El concepto de colección está en plena mutación, las prendas ya no poseen una fecha de vencimiento marcada por las tendencias, se confecciona cada vez más a demanda y ha caído la noción de temporada. La moda sustentable ya es una realidad.


Sustentable, circular, zero waste, orgánico, natural, ecológico. El diccionario de la moda sostenible está en plena vigencia mientras la diseñadora Stella McCartney, una reconocida abanderada de la causa, se reúne en una cumbre de líderes mundiales.

La acción desató aplausos y también varios peros: durante la pandemia, Stella ha tenido conflictos laborales con sus empleados que terminaron en arreglos extrajudiciales, y hay quienes plantean la imposibilidad de una moda circular sin trabajo justo. Si mencionamos el famoso triple impacto (económico, ambiental y social), el trípode queda chueco y la selfie saldrá torcida.

En un mundo hiperconectado, los problemas también están globalizados: largos meses reordenando pandémicos placares demostraron la cantidad de objetos acumulados que teníamos. Las ferias americanas, varias en una reformulada versión online, recibieron toneladas de prendas e hicieron foco en una nueva generación de clientes que valora el paso del tiempo y el consumo responsable.

Que la ropa circule, se compre, se venda, se trueque, es un buen punto de partida para una economía y una industria en crisis. Debatir si es posible una moda argentina sustentable es el desafío.

Inti-nerario sostenible

Karen Zander está al frente del Departamento de Tecnología del Diseño e Industria de la Moda en INTI. Le pregunto dónde estamos parados en materia de moda circular y si podemos hablar de un cambio en la industria nacional. Karen responde: “Cada vez más diseñadores, emprendedores, pymes y empresas argentinas se están alineando a una visión de una economía circular para la industria de la moda a través de diferentes acciones dentro de la cadena de valor”. 

¿Cómo se pone en movimiento circular a una industria apegada al proceso lineal? “Creo que para lograr encaminarnos de a poco hacia este nuevo paradigma necesitamos de los esfuerzos de colaboración de parte de todos los actores involucrados (industria, Estado y academia) junto a inversiones, innovación a gran escala, transparencia y trazabilidad”, señala Zander

Es inevitable repreguntarle cuánto hay de buenas intenciones y cuánto de realidad en ese diálogo. “Sabemos que cada vez más empresas están trabajando con energías y materiales renovables; esa es la base de una economía circular, acompañada por principios como la eliminación de los desechos y la contaminación o el diseño de materiales, textiles y prendas durables con insumos seguros y renovables”, señala. 

“Hay diseñadores que están trabajando sus colecciones con materiales biodegradables y concientizando a sus usuarios para que cuando sus prendas terminen su ciclo de vida ingresen en circuitos biológicos, como el compostaje. 

También hay cada vez más empresas textiles argentinas que trabajan con procesos sustentables, como ahorro de energía, agua, uso eficiente y responsable de químicos como colorantes, respetando los listados de sustancias restringidas”, remarca Zander, que asegura que trabajan en un relevamiento federal para redefinir procesos, productos y servivios a través del ecodiseño. 

Cultivador de objetos

Silvio Tinello es diseñador industrial egresado de la Universidad de Córdoba, docente de la Carrera de Diseño en la Universidad Di Tella y creador de un desarrollo textil con identidad argenta. Experimentó las infinitas posibilidades de una celulosa derivada de la yerba mate en la confección de accesorios. Una verdadera innovación en materia textil. 

“Siempre digo que la creatividad no pide permiso”, sentencia Silvio, y suma: “Cuando hice mi tesis como diseñador industrial entendí que lo mío iba por la innovación de materiales. En mi segunda tesis investigué el proceso productivo de la yerba mate gracias a una beca Fulbright para la que fuimos seleccionados varios profesionales de distintas áreas con el fin de investigar tecnologías en los Estados Unidos. Ahí empecé a pensar la yerba mate no sólo como alimento sino como la posibilidad de desarrollar materiales. O sea, transferir la identidad argentina a la cultura material argentina. Así descubrí el mundo de la biofabricación”, cuenta Tinello.

