Carla Pandolfi: "Poder armarle una vida al personaje y compartirla con el director ayuda mucho"
La actriz transita un 2025 de vértigo: dos de las series más exitosas del año, un regreso al teatro con un clásico porteño y un protagónico cinematográfico que la enfrenta a los años más oscuros de la historia reciente. Un recorrido que confirma talento, entrega y una madurez interpretativa en expansión.
Antagonista sofisticada de Griselda Siciliani en Envidiosa y severa guardia carcelaria en En el barro, Carla Pandolfi comparte con Camila Peralta y Lorena Vega el privilegio de haber participado en las dos series argentinas de Netflix que retrataron el universo femenino en esta temporada, cada una de ellas desde lugares muy distintos.
Estos trabajos reafirman la versatilidad de esta actriz con más de dos décadas de trayectoria en el mundo audiovisual, con participaciones destacadas en Violetta, Un gallo para Esculapio, La fragilidad de los cuerpos, La mente del poder, Las bellas almas de los verdugos y Tierra incógnita.
En teatro, el público la vio brillar en Baraka, Parque Lezama, Perfectos desconocidos e Inmaduros, y actualmente la puede disfrutar en Mamá, un clásico que en su momento interpretaron Luisina Brando y Carlos Calvo. Además, el 11 de diciembre estrenará la película Desbarrancada, ópera prima de Guadalupe Yepes, donde asume un protagónico junto a Luis Machín y Pepe Monje. Una pausa y un café. Dos elementos imprescindibles para este encuentro con El Planeta Urbano.
–Eras una niña cuando se estrenó "Esperando la carroza", y ahora, en "Mamá", estás trabajando con Betiana Blum. ¿Cómo lo vivís?
–Siempre que te toca trabajar con actores y actrices de generaciones que te marcaron culturalmente, hay algo de ese inconsciente colectivo que uno ya tiene incorporado. Me resultaba muy convocante ver cómo se labura desde ese lugar, con una trayectoria importante. Hablo de Betiana, pero también de compañeros como Marcelo de Bellis y Héctor Calori. Me interesaba mucho descubrir cómo encaraban una obra comercial como Mamá, porque hay diferentes códigos dentro de la actuación, y es fundamental reconocer hacia dónde apunta cada propuesta.

Betiana tiene una energía muy efectiva arriba del escenario, con un público que la espera y disfruta su estilo. Hay algo en sus pausas, sus tiempos, sus esperas, que empezás a incorporar. Ella también decodificó cómo trabajo yo, y se produjo un complemento muy lindo entre esa madre y esta hija en Mamá.
–La obra juega mucho con el impacto de lo inesperado. Al repetirla en tantas funciones, ¿cómo se actúa la sorpresa?
–Hay un oficio y una gimnasia construida, pero me pasa que si llego a la función cansada o tuve un día difícil, el mismo hecho teatral me va llevando. Es increíble lo que te brinda el público. Tengo dos hijos y siempre pienso que, cuando vas al obstetra, esa persona ya trajo al mundo cientos de niños, pero para vos es el primero. Bueno, para la gente que está en la platea, también es su primera vez frente a la obra. Nunca hay que perder eso de vista. A mí me alimenta para decir: “Vamos con todo”.
–¿Cómo es la previa? ¿Tenés alguna cábala o una preparación especial?
–¿Sabés que cábalas no tengo? Pero hago ejercicios con la voz porque estoy todo el tiempo en escena. Bárbara, mi personaje, es más compleja de lo que parece: tiene que actuar cordialidad, ser la anfitriona, no mostrar demasiado sus sentimientos. Es una mujer que se brinda a los demás sin revelar lo que le pasa por dentro. Necesita mantener su compostura para no desbordarse. Solo puede demostrar su verdad en una escena donde expresa cómo le pega la reinvención de su madre, que pasa de ser una señora protestona a una mujer enamorada. Eso la lleva a replantearse su propia vida. Para mí la obra tiene un mensaje re lindo: siempre hay posibilidad de cambiar, más allá de la edad que tengas.

