Guillermo Salmerón · CUATRO FANTÁSTICOS

El guionista de la exitosa El marginal y de la futura serie de Maradona abrió las puertas de Los Incorregivles, un restó de impronta peronista en Villa Urquiza. El sueño de un grupo de amigos que decidió rescatar el lugar donde hacían su clásica noche de póquer.


“Tres amigos peronistas y uno radical abren un bar juntos. Una noche les cae Maradona y…”

Así podría arrancar perfectamente la sinopsis de una película escrita por Guillermo Salmerón, guionista de éxitos como El marginal y la futura serie del astro del fútbol para Amazon. Sin embargo, la descripción de la escena no estaría tan alejada de lo que es su propia vida.

Aún no le cayó Diego Armando a Los Incorregivles, pero sí se puso el restaurante de temática peronista con otros dos adeptos y un radical. “Abrimos en octubre del año pasado, y lo curioso es que la gestación del proyecto fue en un momento en el que creíamos que iba a ganar Macri, estaba bastante peleada la cuestión. Abrimos un día después del 17 porque somos muy originales (risas).”

Guillermo se siente más cómodo definiéndose como un peronista moderado y aclara que no milita. “A mí me pasó que vi mucho antiperonista y me volví peronista. Fue como un acto reflejo”, explica.

Jorge Luis Borges dijo una vez: “Los peronistas no son ni buenos ni malos, son incorregibles”. Cambiar la B por la V era el detalle que le daba ese toque final conceptual al nombre del lugar, y tanto Guillermo como sus socios, Bernardo Capurro, Alberto Baduan y Fabián Meta, estuvieron de acuerdo en que era perfecto. Las fotos y murales de Juan, Eva, Néstor, Cristina, Alberto, algunos carteles de señalización alusivos y la marcha partidaria que suena al ingresar en los baños harían el resto del trabajo.

–¿Cómo encaja el rubro gastronómico en la vida de un guionista? ¿O estuvo siempre ahí?
–No, al menos yo no lo sabía. Aunque en algún punto hay algo que descubro de cuando era muy chiquito. Mis viejos toda la vida tuvieron supermercado, almacén; yo trabajé desde muy chico ahí y hay ciertas cosas que descubro que pensé que no estaban ahí pero se ve que las llevaba en el ADN. Me descubrí medio obsesivo, me di cuenta de que tengo cierta cosa entrenada de estar pendiente de los clientes, de qué vienen a buscar. A la vez, eso se contraponía mucho con una cosa de ostracismo que tiene mi trabajo, que, básicamente, es un laburo muy solitario. Entonces los primeros días me costaba mucho acercarme a las mesas.

–Y ahora verás la conexión: la historia de tres amigos peronistas y uno radical poniéndose un bar peronista podría servir para el guion de una película.

–Yo creo que vamos a hacer una película. No sabemos muy bien qué, por ahí es tipo El resplandor (risas). Nosotros teníamos una cosa muy lúdica de juntarnos una vez por semana a jugar al póquer y cada uno después fue armando lazos con el otro. Pero el tema de ponernos a trabajar juntos nos pone a prueba todo el tiempo. Hasta ahora te diría que me suena como La comunidad, de Álex de la Iglesia (risas).

“Entre el restaurante y mi profesión como guionista encontré una coincidencia: cuando hacés un proyecto, lo sentís muy tuyo. Y con el tiempo vas aprendiendo que es algo que tenés que ir soltando y que cada uno se apropia un poco y se hace también dueño del proyecto.”

–¿Nutrís al guionista que hay en vos con las historias de quienes pasan por el bar?

–Hasta ahora no me ha pasado. Lo que más vengo disfrutando es el tema del armado de los eventos culturales, donde se genera una cosa muy interesante; viene gente a cantar y esto se convierte en una cosa donde las mesas ya no son mesas. Sí encontré una coincidencia: cuando vos escribís una historia para un proyecto audiovisual, lo sentís muy tuyo. Y con el tiempo vas aprendiendo que es algo que tenés que ir soltando y que cada uno hace su interpretación de eso; cada uno se apropia un poco y se hace dueño del proyecto. Como guionista te lleva un tiempo adaptarte a eso, y sentí que con esto un poco pasaba. Nosotros armamos algo que es la plataforma de otra cosa. El que viene a cantar, el que se hace habitué, ya lo transforma en algo propio.

–Dicen que el rubro de la gastronomía es un poco esclavo. ¿Cómo se lleva con el trabajo más flexible y creativo del guionista?

–Yo persigo, desde que me puse a laburar de guionista, cierta cosa de disciplina. Hay colegas a los que escucho decir que se levantan a las 7, se preparan el café y se ponen a escribir. Yo no puedo hacer eso, soy caos total. Nosotros dejamos mucho de lo que estamos haciendo para ocuparnos de Los Incorregivles. Yo estaba hasta las bolas cuando abrimos este lugar. Me atrasé mucho con lo de la serie de Maradona, pero laburo con gente muy espectacular que me ha dejado ser muy artesanal. Desde que abrimos, los primeros dos meses fueron superesclavos, de estar todas las noches. Aparte tuvo una recepción que no esperábamos. Pensamos que iba a funcionar más el boca en boca. Incluso era un barrio que nos hacía dudar. Pasaba gente que nos decía por lo bajo que era peronista; una señora incluso nos preguntó si sabíamos que, en la última votación, en este barrio había arrasado el macrismo.

–¿Ya lo invitaste a Maradona?

–No todavía (risas).

–Sabés que capaz te viene.

–Sí, imagino que sí (risas).

–¿Qué dificultad tiene hacer una biopic de un tipo como Maradona?

–Hay un proceso de investigación muy arduo, y en el caso de Maradona es inabarcable. Podría tener mil temporadas. Te volvés especialista en el tipo, conocés todo y después tenés que elegir y hacerlo televisivo. Hay muchas cosas que eran importantes y nosotros las fuimos descartando, por ejemplo. Tal vez pasa algo importante en la firma de un contrato, pero no deja de ser una firma de un contrato. Te preguntás cómo lo hacés y te encontrás con que hay muchas cosas que no son visuales. Capaz lo escuchás a [Guillermo] Coppola contando una anécdota genial en un programa de televisión y te morís de la risa, pero cuando lo querés plasmar no termina de ser graciosa. Yo, a esta altura, ya tengo ganas de imaginar cosas. Y si bien esto tiene mucho de ficción, no tengo ganas de atarme a caminos que ya transitó otro.

Dirección: Av. Monroe 3915

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