Del cine a la vida real: las apps de citas con inteligencia artificial ya existen

Relaciones con bots de IA, soledad y apego emocional: qué hay detrás de esta nueva propuesta digital nacida en Japón.

En 2013 se estrenó "Her", película ambientada en un futuro que hoy resulta inquietantemente cercano. Allí, Theodore (Joaquin Phoenix) se enamora de Samantha (Scarlett Johansson), pero el film tiene una particularidad: lejos de ser una mujer más, ella es una asistente virtual creada a partir de la inteligencia artificial.

Sin entrar en demasiados detalles, vale advertir un spoiler: la realidad siempre supera a la ficción. Y Loverse, una nueva app de citas japonesa que tiene como objetivo matchear personas con un bot de IA, es un ejemplo concreto. “Con Loverse, cualquiera puede enamorarse”, promete la plataforma, que ofrece candidatos virtuales de entre 18 a 70 años. Sí, parece que el amor para toda la vida existe, al menos en el mundo digital.

El atribulado Theodore de Joaquin Phoenix en Her.

Su director ejecutivo, Goki Kusunoki, lo explica así: “El romance entre personas es lo ideal. Pero hay quienes por la edad, por diferentes circunstancias o por dificultades emocionales, no pueden encontrarlo. Allí es donde Loverse ofrece una alternativa”.

Lejos de construir parejas idílicas y perfectas, estos personajes generados con la IA tienen sus horarios y rutinas propias, pueden coquetear, hacer regalos virtuales, estar ocupados, enojarse e incluso rechazar a la persona usuaria. Cualquier similitud con la realidad no es pura coincidencia. Y eso abre una serie de interrogantes: ¿una relación con una IA puede considerarse un vínculo afectivo real? ¿Reemplaza al contacto humano? ¿Puede este tipo de apps generar nuevas formas de dependencia emocional? ¿Qué efectos puede tener el enamorarse de una entidad que no siente ni sufre? ¿Qué valor tiene el otro en la era de los algoritmos?

¿UN ANALGÉSICO EMOCIONAL?

Kusunoki, la mente detrás de una app que ya tiene más de 5.000 descargas en GooglePlay, fue claro en distintos medios japoneses: “Creamos oportunidades para que las personas encuentren el amor verdadero cuando no lo encuentran en el mundo real”. Entonces, la pregunta se impone: ¿Loverse es una alternativa concreta o solo un placebo digital?

“Este tipo de aplicaciones son la respuesta contemporánea a transformaciones profundas que venimos viviendo tanto en lo cultural como en lo emocional, atravesadas por los avances tecnológicos y la inmersión de lo digital en la vida cotidiana. Estos aspectos modificaron la manera en que las personas buscan vincularse”, reconoce Mora Zaharya, psicóloga clínica y especialista en salud mental digital y bienestar tecnológico.

Y agrega: “Las nuevas generaciones habitan un mundo de hiperconectividad, exposición al juicio público a través de las redes, incertidumbre, debilitamiento de redes comunitarias, vínculos familiares atravesados por estrés laboral y la falta de disponibilidad. En este contexto, la IA no aparece como un reemplazo del mundo real, sino como un analgésico emocional”.

En la misma línea, Dana Grilli, psicóloga clínica en el Instituto de Neurociencias Aplicadas a la Clínica y docente de Sociología en la Universidad de Flores, comenta: “La proliferación de vínculos artificiales no significa que las personas prefieran el mundo digital. Habla, más bien, de una sociedad en la que el mundo real se volvió emocionalmente inhóspito. Una sociedad donde el tiempo falta, la soledad sobra y los lazos se debilitan”.

DEL AISLAMIENTO A LA CONEXIÓN (VIRTUAL)

Hay un contexto que explica la aparición de Loverse. En Japón se expandió el fenómeno hikikomori, por el cual adolescentes y jóvenes adultos se aíslan en su habitación durante meses e incluso años para evitar el contacto social presencial. Con acceso a internet, pueden desarrollar una vida funcional sin la necesidad de ningún contacto físico.