–Hace un rato nombrabas a tus hijos. Sé que son chicos, recién tienen once y siete años, pero teniendo en cuenta que vos sos actriz y tu marido es preparador físico, ¿están más del lado artístico o del deportivo?
–El más grande claramente está del lado deportivo. Los dos juegan al fútbol, pero el más chico hace dos años que empezó un taller de arte. Le gusta mucho la pintura y es bastante histriónico, bien desfachatado y con mucho humor. No sé si será que es sagitariano –tengo muchos amigos de ese signo y son muy divertidos–, pero siempre tiene buena onda, aunque se enoje. Rami, el mayor, es ariano y tiene otro temperamento: es re dulce, pero más impulsivo. Te diría que el partido está dividido (se ríe).
–Sos la protagonista de "Desbarrancada", una película que cruza las atrocidades de la dictadura, la búsqueda personal y el thriller erótico ochentoso. ¿Cómo le pusiste el cuerpo a semejante desafío?
–Fue una experiencia muy intensa entregarme al protagónico de una película tan fuerte; me expuso a nivel físico y emocional. Por suerte, el equipo era espectacular, y trabajar con Luis Machín fue un lujo, un honor. Estoy más que agradecida de haber podido participar en la ópera prima de Guadalupe Yepes, que pensó en mí para este personaje. Tuvimos mucho ensayo porque no había tantas jornadas de filmación; fue uno de los pocos rodajes independientes que se hicieron en 2024, pese a los recortes de financiación que sufrió el cine nacional. Pero logramos sacarla adelante: fue un trabajo vertiginoso y heroico, porque el guion era bastante extenso y para encarnar a Gina, mi personaje, necesitaba mucha concentración. ¡Podría decirte que estuve casi tres meses pensando solo en eso!

–¿Cómo fue componer a esa mujer tan compleja?
–Tuve que estar muy enfocada. La película transcurre en los años setenta, una época que yo no viví, y era un compromiso muy importante poder captar la idiosincrasia de esa sociedad atravesada por la dictadura. Gina es una mujer burguesa que desea tener un hijo y no puede lograrlo, en tiempos donde no ser madre estaba mal visto. Está casada con un empresario poderoso, vinculado estrechamente a los militares que están en el poder, y ante la desaparición forzada de una de sus amigas de la infancia se rebela, poniendo en riesgo su vida. Es una película donde lo íntimo atraviesa la propia historia y se vuelve colectivo; pone el foco en los marcos invisibles del pasado y en la fuerza de quienes se atreven a enfrentarlo.
–Una de las series más exitosas que hiciste este año fue "En el barro". Se dio un fenómeno cuando Sofi Morandi subió a redes el video del casting donde no quedó. ¿Vos tuviste que hacer casting?
–¡Si! Estaba rodando una película cuando me llegó la convocatoria. Es el tercer proyecto que hago con Underground y siempre intento mejorar cada vez que me presento a un casting. En los dos últimos, Un gallo para Esculapio y Diario de un gigoló, me tocó enviar una self tape –ahora se usa mucho el autocasting–, y es el inicio del proceso que ellos tienen. Me ocupé de conseguir vestuario de policía y de grabar en una buena locación. Justo estábamos filmando en una casona en San Telmo y había un bañito auxiliar ideal para la escena, que transcurría en un baño. Ese día estaban Pepe Monje y Luis Machín, así que los hice partícipes del resultado final: les consulté qué les parecía el tape y me dieron el visto bueno (sonríe).

Los castings vienen por el lado de la plataforma; quieren ver si das con el rol. Sebastián Ortega siempre tiene muy claro qué busca. Luego, charlando con él, me dijo: “Yo sabía que eras vos, pero había que verte para confirmar si dabas el tono”. Después, a mi personaje, Selva, la oscurecí un poco más en el rodaje. Me parecía que daba.
–Selva debía de estar bien escrita en el guion, pero más allá de eso vos al personaje le construís una vida. ¿Buscás los motivos de por qué esa mujer es policía, por ejemplo?
–Sí, re. A mí me sirve mucho saber desde dónde dice lo que dice. Vos ahora me estás haciendo preguntas que surgen de tu historia, y yo te respondo desde la mía. Eso me parece muy interesante. Lo mismo aplica en la ficción: poder armarle una vida al personaje y compartirla con el director o los productores ayuda mucho. Tal vez eso que te imaginás, que es parte de la dramaturgia del actor, da pie a una idea que suma... o, aunque sea, para reírnos un rato en el rodaje. Y eso está muy bueno.
Fotos: Lucho Beneito
Estilismo: Analía Manouelian

