Así fue el show de Metallica que hizo vibrar a Buenos Aires

El ansiado encuentro puso fin a una espera de dos años producto de las reprogramaciones por la pandemia. 5 pantallas, 60.000 personas y 4 jinetes del metal que nos regalaron un concierto apasionado y feroz.

Eran poco más de las 21hs cuando las inmensas pantallas que abrazaban el escenario del Campo Argentino de Polo se encendieron. Nos mostraban la escena del cementerio de la película de 1966, “The Good, the Bad and the Ugly” (El bueno, el malo y el feo), dirigida por Sergio Leone y protagonizada por Clint Eastwood. La banda sonora del film fue hecha por Ennio Morricone y exactamente en esa parte es que suena “The Ectasy of Gold”.

Ustedes se preguntarán por qué hago todo este preámbulo, y es que desde los 80 que Metallica usa esa canción en sus conciertos producto de la devoción y fanatismo por el músico italiano. A todo esto y con la película de fondo, el público argentino ya estaba coreando la orquesta sonante.

Metallica en el Campo Argentino de Polo. PH: @nicopapa.photo

La escena llega a su fin y las pantallas se van a negro para empezar a jugar con el ritmo de una batería que sonaba al son de las luces, entre azules y rojas. Y sí, Lars Ulrich ya estaba en el escenario dándole fuerte al redoblante con el resto del equipo. A lo lejos, se veía la sombra de James Hetfield acercándose al micrófono mientras hacía sonar su Flying V blanca. Al grito de “¡Buenos Aires!”, nos brinda el saludo inicial con los acordes de “Whiplash”, acompañado por Kirk Hammett y Robert Trujillo. Y se imaginarán que automáticamente se pudrió todo.

Siguieron “Ride the Lightning”, “Fuel” y “Seek & Destroy”, con las imágenes de tickets antiguos de viejos conciertos y un primer plano a la entrada del primer recital de la banda en Argentina, en la cancha de Vélez, en 1993. Dos temas después, se empieza a escuchar el diálogo de la película “Johnny Got His Gun” (Johnny tomó su fusil) de 1971, y eso sólo puede indicarnos una cosa: se viene el himno “One”. Acá empezaron los fuegos y pirotecnia a acompañar el show que, junto con la inmensidad de las pantallas, podías verlo todo muy bien desde los diferentes ángulos y sectores.

Un show demoledor a puro mate

Hetfield agarró un mate (sí, tenía un mate entre los instrumentos), brindó con el público exclamando un “¡salud!”. Y se lo tomó. Automáticamente presentó el próximo tema en inglés donde dijo que esperaba que la audiencia haya traído sus voces fuertes porque la iban a necesitar en este mismo instante. Llegó “Sad but True”, y el ingreso de la batería en este tema merece verse y oírse en loop una y otra vez porque lo que hace Lars te eleva y energiza a otra dimensión.

Despúes sonaron varios temas entre los que se destacaron “Unforgiven”, “From Whom the Bell Tolls”, “No Leaf Clover” y “Master of Puppets”, y que lindo es escuchar este último solo en vivo. Después de una especie de pausa en silencio, se asoma una bandera argentina en la pantalla y entran nuevamente en escena con “Spit Out The Bone” y el clásico “Nothing Else Matters”, que (y por suerte) no podía faltar.

En esta instancia pareciera como si el público supiese que se venía la última porque el relato de lo que aconteció no va a describir con exactitud lo que se vivió en el predio. “Enter Sandman” fue el saludo final y realmente todo explotó a unos niveles inmensurables. Fue realmente una fiesta de la que nadie se quería ir. Inclusive, terminaron de tocar y ninguno de los cuatro músicos abandonaba el escenario.

Mención aparte para el público argentino. No hubo canción en la que no saltaran, no acompañaran con un puño en alto o bien, que no cantaran. Aún cuando sólo se oían partes instrumentales, entre los riffs de viola y los golpes de bata, eso también se coreaba. Es una magia absoluta que, cuando la audiencia de la vieja escuela de la música aparece, no hay dudas de que vas a ser testigo y partícipe del mejor público del mundo. Y ellos también lo vieron.

Lars Ulrich (batería) y James Hetfield (voz y guitarra) en pleno concierto. PH: @trigogerardi

Terminado el show, tiraron un sinfín de púas, algunas baquetas de batería, hicieron monerías y jugaron. Uno a uno se iban acercando al micrófono para saludar a los presentes, inclusive, Trujillo agitó a la hinchada con un “Vamos, vamos, Argentina…”, que el público rápidamente siguió hasta el final. Lars, anonadado por el coro de almas que no paró un segundo (y recordemos una vez más que ya todo había terminado), tomó el micrófono y preguntó qué era esa canción. Luego agradeció, pero no porque los estuvieron esperado estos últimos dos años en los que la fecha del concierto se iba modificando producto de la pandemia, sino por estar con la banda fielmente los últimos 40.

Un concierto completamente apasionado y poderoso que le puso fin a la ansiada espera e incrementó el fuego del metal en los cuerpos argentinos.

Agradecimientos: DF Entertainment

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