“En muchos casos no se aíslan porque aman lo digital, sino porque encuentran dificultades para sostener la presión social, las expectativas laborales o las normas estrictas de interacción. Y la tecnología funciona como una zona segura, donde la exigencia social disminuye y el costo emocional es más manejable. Así, son muy seductoras este tipo de apps, con vínculos sin riesgo real, sin juicio, que se adaptan y que no demandan habilidades sociales complejas”, remarca Joaquín Linne, sociólogo e investigador especializado en tecnologías y juventudes.

Y contextualiza: “Gran parte de las personas contemporáneas en las grandes ciudades están con un grado intensivo de tecnologización digital en sus vidas, con una expansión acelerada de la IA. Ahí es donde entran estas opciones de automatizar también los vínculos sexoafectivos, que son como parches o prótesis afectivas. Muchas personas perciben a la IA como una alternativa viable y vital, con una mejor relación costo/beneficio, más previsible y menos dolorosa que los vínculos con humanos”.

¿EL AMOR DIGITAL TAMBIÉN PUEDE DOLER?

“La persona que conoces aquí es tan común que olvidarás que es una IA.” Así se presenta Loverse en su sitio oficial. La frase invita a reflexionar: si la experiencia es tan real que hasta se puede confundir con una relación de carne y hueso, ¿también puede doler?, ¿tiene impacto psicológico?

“Uno de los principales riesgos es el aislamiento progresivo. Cuando la pareja artificial ocupa el espacio del lazo humano, el mundo real se vuelve lejano y difícil de habitar. El cerebro genera apego, aunque el otro no exista, y puede volverse dependiente. También hay un impacto sobre las habilidades relacionales: tolerar el conflicto, negociar, pedir perdón, sostener silencios, esperar. Y, finalmente, la idealización: después de un vínculo perfecto y personalizado, lo humano puede sentirse insuficiente y la realidad se vive como una amenaza”, dice Grilli.

Zaharya, por su parte, destaca: “Desde una mirada optimista, estas aplicaciones disminuyen de manera momentánea la sensación de soledad y generan alivio emocional. La IA está diseñada para responder con calma, empatía y disponibilidad. En personas con ansiedad social o con dificultades reales de acceso a vínculos, la experiencia puede funcionar como puente. Sin embargo, puede generar una falsa ilusión de reciprocidad que agudiza las problemáticas y aumenta el aislamiento social. No solo eso, tenemos que comprender la complejidad y los riesgos que involucra la ausencia de regulación sobre estos diseños. Muchas apps monetizan la intimidad, y la persona tiene que pagar para que la pareja virtual sea más cariñosa, envíe mensajes más íntimos o desbloquee niveles de afecto. Esto crea un circuito perverso donde el afecto se vuelve un recurso transaccionable”.

Álvaro Soler Martínez, sociólogo español y creador del podcast "Sociología inquieta", pone el foco en ese mismo eje: “Estos espacios no son inocuos. Es decir, son un negocio que propone una empresa en donde los usuarios tienen que pagar, donde hay un interés mercantil detrás. Son parte del cibercapitalismo en el que vivimos, y donde existe un mundo de comunicación que es internet. Y dentro, hay subespacios como lo son las redes sociales, las aplicaciones de mensajería y estas apps de citas. Lo que ocurre es que se abren nuevos espacios de socialización, que no deberían tener nada de malo per se, pero la apropiación de algunas personas de estos espacios hace que estén supeditados a las lógicas capitalistas”. 

Vivimos en una era marcada por la inteligencia artificial, en la que el amor parecería estar esperando a solo un par de clics de distancia. Un amor sintético que, como el real, también puede rompernos el corazón.

Artículos Relacionados>

Por El Planeta Urbano

Sobre una idea de Hernán Casciari y con ilustraciones de Liniers, Dibu Martínez: el pibe que ataja el tiempo revela la esencia del chico tímido de Mar del Plata que, con el destino en los guantes, se convirtió en el guardián de la felicidad de un país.

Por El Planeta Urbano
La confirmación de un talento joven y en expansión, el trabajo póstumo de un artista sensible y profundo y un rescate que renueva probadas credenciales.
Por Fernando Azpiri

Dos socias, una visión compartida y un desafío que cambió todo. De una pequeña agencia nacida en Argentina a una compañía que hoy trabaja para grandes marcas en toda Latinoamérica. La historia detrás de un crecimiento que sigue acelerando.