The First Lady: cómo es la serie basada en la vida de las primeras damas que marcaron a fuego la historia de los Estados Unidos

Una charla en exclusiva con la actriz internacional Gillian Anderson y con Viola Davis, ganadora del Oscar, protagonistas junto a Michell Pfeiffer de la serie que reconstruye las experiencias de Eleanor Roosevelt, Betty Ford y Michelle Obama.

Tres mujeres formidables encabezan una serie al mando de una directora que cuenta en su haber con una película ganadora del Oscar. Un tuit podría presentar así a The First Lady, la serie que se estrenó en Paramount+ y recorre tanto la vida como las circunstancias históricas de tres primeras damas: Eleanor Roosevelt (Gillian Anderson), Betty Ford (Michelle Pfeiffer) y Michelle Obama (Viola Davis), pero lo que ese tuit no contaría es a cuántas presiones te somete el poder, cuál es el costo de no renunciar a tu propia voz y cuán difícil es la paridad de género tanto en el trabajo como en la vida.

Las protagonistas y la directora, Susanne Bier, lo saben porque en la industria audiovisual todavía hay mucho camino por recorrer en busca de la igualdad de salarios, condiciones contractuales y grandes papeles para actrices que superen los 40. También tienen en claro que en los Estados Unidos hablamos de primeras damas porque aún ninguna mujer llegó a la presidencia. Hace unos años circulaba un posteo que decía: “Los estadounidenses son más misóginos que racistas porque Obama pudo ser presidente y Hillary no”. Ya sabemos que los chistes funcionan cuando develan una cuota de verdad.

The First Lady se despliega en varios niveles, como relato histórico que cruza tres líneas temporales, radiografía sobre la intimidad de la política y, sobre todo, como una reivindicación de mujeres que cambiaron el mundo y lograron escapar de la objetivación planteada por ciertos infames duelos de estilos propuestos por los medios

Viola Davis y Gillian Anderson charlaron vía Zoom con EPU y tienen mucho para decir al respecto.

Un trabajo largamente menospreciado

En tiempos de POV le preguntamos a Gillian si The First Lady cambió su punto de vista acerca de las primeras damas. “Claro que sí, y te digo que no solo interpretando a Eleanor Roosevelt sino viendo las otras historias que se desarrollan en la serie, porque las experiencias de esas mujeres son diferentes. Se acercan en algunas cosas y son muy distintas en otros aspectos. En un punto, el de la primera dama siempre ha sido un trabajo poco agradecido, y muchas de ellas son sobrevivientes. Te digo más, no solo eso, son heroínas”, responde Anderson, con su característica voz raspada.

La cámara está apagada pero podrías reconocer que es ella aunque tuvieras los ojos vendados. Su experiencia es muy particular, viene de interpretar a Margaret Thatcher en la monárquica The Crown y ahora descubre otros vericuetos del poder democrático en The First Lady. El amor con el que describe a su personaje te llega cada vez que lo nombra.

“Estas tres mujeres fueron encontrando sus propias voces, construyéndose y siendo respetadas, transitando distintos caminos para lograrlo, muchas veces contraponiéndose a su tiempo.”
(Gillian Anderson)

Eleanor fue una mujer de la alta burguesía que lidió con la orfandad, la parálisis de su marido, Franklin D. Roosevelt (encarnado por el gran Kiefer Sutherland), una suegra dominante y varias tragedias familiares. No obstante, fue pionera en la lucha por la igualdad de derechos, el acceso de las mujeres a la educación superior y la creación de organismos internacionales. Ella sostuvo la carrera política de su esposo, quien también era su primo lejano, durante sus cuatro períodos presidenciales y supo crearse una propia desde la empatía con el prójimo.

“Eleanor era alguien que reaccionaba poco, y yo soy todo lo contrario”, dice Anderson, se ríe y agrega: “Así que en ese sentido fue toda una experiencia interpretarla, porque fue una mujer muy amable, sensible y compasiva que toda la vida sintió que su propósito era cumplir con su deber. Ese fue su motor: acompañar”.

La mirada atenta

Viola Davis pregunta si es su turno y dan ganas de responderle que su turno es siempre, porque es una actriz brava, ganadora del Oscar, extraordinaria. Ella es quizás quien tiene la tarea más difícil: interpretar a Michelle Obama, que, al estar tan fresca en nuestra mente, la obliga a hacer un retrato fiel, escapándole a la tentación de imitar ciertos gestos.

