Juan Grandinetti · HIJO DE LOS DÍAS

A menos de un mes del estreno de Ni héroe ni traidor, la película de Nicolás Savignone que pone el foco en el conflicto de Malvinas, el joven actor habla desde Madrid sobre su gran presente y un futuro a la altura de su talento.


Si hubiera que enumerar algunas características de Juan Grandinetti como para empezar a conocerlo, podríamos decir que es más del cine y el teatro independiente que de la tele y el comercial –aunque él no lo vea tan así, es lo que refleja su currículum–. O que lo tienta más leer un libro que generar un contenido para su cuenta de Instagram. No es de eventear para ver si pesca un canje y parece ser muy cuidadoso al momento de dar alguna declaración que pueda ser sacada de contexto como material de titulares de portales de noticias. Casi podríamos afirmar que ningún algoritmo adivinaría que Juan tiene tan sólo 28 años, que ya es uno de los actores más talentosos de su generación y, además, portador de unos de los apellidos más conocidos del cine nacional.

Hijo de Darío Grandinetti y la catalana Eulalia Lombarte Llorca (“Lali”, para la familia), tiene a gran parte de los suyos viviendo en España, país que eligió para instalarse hace pocas semanas y de forma indefinida.

Desde allí, Juan Grandinetti se hace un tiempo para hablar con El Planeta Urbano sobre el próximo estreno, el 12 de marzo, de Ni héroe ni traidor, la película de Nicolás Savignone que protagoniza junto a Inés Estévez y Rafael Spregelburd sobre la guerra de Malvinas.

–¿Qué impulsó esta decisión de instalarte en Madrid?

–Toda mi familia materna es catalana; acá en España tengo tres sobrinas: una de 18, una de 6 y una de 3. Y el año pasado me pegó un poco pensar que a la de 18 un poco me la perdí, la veía solamente una vez por año. Me dieron ganas de formar parte del crecimiento de mi familia, de estar más cerca de mis hermanas. A mitad del año pasado tomé la decisión de venirme y justo unos meses antes me surgió una película que se filmaba en Madrid. Aproveché y me quedé tres meses, me lo tomé un poco como prueba, para ver qué me pasaba estando acá, trabajando, haciendo el día a día. Como ya tenía el pasaje de vuelta a Buenos Aires y tenía una película por filmar, me lo tomé como para resolver algunos asuntos y poder venirme más tiempo. Justo unos meses antes me surgió una participación en una peli acá que voy a empezar a filmar a principios de marzo, con directores argentinos y un elenco bastante interesante; así que por el momento te puedo decir que todo va muy acorde con mi deseo.

–¿La película que vas a rodar en Madrid es la de Cohn-Duprat?

–Sí. Yo había tenido el gusto de conocer a Gastón [Duprat] hace un tiempo y el proyecto me llegó por un director de casting y mi representante acá. El elenco es con Penélope Cruz, Antonio Banderas, Oscar Martínez y Carlos Hipólito. Yo interpreto a un segundo asistente de dirección, la peli ocurre en el marco de una filmación de una película. Me llena de placer, he visto mucho de ellos y todo me ha gustado. Y esta, como la mayoría de sus películas, tiene una vuelta de rosca que leyéndola me dejó con la boca abierta.

–Entonces vas a tener escenas con Penélope Cruz. ¿No te pone un poco nervioso?

–Creo que más que nervios es ansiedad y, si se quiere, histeria. Nervios, nervios…, no sé si lo identifico de esa manera. Lo asumo como un re desafío y también trato de disfrutarlo. Si me pongo nervioso creo que no voy a tener mucho lugar para eso y quiero disfrutar plenamente cada momento que me toque estar en el rodaje, es gente que uno ve desde chico en la pantalla. Y quiero estar atento a aprender porque son personas que tienen un recorrido enorme.

–El 12 de marzo se estrena Ni héroe ni traidor, una película que pone sobre la mesa lo que le ocurre a tu personaje, sus amigos y su familia cuando le toca ir a la guerra de Malvinas. ¿Qué te atrajo de esta propuesta?

–Cuando me llegó el guion por Nicolás Savignone, su director, primero me interesó la temática. Es nuestra historia, cuenta lo que somos. Y me interesó mucho la postura que toma. Porque si bien la guerra como definición es lo que ocurrió en Malvinas, abarca mucho más. Me parece que era un enfoque que no había sido contado de esa manera hasta ahora. Es algo que atraviesa a este grupo de amigos en una edad en la que, no digo que todo es color de rosa, pero uno es chico y está más pendiente de los deseos que tiene a futuro. Y cómo algo tan imprevisto atraviesa también al entorno familiar. La guerra no es sólo en el campo de batalla sino todo lo que fue sucediendo hasta que eso ocurre.

–¿Y te costó entrar en ese clima, en un conflicto que, tal vez por tu edad, se puede sentir lejano, incluso impensado?

–La verdad es que sí. Meterse en algo que uno no vivió siempre es muy difícil, sobre todo en algo tan movilizante. Tal vez mucha gente que vea la película haya vivido la guerra y encuentre cosas que señale y diga “esto no fue así” o “esto fue tal cual”; en ese sentido, es un riesgo que todos estuvimos de acuerdo en asumir. Después, también me ha pasado que en mi casa se hable del tema y uno en esas charlas tome real conciencia de lo que fue. Pero también hay algo que, por más información que tengas, si no te pasa por el cuerpo, salta la ficha. En el caso de mi viejo, en su generación atravesaron la dictadura y la guerra, y los escuchás hablar y se emocionan. Mi viejo se emociona hoy en día y agradece lo fácil que es todo para nosotros. Sin minimizar, hoy en día a lo mejor las guerras o los golpes, entre comillas, son más virtuales. Pero es algo en lo que hace mucho hincapié, la felicidad que él tiene de que nosotros podamos vivir de esta manera y poder elegir sin miedo a que nos maten.

–¿Cuáles son los temas que a vos te atraviesan, que te preocupan del mundo que te está tocando vivir?

–En este momento, todo lo que sucede en América latina. A lo mejor, los golpes de Estado hoy en día no son golpes de Estado por definición. Creo que estamos en riesgo, en el sentido de la dimensión que toma internet en todo aspecto. Las redes sociales pueden confundir a una persona y generar una manipulación de información. Siempre pasó eso, a través de los diarios, los medios de comunicación, pero hoy en día es tan masivo e inmediato lo que llega a la gente que hay un gran problema. Hay una obsesión por comunicar antes que cualquier otro sin confirmar la veracidad de lo que se está compartiendo. Y eso muchas veces encarna en gente que crea sus valores e ideales a partir de cosas que no son reales. Creo que desde el principio es una herramienta política y después pasa lo que pasa, las cosas que suceden en Venezuela, en Bolivia... Uno lee cada cosa, gente que habla con mucha autoridad desde atrás de una computadora maldiciendo a la familia de Evo Morales, denigrándolo, como si uno supiera cómo fue lo que sucedió. Yo uso mucho Twitter porque me parece una de las redes más cómodas para informarme y también me encuentro leyendo noticias que no son noticia. ¿A quién le importa la vida íntima de cualquier persona? Son noticias hechas para distraer. Así como digo esto, también hay mucha gente a la que respeto y leo y me interesa lo que dice. No meto a todo el mundo en la misma bolsa. Después, me atraviesan los temas de siempre: el amor, la familia. Hay un montón de cuestiones que, aunque pasen cosas nuevas, viejas, revolucionarias, van a seguir estando. Es la esencia de la vida.

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