"Solo Fanáticos": la película que pone en escena el lado B de Buenos Aires
El día a día de Leo Damario y Antonella Kruger no tiene rutina ni agenda. De pasar la tarde en el piso del balcón del Four Seasons a almorzar en el Alvear Palace Hotel, disfrutar una cena en Casa Lucía o simplemente quedarse en su casa recientemente remodelada sobre la calle San José, la pareja parece moverse por Buenos Aires con la misma libertad con la que construye sus proyectos creativos.
Él es uno de los directores más singulares del cine argentino contemporáneo. Responsable de títulos como Bohemia, Victoria psicóloga vengadora y diversos trabajos documentales ligados a figuras de la cultura popular argentina, acaba de firmar Solo Fanáticos, el fenómeno independiente que logró mantenerse nueve semanas consecutivas en cartel y convertirse en una de las películas argentinas más comentadas del año. Ella, ex Miss Argentina, modelo y creadora de contenido, debutó como actriz interpretando el papel protagónico de la película.
Sin embargo, detrás de la imagen glamorosa que proyectan las fotografías y las redes sociales, ambos describen una vida atravesada por la observación constante. De hecho, fue precisamente durante sus recorridos por hoteles cinco estrellas donde nació la idea que dio origen a Solo Fanáticos.

“Estábamos en estos hoteles tan importantes y veíamos a estas chicas que iban a conocer hombres, empresarios, potenciales sugar daddies. Es algo que está a la vista de todos, pero que nadie retrata”, recuerda Kruger. Aquella observación cotidiana terminó convirtiéndose en el punto de partida para construir a Antonella, el personaje principal de la película.
La otra cara del lujo porteño
La historia sigue a una mujer que navega el universo de OnlyFans, el lujo y las relaciones atravesadas por el poder económico. Un mundo que la pareja conocía de cerca no por pertenecer a él, sino por observarlo. “Hay algo que está, pero que nadie reconoce”, explica Kruger. “Los empleados de los hoteles conocen a estas chicas, saben cuándo llegan, cómo se mueven. Hay toda una rutina que quisimos mostrar”.
Rodada en apenas cinco jornadas de filmación de menos de cuatro horas cada una, Solo Fanáticos representa una rareza dentro del cine argentino contemporáneo. Damario escribió, dirigió y editó una producción concebida bajo una lógica de cine independiente pero con una sofisticación visual propia de las grandes producciones internacionales. El film fue posteriormente ampliado digitalmente para su exhibición comercial y logró permanecer nueve semanas consecutivas en cartel, posicionándose entre los estrenos nacionales más vistos del año.

Buena parte de esa potencia visual descansa en el trabajo de dirección de arte de Natalia Ruiz y en una propuesta de vestuario inédita para una producción nacional. Solo Fanáticos es la primera película argentina en contar con prendas exclusivas de la casa italiana Bottega Veneta, la firma reconocida por su trabajo artesanal en cuero y por haber redefinido el llamado “lujo silencioso”.
A ese universo se suman piezas de Roberto Cavalli, accesorios de Swarovski y creaciones de diseñadores argentinos como Heidi Claire y Pablo Ramírez. Más que acompañar la historia, el vestuario funciona como una extensión de los personajes: vestidos, gafas y accesorios se convierten en símbolos de pertenencia, deseo y movilidad social dentro de una Buenos Aires atravesada por la aspiración y las apariencias.
Las locaciones acompañan esa misma lógica. Casa Lucía, el Alvear Palace, La Rambla y Oss Kaffe forman parte del recorrido visual de una Buenos Aires sofisticada y contradictoria. También aparecen automóviles clásicos de Mercedes-Benz y Mazda que terminan de construir una atmósfera donde el glamour y la observación social conviven permanentemente.

Para Damario, esa elección no es casual. “Me gusta pensar Buenos Aires como una mezcla entre París y Nueva York. Para mí es una de las mejores ciudades del mundo para vivir”, afirma. Pero detrás de esa belleza encuentra también tensiones que le interesa retratar. “Me parecía importante mostrar una ciudad muy bella pictóricamente, pero cuyo contenido esconde algo más denso, más complejo”.
Esa mirada atraviesa toda la película y también su forma de entender el arte. Durante la conversación, el director insiste en una palabra: contracultura. “Siempre que se establece un consenso aparece algo que lo discute”, sostiene. “El arte no es decoración. Es discusión, nervio, perturbación”. Según explica, Solo Fanáticos busca justamente ampliar los límites de aquello que tradicionalmente se considera cine de autor.
Mientras Damario reflexiona sobre estética y representación, Kruger aporta otra dimensión a la película: la experiencia personal. La interpretación de la actriz llamó la atención por una particularidad poco frecuente: gran parte del rodaje se realizó durante su embarazo real, incorporando esa transformación física a la construcción del personaje.
“Tenía mis inseguridades porque siempre hay mucha exigencia sobre el cuerpo de las mujeres”, reconoce. “Pero hoy veo la película y pienso que el cuerpo embarazado tiene una belleza increíble”. Para ella, la experiencia terminó transformándose en un recuerdo familiar permanente. “Es como tener una película dedicada a mi embarazo. Cuando quiera volver a esa etapa de mi vida, puedo verla”.

Quizás esa mezcla entre realidad y ficción sea una de las razones que explican el interés que despertó la película. La historia habla de OnlyFans, de las nuevas economías digitales, de las relaciones mediadas por aplicaciones y de las múltiples identidades que las personas construyen en internet. Temas que, según Damario, atraviesan la vida contemporánea mucho más de lo que solemos admitir.
El resultado fue un fenómeno inesperado para una producción independiente. En una cartelera dominada por grandes estudios internacionales y franquicias multimillonarias, Solo Fanáticos encontró un público propio apoyándose en una estética singular, una mirada autoral y una fuerte conversación generada alrededor de su propuesta visual.
Mientras tanto, lejos de las fórmulas tradicionales de la industria, la pareja sigue construyendo un universo propio. Entre hoteles históricos, cafés de especialidad, rodajes relámpagos y discusiones sobre arte, Damario y Kruger parecen moverse con naturalidad entre dos mundos: el del lujo visible y el de las historias que se esconden detrás de él.
Créditos fotos: Nicolas Colombo