Pero Viola está lejos de eso, lo suyo es actuar a fondo. “Michelle se negó a ser invisible, corrió todos los límites”, cuenta Davis, y para una actriz afroamericana que triunfó en una industria so white no es una afirmación cualquiera. “Es duro el papel de primera dama. Nadie quiere todos los ojos puestos sobre su existencia porque la vida es jodida, cometés errores, te mandás macanas y eso no se les permite. Están todo el día bajo escrutinio público, viste cómo es, se la pasan analizando qué se ponen, cómo lo usan, qué dicen y cómo lo dicen. Su autoestima y sus valores siempre están tironeados por todo el mundo”, remata tan firme como Michelle, la abogada brillante que proviene de una familia trabajadora y llegó a ser una de las diez profesionales más destacadas de los Estados Unidos, antes de su arribo a la Casa Blanca. Una mujer profesional que siempre abogó por la salud pública, las políticas de Estado para resguardar a los sectores más vulnerables, el acceso igualitario a la educación y la paridad racial y de género.

“Quizás dentro de diez o quince años no recordaremos cosas que pasaron, pero seguramente jamás olvidaremos a los Obama.”
(Viola Davis)

No nos hacemos los distraídos: nos falta una primera dama, Betty Ford, encarnada por Michelle Pfeiffer. Se le complicó sumarse a la entrevista pero está estupenda como una Betty que fue mucho más que los célebres Centros de Recuperación para adictos que creó. 

Betty Ford fue una primera dama muy poco convencional y controvertida para el ala dura del Partido Republicano. Ex modelo y bailarina de la compañía de Martha Graham, divorciada, apoyó al movimiento feminista y se manifestó a favor del aborto. En una época donde se escondía la enfermedad, habló públicamente del cáncer y de su mastectomía así como también de su lucha contra el alcoholismo y los opioides. Participó activamente en los medios, escribió sobre la importancia de la salud mental cuando nadie tenía el tema en agenda y se diferenció de las opiniones de su pareja llegando a tener un 75 por ciento de imagen positiva en las encuestas, aun cuando Gerald Ford (un casi irreconocible Aaron Eckhart) perdió las elecciones. Betty dijo: “Ojalá mi marido hubiera manejado ese porcentaje”. Un poco de franqueza entre tanto caretaje. Su hija Susan (interpretada en la serie por Dakota Fanning) heredó su pasión por las mismas causas sociales.

Michelle Pfeiffer interpretando a Betty Ford.

Lo público y lo privado

Lejos de los vericuetos de House of Cards pero con una interesante cuota de intriga, uno de los indudables aciertos de The First Lady es hacer foco en esa intimidad inaccesible para los medios.

Dice Viola Davis con respecto a cómo fue recrear ese aspecto de Michelle: “Cuando construís un personaje histórico, en el fondo te aproximas a él del mismo modo en el que lo hacés con cualquier otro rol, porque tenés que interpretarlo de una manera emocional, y el desafío es que si bien conocés los hechos, siempre hay algo que se escapa y son las circunstancias personales. Entonces llenar esos casilleros que no están es algo difícil porque no podés inventar todo. O podés hacerlo pero sabés que vas a tener que bancarte las consecuencias”, dice riéndose, preparada para las críticas.

Y añade: “El desafío más grande para los actores es reflejar lo público y lo privado. En el caso de mi personaje, lograr que la dinámica de la privacidad entre Michelle y Barack funcione es fundamental, sobre todo teniendo en cuenta que es un personaje cuya historia está tan presente en nosotros. Tuve miedo y por dos obvias razones: la primera es porque está muy viva, y la segunda es que es una mujer adorada. ¿Sabés? Es alguien que se animó a decir lo que quería decir, a dar su opinión y a cambiar la manera en la que nos ve toda una nación. Quizás dentro de diez o quince años no recordaremos cosas que pasaron, pero seguramente jamás olvidaremos a los Obama”.

Le pregunto a Gillian si las decisiones de vida tomadas por estas tres mujeres son políticas y cómo se entrama lo personal y lo público en su legado, y contesta: “Sus historias están completamente inmersas en la Casa Blanca, sus vidas privadas son inseparables de su llegada a la función pública, algunas decisiones extremadamente difíciles que los presidentes tuvieron que hacer en ciertos momentos impactaron en sus esposas, y las que ellas tomaron también impactaron en sus maridos. Fueron encontrando sus propias voces, construyéndose y siendo respetadas, transitando distintos caminos para lograrlo, muchas veces contraponiéndose a su tiempo”.

Quedan pocos minutos y Viola Davis pide agregar algo, siente que hay que decir lo importante. “La política las rodea, pero al final del día es su historia, son sus vidas, su manera de sortear los obstáculos, de enfrentar los problemas, el foco está en ellas… ¡y vos sabés que usualmente está en los tipos! (se ríe). Obviamente, cuando tratás un asunto así está la política de fondo, pero pasa lo mismo que cuando leés un libro. Al final el tema es la gente. Siempre es la gente.”

Fotos: gentileza Paramount+

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