te influyó anímicamente el encierro?

–Mi esposa dice que yo ya soy un aislado social habitualmente (risas). Voy a mi oficina y no hablo con nadie. El problema más grande, mientras escribía, era que la historia era contemporánea a la pandemia, así que debía encontrar la forma de usarla al final del libro. Y le tomé la mano a cómo hacerlo con los tapabocas, las máscaras. Tengo amigos escritores que tuvieron que cambiar los comienzos de sus libros, aclarando que la acción comenzaba en 2017, por ejemplo. Y peor para los que hacen películas.

–¿Tenés tiempo para mirar series o películas? ¿Qué disfrutás ver?

–Me encanta mirar deportes en televisión, podría estar en el sillón por horas. No soy diferente a nadie, las series me atrapan como a todos. Cinematográficamente hablando, se acercan mucho más a las novelas que las películas. Desarrollan los personajes más profundamente y las tramas son más ricas. La española La casa de papel me pareció fantástica, adictiva; esa mezcla de malos, buenos, tantas cosas que pasan todo el tiempo. Algunas de las series británicas policíacas son muy buenas. Peaky Blinders me gusta mucho.

–Comúnmente se dice que la realidad supera a la ficción, y vos tenés un pasado como periodista de judiciales. Me pregunto por qué te fuiste a la ficción que, guiándonos por la frase, sería la menos interesante de ambas.

–Supuestamente (risas). Quería escribir ficción pero no sabía mucho sobre el mundo. Así que fui periodista para aprender. Ser periodista me enseñó muchas cosas todos los días. Una vez que ya sentía que había aprendido suficiente, y después de una conversación con la que entonces era mi novia y ahora es mi esposa, que también es periodista, surgió el hecho de que yo empezara a escribir ficción. Ahora yo soy solo un viejo psicópata (risas).

–Tengo entendido que nunca hiciste terapia, así que no lo habrás charlado con un psicólogo. ¿Nunca sentiste un poco de miedo por estas ideas que se te ocurren para tus novelas? ¿Alguna vez te encontraste pensando “de dónde salió esto”?

–Es una buena pregunta (risas). Pero no, no realmente. De hecho, cuando se me ocurre algo bien enroscado, me encanta, me pongo contento (risas). Tal vez cuando tenga 100 años mire para atrás y piense “¿qué estaba haciendo, qué me pasaba por la cabeza?”. Pero todavía falta.

–Tu esposa duerme tranquila a tu lado así que eso es una garantía.

–(Risas) Ella ya se relajó y no le importan todas las locuras que se me ocurren. 

Fotos: Penguin Random House

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