En un entorno superchic y paradisíaco, Bal Harbour combina las bellísimas playas de Miami con las marcas y diseñadores más top del mundo. Sólo para turistas exigentes.

La Collins, esa emblemática avenida de Miami que sirve de referencia a los visitantes de la Ciudad del Sol, se torna cada vez más impoluta y bella a medida que atravesamos South Beach, Miami Beach y North Miami Beach, hasta llegar al paraíso del lujo y el relax absoluto que define a Bal Harbour. Allí, justo en frente del emblemático mall, estacionamos nuestro auto deportivo, que se confunde entre Porsches y Ferraris con total normalidad, y dejamos que el sueño comience.

En el lobby del hotel St. Regis –de paredes espejadas, arañas de cristal, pisos de mármol y grandes obras de arte– nos da la bienvenida un recepcionista que mágicamente sabe nuestro nombre sin que se lo digamos, y un botones nos conduce a una de las habitaciones más lujosas del mundo –decimos esto sin exagerar, porque el St. Regis de Miami fue recientemente reconocido como el mejor hotel de Florida y Miami Beach por US News & World Report, y uno de los más destacados del planeta en el mismo ranking–. El mar turquesa al otro lado del vidrio (todos los cuartos del hotel tienen ocean view), un inmenso vestidor, dos baños, una decoración que logra combinar calidez con lujo exquisito y controles de luz y aparatos tecnológicos que parecen salidos de una película futurista hacen que querramos quedarnos ahí para siempre. Pero Bal Harbour Shops está cruzando la calle, y nos plantea un dilema divino: ¿compras de lujo o spa cinco estrellas?

En los enormes pasillos tropicales de Bal Harbour Shops sólo encontramos marcas de lujo, como Chanel, Valentino, Prada, Stella McCartney, Carolina Herrera, Dolce & Gabbana, Versace, Ralph Lauren y Gucci, dispuestas una al lado de la otra, al aire libre y con unas vidrieras que marcan la tendencia de lo que se usará en todo el mundo. Este es el paseo de compras que más factura en el mundo, seguido de lejos por uno en Las Vegas. Aquí, también, las grandes marcas de ropa, relojería y joyas exhiben piezas únicas de sus colecciones para compradores exigentes: rusos millonarios que evaden el invierno polar con un tour de compras de sabor latino; brasileños dispuestos a pagar lo que sea por experiencias de lujo muy limitadas en su país, y, en tercer puesto, argentinos que llegan inspirados en las fotos de celebridades locales (con Susana a la cabeza, una diva que hasta tiene la llave de la ciudad).

Para los huéspedes más exquisitos del St. Regis, este hotel cuenta con un servicio de mayordomo autorizado para retirar prendas de las tiendas de Bal Harbour, llevarlas a la habitación del interesado y hacer una tarde de shopping a medida. Esta actividad puede realizarce antes o después de visitar el Remède Spa, uno de los mejores de Miami, que se presenta como un maravilloso oasis de 2.000 metros cuadrados capaz de removernos el estrés de… ¿una exhaustiva jornada de compras?

Pero no todo es spa y compras en Bal Harbour: la gastronomía ocupa un lugar central en este paradisíaco reducto miamense. Al tradicional Carpaccio, restaurante predilecto por los argentinos visitantes, se suma el café Santa Fé, con revistas de todo el mundo y exquisiteces porteñas, como para no extrañar nuestro lugar. Siguiendo en el mall, se destaca Makoto, el nuevo restaurante japonés de Stephen Starr, al que acuden asiduamente estrellas de la talla de Madonna o Jennifer Lopez.

Makoto ofrece un menú moderno que incluye especialidades de sushi bar, platos japoneses vanguardistas y una carta de bebidas artesanales en la que se destaca una gran variedad de sakes (305-864- 8600 makoto-restaurant.com). Dentro del St. Regis también hay nuevas opciones gastronómicas: un Burger Bar con hamburguesas gourmet, papas fritas
, batidos y cerveza local, dirigido por el chef Edison Mays, y Atlantikós, el nuevo restaurante del resort que presenta una combinación perfecta de cocina griega y mediterránea, con un área al aire libre y vistas al mar realmente soñadas.

Playas paradisíacas, hotelería de lujo extremo, servicio personalizado, el shopping más sofisticado de la región y una atmósfera de relax absoluto que invita a vivir unas vacaciones un paso más allá de la perfección. Bal Harbour es todo eso. Y mucho más .