Edith Miroznik, cuarta generación al frente de una joyería artesanal: "Nos enseñaron a amar lo que hacemos"
Una joyería familiar ubicada en el corazón de Buenos Aires sostiene el valor del trabajo artesanal, el diseño minucioso y la producción propia. La cuarta generación al frente del proyecto reflexiona sobre la herencia del oficio, la creación de piezas únicas y la inspiración en los paisajes argentinos.
Me bajo del auto en la intersección Av. Callao y Av. Alvear, cruzó Callao, caminó unos metros por Alvear y me encuentro con la vidriera de Rubi Rubi llena de piezas en oro de 18K y platino decoradas con piedras preciosas. El de seguridad me hace pasar y me recibe Edith Miroznik, directora ejecutiva y diseñadora de la casa.
"Somos una joyería con más de cien años. Mi papá era joyero de mesa. Tenía un gusto exquisito y trabajaba todo a mano. Nos enseñó a querer este oficio, a amar lo que hacemos, con responsabilidad, seriedad y honorabilidad. Eso es lo que lleva a una empresa a seguir adelante.", me explica apenas tomó asiento.
Fundada en 1915, la joyería sigue una larga tradición familiar. Edith es la cuarta generación de la familia y ya está la quinta ocupando varios lugares del negocio. Sus inicios se remontan cuando José Miroznik llegó al país con el objetivo de “completar la belleza de la mujer” y le transmitió el oficio a sus hijos.
La boutique está ubicada en una de las zonas más exclusivas de la ciudad de Buenos Aires. A metros del shopping Patio Bullrich y de los hoteles: Alvear, Four Season y Sofitel. También, tienen otra sede en Punta del Este y agentes oficiales en la mayoría de las capitales de las provincias argentinas.

Oro, platino y piedras preciosas: el lujo de Rubi Rubi
Edith se formó en bellas artes, forma parte del área de diseño y es la mente creativa detrás de cada pieza. A través de sus bocetos ella le cuenta a sus joyeros como quiere su colección. “Yo hago el seguimiento paso a paso para que la pieza salga bien. Si no interpretan el diseño, se vuelve a fundición hasta que quede como corresponde.”, relata mientras me señala algunas piezas de las colecciones inspirada en los paisajes de la argentina.
“Este anillo representa las aguas, la nieve, los hielos. Está hecha en platino con diamantes y zafiros. Los diamantes representan los hielos y los zafiros el agua. Amo todas las colecciones. Mientras las hago, disfruto mucho. No podría elegir una más que otra. Siempre siento que la primera es la mejor, pero después me pasa lo mismo con la siguiente.” continúa relatando con orgullo mientras me muestra la masterpiece de la colección “Luces del fin del mundo” inspiradas en el sur argentino. Las masterpieces son la pieza representativa de la colección y llevan más de un año de producción.

Con piezas originales y auténticas, los clientes que se acercan buscan fabricación artesanal, gusto exquisito, lujo y exclusividad. Entre sus colecciones también se encuentra “Magia”, inspirada en el norte argentino. “Energía”, que toma a las cataratas como protagonistas y Fortaleza” donde los bosques de arrayanes de bariloche son representados en diamantes blancos y chocolates junto con esmeraldas incrustadas en oro que rememoran el movimiento de las cortezas de esta especie patagónica.
Rubi Rubi se destaca por ser la única joyería del país con fábrica de producción. “La fábrica nuestra se divide en dos áreas. El área de las joyas clásicas, donde se producen pulseras o anillos en cantidad para venta masiva a joyerías. Y la otra área, que es la más importante, donde hacemos las joyas de la casa y puede demorar meses.” finaliza la directora y diseñadora.

