Residente: un agente social de Latinoamérica dispuesto a explotar desde adentro

Con "This is Not America", junto a Ibeyi, René Pérez Joglar vuelve a disparar contra las injusticias que avanzan con fuerza en América latina. Una historia llena de lucha y protesta, estadios, censura, premios internacionales e interminables polémicas.

Es un hombre, pero podría ser otra cosa: el viento, el sol, la lluvia, el calor. Nació mirando para arriba el 23 de febrero de 1978 en San Juan, Puerto Rico. Su familia era grande, en su casa eran ocho: hermanos, abuela, mamá y padrastro. De chico, estudió en la Escuela Libre de Música y, luego, Ciencias Políticas y Derecho en la Universidad de Puerto Rico. Y después de estudiar tanto, terminó siendo rapero. Se llama René Pérez Joglar y su alias fue Calle 13, como su banda. Y desde siempre fue Residente, un agente social de Latinoamérica dispuesto a explotar desde adentro.

Cada tanto, gracias a su verba frenética y a su activismo social, René se convierte en noticia mundial. Como lo fue en 2009, durante la gala de los Premios MTV, cuando se alzó contra el gobernador Luis Fortuño luego de que terminara con 30 mil empleos públicos. Allí, tomó el micrófono y dijo: “Latinoamérica está incompleta sin Puerto Rico libre. Hoy todos los puertorriqueños se tiraron a una marcha para luchar en contra del desempleo. El gobernador de Puerto Rico está botando gente, el gobernador de Puerto Rico es un hijo de la gran puta”. Eso le valió la cancelación de su show en San Juan y una prohibición de años.

Saltándose de un tirón la flamante grieta de artistas latinos y redoblando la apuesta con su mensaje social, René estrenó “This is not America”, una especie de respuesta al “This is America” de Childish Gambino. Sin escaparle el culo a la jeringa, dispara contra las dictaduras, embiste de frente al gobierno de Jair Bolsonaro, recuerda a Víctor Jara, Tupac Shakur, a los “cinco presidentes en once días” y canta: “América no es solo Estados Unidos, papá”. Porque, en sus palabras, “América va desde Tierra del Fuego hasta Canadá”.

La 'tiraera' contra J Balvin

Sin embargo, hoy dejó mínimamente pausada su crítica política y se convirtió en noticia debido a un “0”, una bronca con otro músico, que expresó en las mil barras de su BZRP Music Sessions #49, junto al productor argentino Bizarrap. Allí, carga sus cañones contra el colombiano J Balvin. “Esto lo hago pa’ divertirme.” Y, enseguida, el teledirigido le cae al cantante de “Perra” diciéndole “Una cosa es ser artista, otra cosa es ser famoso” y “Se tiene que tatuar la palabra ‘lealtad’ porque se la olvida”. 

El nudo de todo esto es una diferencia a propósito de sus perspectivas sobre la música, los premios y el prestigio. Este gesto, el del beef entre un artista y otro, es más viejo que la escarapela en el mundo de la música urbana. Y, en términos de efectividad, esta carta abierta de Residente a J Balvin ya juntó más de 60 millones de reproducciones. Los escupitajos volaron de un lado a otro, con aliados y nuevos enemigos. Una especie de retroalimentación donde, en parte, ambos salieron ganadores.

René, junto a su pueblo

Pero, como vimos, las tiraderas no siempre fueron para otros artistas. Así lo demostró en 2019 cuando viajó a su Puerto Rico natal para acompañar al movimiento cívico que pedía la renuncia del gobernador Ricardo Rosselló. La filtración de chats misóginos y la profunda crisis económica llevaron al pueblo puertorriqueño a movilizarse en las calles y a entronizar en René una especie de vocero: “Me voy a encargar de que internacionalmente todo el mundo sepa lo que está pasando con este gobierno”, dijo en una entrevista con la televisión local. “Con ese flow, le ponés un beat y parece un tema”, escribió un usuario de YouTube en la caja de comentarios.

En su vida hubo fragor, largas temporadas de giras, éxito, introspección, vínculo con una Miss Universo, paternidad y más aventuras de todo tipo y color. Hubo una participación en el homenaje a las Madres de Plaza de Mayo, en 2017, en la que tiró: “Tumbaron al hombre, pero no a la idea. Aquí se respeta o se te espeta”. Hubo charlas con presidentes, como la visita al uruguayo José “Pepe” Mujica en 2012 (portando una remera de Mariano Ferreyra, el militante del Partido Obrero asesinado en 2010) o su conversación pandémica con Alberto Fernández en 2020, en la que dialogaron sobre tiempos convulsos, bloqueos económicos, solidaridad.

