El detrás de escena de "Vestir Mundos", la muestra que pone en tensión la obra y el archivo
Según un estudio realizado por el investigador japones Izumi Ogata, pasar 10 minutos en un museo sin una agenda planificada y contemplando las piezas artísticas es suficiente para bajar las tensiones del caos urbano y tomar una posición más contemplativa, ese nivel de reflexión es el que te invita la nueva muestra “Vestir Mundos”. Emplazada en el segundo piso del Museo Moderno, la exhibición nace a partir del archivo de la Fundación IDA y en el marco del programa anual por el 70 aniversario del Museo “Habitar Futuro”.
Tomando como eje histórico el primer cuarto del siglo XXI, la muestra expone el trabajo de Tramando (Martín Churba), Trosmanchurba (Martín Churba y Jessica Trosman), Vero Ivaldi, Vicki Otero, Cora Groppo, 12NA (Mariano Breccia y Mercedes Martínez), MANTO (Clara de la Torre y Diana Dai Chee Chaug), Roxana Liendro, Nous Étudions (Romina Cardillo), Juliana García Bello, Therapy Recycle and Exorcise (Mariángeles Aguirre y Paula Aguirre) y Milagros Pereda.
Separada en seis núcleos, la sala explora la indumentaria como espacio de experimentación, identidad y creación. “Acá hablamos de la primera generación con formación universitaria específica. Ellos crearon de cero un mercado de moda argentina de autor que no existía”, comienza a explicar Raúl Flores, curador de la muestra que estará disponible hasta marzo del 2027.

"Dentro de la colección de diseño del museo hay alrededor de 400 objetos industriales y casi 2.000 piezas gráficas, pero la indumentaria estaba menos representada. Por eso queríamos darle un lugar de peso a través de una exhibición temporal de gran escala.", suma Franco Chimento, curador de diseño del Museo Moderno y asesor externo de Fundación IDA.
En lugar de constituir una retrospectiva cronológica o una propuesta comercial dividida por género y temporadas, la exhibición propone un recorrido sin distinciones entre masculino o femenino, ni entre colecciones de verano e invierno, situando su foco en las tensiones materiales, sociales y territoriales vinculadas al acto de vestir.
El impacto de la penumbra: rigor patrimonial y montaje a medida
Al ingresar a la sala H, los visitantes se encuentran con un espacio que tuvo un doble desafío: Curatorial y de conservación. Diseñado por Iván Rösler —Jefe de Diseño y Producción de Exposiciones del museo— en conjunto con los curadores, el espacio propone una atmósfera en penumbras donde los maniquíes exhiben las piezas entre telas translúcidas, pantallas con contenido audiovisual mudo y una pieza sonora inmersiva diseñada por la artista Mabel, que acompaña el recorrido con el eco distante de unos tacos caminando en el vacío. Cada trabajo, montado por el Colectivo Trama, se puede observar de cerca y recorrer desde distintos ángulos.

“La luz de la sala es clave: la mayoría de los trajes pertenecen a la colección de Fundación IDA y los contratos estipulan niveles lumínicos específicos para que las fibras y los tintes no se degraden ni alteren su color a lo largo de los meses de exhibición. Tienen el mismo tratamiento patrimonial que una pintura histórica “ relata Flores.
Asimismo, lejos de poner las prendas en un contexto comercial o bajo la mirada de un consumidor, la propuesta busca poner en tensión el archivo y lo sumerge en un contexto curatorial que obliga a reflexionar. “Si hiciéramos lo mismo que en una vidriera, no tendría sentido hacerlo acá. Al colocar la prenda en carácter de obra y no de objeto consumible, la atención cambia automáticamente. La penumbra y los paneles de telas translúcidas obligan a caminar pausado, a detenerse y a mirar en 360 grados lo que pasa en cada pieza, algo que en un shopping jamás harías”, reflexiona Chimento.

En un presente donde los procesos de producción de indumentaria están regidos por un consumo veloz, la nueva propuesta nos obliga a tomar una pausa no solo al público, sino también a los propios creadores. “Muchos hicieron carreras extraordinarias a la velocidad vertiginosa de la moda, sin un minuto libre para mirar hacia atrás y dimensionar lo que estaban construyendo. Fue muy movilizante verlos leer por primera vez un texto de sala sobre su trabajo y entender que fundaron un camino”, resume Flores.
En esa misma línea, Chimento concluye sobre la resignificación de cada diseño dentro de la institución: “Estas piezas tuvieron una vida cotidiana, pero también son un manifiesto, una propuesta ideológica de país, de vínculo sociocultural y con el otro. Cuando las traés a un museo, de lo que estás hablando es de una forma de pensar y de hacer: la prenda se vuelve casi una excusa para contar esa historia”.

