Después de sorprender en Toronto con la serie Cromo, la escritora, productora, guionista y realizadora se prepara para filmar en París la versión cinematográfica de Barba Azul, de Amélie Nothomb, y antes de fin de año publicará un libro de relatos.

 

Creció entre rodajes, viendo universos paralelos que se reinventaban frente a sus ojos y la invitaban a sumergirse en el país de las maravillas, ese mismo mundo que tiempo más tarde la nutriría hasta empujarla a ceder a la influencia del ADN paterno y convertirse en una escritora y directora de proyección internacional. Su próximo gran paso será en marzo con una producción netamente francesa: la adaptación de la novela de Amélie Nothomb Barba Azul.

 

Lucía se mueve entre los mundos de la literatura y del cine con total naturalidad (estudió Letras en la UBA y es egresada de la Enerc) y es capaz de escribir cuentos, novelas y varios guiones a la vez mientras trabaja en su próximo desafío como directora. “Me hace muy bien esa mezcla de escribir y filmar. No podría dedicarme sólo a una de las dos actividades, necesito de ese ir y venir, de esa paz de la escritura y del caos del rodaje”, cuenta. 

 

 

Hija de Luis Puenzo (el director que trajo el primer Oscar al país con La historia oficial, en 1985), Lucía es autora de relatos controvertidos, que retratan lo más oscuro de la naturaleza humana: “Muchas veces escribo desde mis miedos, a partir de aquello que no entiendo y me inquieta. El motor es la curiosidad”, confiesa. Su primer acercamiento al universo audiovisual fue en 2000 como guionista del documental (H) Historias cotidianas, de Andrés Habegger. Tres años después escribió junto a su padre el guión de La puta y la ballena y publicó su primera novela, El niño pez a la que le seguirían Nueve minutos, La maldición de Jacinta Pichimahuida, La furia de la langosta y Wakolda. En 2010, fue incluida por la revista inglesa Granta en la lista de los 20 escritores jóvenes más importantes de la lengua española, reconocimiento que la posicionó como una de las nuevas voces de la literatura y fue el empujón para que todos sus libros fueran publicados en Francia, España, Alemania, Italia, Turquía, los Estados Unidos y Brasil.

 

EN CARRERA

Una adolescente en cuyo cuerpo conviven los dos sexos fue la imagen que Lucía eligió para armar el guión de la que sería su primera película. Su debut fue con un cuento del escritor (y su pareja desde hace 15 años) Sergio Bizzio. Así, “Cinismo” se transformó en XXY, la película que le valió, en 2007, el Gran Premio de la Crítica en Cannes, un Goya a la Mejor Película Extranjera y más de veinte premios internacionales.

 

 

Después siguieron El niño pez y Wakolda, adaptaciones de dos novelas propias. La primera cuenta un relato de amor y dolor entre una chica acomodada de la Argentina y su mucama paraguaya, mientras que Wakolda retrata el paso del nazi Josef Mengele por el sur de la Argentina y su relación con una adolescente. Este año se embarcó en el desafío de contar, en 13 episodios, Cromo, la serie que se emitió por la Televisión Pública y cosechó excelentes críticas en la nueva sección de Series Prime Time del Festival de Toronto como representante de toda América latina. “Un perfecto balance entre pasión e intriga”, escribió la revista IndieWire, a la vez que Variety la destacó como “una nueva y avanzada manera de producir”. 

 

El thriller científico que fue filmado en la Base Marambio, el Perito Moreno, El Calafate y los Esteros del Iberá, entre otros lugares de gran belleza natural de la Argentina, fue dirigido por Lucía, su hermano Nicolás Puenzo y Pablo Fendrik. Con una gran carga de actualidad ecológica, tiene como eje la extraña muerte de una bióloga en el medio de una investigación.

 

–No es la primera vez que trabajás con tu hermano Nicolás.