Residente enlista sus ideas y su militancia en las luchas populares, como la independencia de Puerto Rico, la causa mapuche, el activismo estudiantil y los movimientos sociales de América latina.

En busca de su ADN, en plan introspectivo

René, que se considera “mitad argentino” (como le dijo a Mario Pergolini en 2017, a propósito de su relación con la modelo y actriz Soledad Fandiño y de Milo, su hijo en común), siempre le escapó a la comodidad. Por eso, también, durante un tiempo, René detuvo su vorágine y se metió a escarbar en su propio ombligo, en su propia historia.

Y de eso devolvió un hecho artístico: Residente, su primer disco solista, una película documental y un sitio web interactivo y conceptual. Ahí, después de un test de ADN, descubrió que tiene antepasados nativo americanos, árabes, de Benín, de Ghana, de Burkina Faso, de Níger, entre otros. Y con ese envión, con aquel recorrido antropológico lleno de preguntas, creó música basada en su genes. Una música sin fronteras.

Con esa misma vibra se lo vio en “René”, canción en la que cuenta que, entre otras cosas, de chiquito quiso ser beisbolista, pero que con sus hits los batió encima de una pista. Bucólico, nostálgico y algo melancólico, “René” regala coordenadas de su propia existencia, como que a veces escribe sobrio pero también borracho, que siempre fue “clase media” y que en su familia “nunca fueron dueños”, que de pequeño comía pan con ajo, que su mamá bailaba flamenco y que su padrastro, papá de Eduardo Cabra (Visitante, la otra mitad de Calle 13), “se fue con otros peces”.

Sacó discos, se comió al mundo en mordiscos. Vivió la censura, siempre dijo todo lo que sintió. Vivió. Vive. “Yo quiero volver a ser yo”, llora en “René”. En tanto, Residente enlista sus ideas y su militancia en las luchas populares, como la independencia de Puerto Rico, la causa mapuche, el activismo estudiantil y los movimientos sociales de América latina. “No es que esté de acuerdo, pero Estados Unidos gobierna mi país, lamentablemente”, le dijo a Pergolini, en otra de sus entrevistas, en 2018.

Multipremiado

Ganador de veintisiete Latin Grammy y de cinco Grammy, ha colaborado con campañas sociales de Unicef y de Amnistía Internacional y hasta recibió el Premio Rodolfo Walsh otorgado por la Universidad Nacional de La Plata (“por su aporte a la comunicación y la cultura popular”) en 2012. Gritó y discutió. Revolvió ideas. Cantó. Y mucho. Sí, cantó –desgarrado, sentido, pasional– como en esa versión de “Latinoamérica”, junto a un tendal de músicos entre los que está el argentino Gustavo Santaolalla, donde dice “Soy Maradona contra Inglaterra anotándote dos goles”. Para completar la faena con un “El que no quiere a su patria, no quiere a su madre”.

Y como con el aikido, siempre se jactó de “usar la fuerza del enemigo”. Tal y como entona en ese himno inmarcesible que es “Calma pueblo” (feat. las guitarras de Omar Rodríguez-López, de The Mars Volta): “Mi disquera no es Sony, mi disquera es la gente”, “Le tiro duro a los gringos y me auspicia Coca-Cola” y la famosa frase “adidas no me usa, yo estoy usando adidas”. En cada canción, pistas de su personalidad; en cada letra, pequeños retazos de su historia; en cada barra, la potencia de su mirada.

Si Calle 13, que duró una década (entre 2004 y 2014), lo puso en el firmamento de las estrellas de la música urbana, su búsqueda personal, de 2015 en adelante, lo tiene igual de observador, igual de comprometido, igual de urbano. Pero cada vez más picante: “Hoy les tumbo el marketing de un tirón, como tumbamos las estatuas de Cristóbal Colón”, dice en su colaboración con Bizarrap, enfundado en su icónica camiseta blanca.

Así las cosas, lejos del beef y de las controversias, su espíritu más nítido se ve en “La perla”, en donde regala imágenes de arroz con habichuelas, pibes saltando de techo en techo, paisajes celestes, gringos sacando fotos, heladeras con cerveza y hielo, gente bonita rodeada por agua, difuntos pintados en la pared con aerosol y los que quedan jugando basquetbol.

La zona de Trujillo Alto, la urbanización de clase media trabajadora de la que salió, se yergue como una especie de universidad callejera. Como la guía, perfecta e imperfecta a la vez, para entender a este artista que escribió que no se puede comprar al viento, ni al sol, ni a la lluvia, ni al calor y que, quizás, solo quizás, cuando escribía eso, también hablaba de él.

“América no es solo Estados Unidos, papá. América va desde Tierra del Fuego hasta Canadá.”

Fotos: gentileza Sony Music

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