Es inevitable preguntarse cómo puede transformarse ese mate que te estás tomando en una cartera. Le pido que me cuente un poco más. “Conocí a Suzanne Lee, pionera del concepto de cultivar prendas, y de ella obtuve la receta para cultivar celulosa bacteriana. Yo había empezado a experimentar con hongos para hacer objetos sólidos, pero incorporé esta nueva técnica y fue fundamental. Con eso comencé a crear los primeros accesorios, bow ties, calzados, carteras y bolsos”, explica.

Silvio Tinello

Le pregunto si como docente piensa que estamos parados en el filo de un paradigma de consumo a punto de caer, y contesta: “Vamos hacia un cambio porque como especie nos estamos dando cuenta de que los modelos que venimos replicado desde la Revolución Industrial –tomar, usar y tirar– ya no van más, hay que trabajar en generar valor, hacer rodar el sistema de otra forma”.

Y continúa reflexionando: “Las economías lineales están en crisis, consumimos mucho más de lo necesario y generamos una cantidad de desperdicio que el medioambiente no puede soportar. No nos queda otra que cambiar”. 

Pienso de qué manera puede ponerse en marcha un emprendimiento concreto en la Argentina. Silvio tiene un gran ejemplo para aportar. “Hay un proyecto llamado Xinca que logró convertirse en realidad, ya está funcionando. Hacen zapatillas con caucho reciclado y la mano de obra es aportada por internos de las cárceles. Ese es un proyecto de triple impacto real, ahí no hay greenwashing, es un emprendimiento genuino que se hace en Mendoza y ubica en una misma jerarquía al impacto ambiental, económico y social. Es así cómo se garantiza la sustentabilidad”, apunta.

Una distinta

Desde que desembarcó en Buenos Aires con su etiqueta Abre Indumento (junto a Luz Arpajou) y ahora con Enhebra, la diseñadora patagónica María Laura Leiva es la demostración cabal de que una marca sostenible puede tener concepto, estilo y moldería exquisita.

“Trabajo con textiles nobles, con una cooperativa de algodón”, dice María Laura. Y cuenta cómo manufactura sus creaciones: “Tiño en forma natural mis prendas, elijo cada pieza textil en forma consciente. Mi cadena de valor es totalmente transparente, trabajo con dos talleristas desde que comencé con Enhebra”. Sin comercio justo, la sustentabilidad es un espejismo, y Leiva lo sabe.

Le pregunto si el tan mentado desperdicio cero, otra de las patas sostenibles, es una realidad, y responde: “Reutilizo todos mis descartes textiles a través de la técnica de patchwork. También investigo sobre los nuevos desarrollos textiles. Realmente me encantaría trabajar con la fibra natural de bambú y de cáñamo, ya que junto al lino (el cual ya incorporé), son las fibras más sustentables que hay”. 

La ropa llama dos veces

The Web nació en plena pandemia como un emprendimiento de e-commerce destinado a promover la reutilización, circulación y reciclaje de prendas. Curado por Romina Pigretti (creadora de Ginebra) junto a Luciana Cucchi y Manuela Calderón, en el sitio pueden encontrarse desde accesorios usados de grandes etiquetas internacionales hasta creaciones de marcas nacionales en perfecto estado. Unas zapatillas de Balenciaga número 38 conviven con las mejores carteras vintage de Jackie Smith.

Pigretti cuenta cómo armaron un maridaje para convertir prendas con historia en objetos de deseo: “Uno de los objetivos es que las mismas proveedoras que aportan ropa para vender en The Web se lleven otras, generando así un circuito. De esta manera renuevan sus looks, dejando lo que no usan, y además colaboran con el medioambiente”.

Y suma: “Otro gran desafío que tiene la moda circular es la confianza del consumidor a la hora de comprar una prenda usada online. Por eso nuestro gran diferencial viene de la mano de la curaduría aplicada a las prendas, para que todos los clientes encuentren en The Web piezas de calidad, moda actual y hasta joyitas únicas”. 

Una rueda que gira hacia el pasado quizá lo esté haciendo también hacia el futuro, y si es verdad que el tiempo no para, detenernos a repensar nuestros hábitos de consumo puede crear un cambio palpable. Consciente del desafío, Romina enfatiza: “Todavía tenemos un gran camino por recorrer, pero siempre hay un punto de partida, y creo que empezar a consumir marcas que sean conscientes, apoyen y cuiden el medioambiente es la mejor manera de empezar”. Hacelo circular.