–Desde XXY es camarógrafo de casi todos mis trabajos. Trabajo siempre en equipo, generalmente con amigos; nos movemos como una pequeña tribu. Con Nicolás tenemos varios proyectos por encarar, en algunos meses va a filmar su primera película sobre una historia que escribimos juntos. De alguna manera seguimos haciendo lo que hacíamos de chicos, jugamos a que hacemos cine (risas).

 

–Cromo, al igual que tus películas, está atravesada por la ciencia y la medicina.

–Son dos temáticas que me apasionan, que me generan interés. Me gusta indagar. Hablo mucho con amigos médicos, me pasan material, me ayudan a entender ciertas cuestiones. Admiro mucho a esos hombres y mujeres que pueden pasar toda la vida investigando un tema. Leo mucho, sobre todo textos relacionados con la neurología. Me encantan los libros de Oliver Sacks (neurólogo y escritor británico). Para mí es fundamental contar con la voz de especialistas cuando me meto en diferentes terrenos, como lo hice con Wakolda cuando tuve que indagar acerca de la genética. Para Cromo conté con el asesoramiento de Fernando Meijide (doctor en Ciencias Biológicas de la UBA e investigador asistente del Conicet), que aportó mucha información relevante para la serie.

 

–¿Podemos hablar de las diferencias entre hacer cine y televisión?

–Cada vez son menos. En una época, tal vez podíamos hablar de las diferencias de calidad que existían entre una pantalla y la otra. Hoy hay un estándar de calidad que trasciende a los formatos y a los medios. A Cromo la siento totalmente cinematográfica. De hecho, nos ofrecieron la posibilidad de convertirla en película y tiene todo el potencial para que lo sea. 

 

–¿De tu faceta literaria conoceremos algo pronto?

–Para fin de este año espero ver publicado En el hotel Cápsula, relatos de viajes y cuentos. También estoy escribiendo Los invisibles, una novela inspirada en una historia de la vida real sobre un grupo de niños de la calle en la Argentina que son llevados al Uruguay para robar con una organización.

 

–También hiciste varias adaptaciones para otros directores. ¿Seguís haciéndolo?

–Si, con Sergio (Bizzio) estamos trabajando con la novela Estrella distante, del chileno Roberto Bolaño, y 1986, del guatemalteco Rodrigo Rey Rosa. Por ahora sólo estamos abocados a las adaptaciones. Me ofrecieron dirigir la de Rey Rosa, que es una obra bellísima, pero es algo que todavía estoy pensando.

 

Pronto se conocerá en cine el guión que hicieron de Era el cielo, novela del propio Bizzio que dirigió el brasileño Marco Dutra con Carolina Dieckmann, Leonardo Sbaraglia y el Chino Darín en los roles protagónicos.

 

–En marzo viajás a París a rodar Barba Azul, nada menos que la adaptación que realizaste de la novela de la gran escritora belga.

–Es una reescritura que Amélie Nothomb hizo de la fábula de Charles Perrault. Es muy interesante la mirada que aporta, la relación que traza entre los protagonistas, la joven Saturnine y el perturbado aristócrata Elemirio. Hace poco volví de París de hacer el scouting, vamos a filmar en los subsuelos del Louvre. Gran expectativa para los seguidores de Amélie, quienes seguirán de cerca la sensible mirada de Puenzo, esa que es capaz de coquetear con lo siniestro y lo más oscuro del ser humano, sólo que esta vez, y como bien describe Nothomb, deberá lidiar con los límites del amor porque “enamorarse –escribe en Barba Azul– es el fenómeno más misterioso del universo (…) Es el más gigantesco desafío a la razón”.

 

 

 

“En una época, tal vez podíamos hablar de las diferencias de calidad que existían entre el cine y la televisión, pero hoy hay un estándar de calidad que trasciende a los formatos y a los medios. A Cromo la siento totalmente cinematográfica. De hecho, nos ofrecieron la posibilidad de convertirla en película.”