El boom Chapadmalal: surf, gastronomía y espíritu californiano en la costa argentina

Entre playas icónicas, proyectos gastronómicos innovadores y una comunidad que mantiene viva su esencia relajada, la localidad balnearia se consolida como uno de los spots más buscados de la temporada.

Fue epicentro del turismo social a partir de la década de 1940, gracias a la apertura de un magnánimo complejo turístico destinado a la clase trabajadora. También, una zona rural silenciosa y casi abandonada por el deterioro de dicho complejo entre 1980 y los 2000. Y luego, tierra prometida y muy fértil para surfers, músicos, artesanos y bohemios en el arranque del nuevo milenio.

Chapadmalal experimentó marcadas transformaciones en los últimos años hasta llegar a ser lo que es hoy: la gran tendencia de la costa argentina. ¿Cómo lo logró? Fue un proceso que comenzó pospandemia, con la incipiente instalación de cocineros y emprendedores, que se amalgamaron perfecto con el alma surfer y la estética low-key del lugar.

Así, gracias a la incansable constancia de los negocios locales y la llegada de nuevos proyectos, convoca a propios y ajenos a través de propuestas gastronómicas y comerciales de primer nivel.

¿Estás preparando una escapada a este destino? Tomá nota, porque hay un circuito con spots que no te podés perder, y que mantienen aún vigente el espíritu relajado a pesar de las multitudes que lo visitan.

ARENA Y SOL... EL MAR AZUL

Lógica pura: cuando uno emprende viaje hacia la costa argentina, quiere playa. Y ese ítem, Chapadmalal lo tiene por de más cubierto, en gran parte gracias a su playa y parador más icónico, Luna Roja, “un refugio natural donde la tranquilidad y la belleza se encuentran con el mar”. Y ese espíritu se mantiene, tal como confirma Julián Vardé, su Brand Manager: “Nuestra propuesta para el verano es muy surfera y relajada, abocada al fin de tarde. Ese estilo de vida aún se siente, a través de las clases de surf a cargo de Nico Hermida, y también de yoga. Pero además, contamos con ocho cabañas con vista al mar y el restaurante, que están abiertos todo el año”. No hay excusas para no visitarlo y descubrir su propuesta de cocina de alta gama: la elección del menú y la curaduría están a cargo de los referentes de la cocina marplatense, Sarasa Negro.

Si se busca un poco más de “ruido”, basta caminar unos metros, hacia el Club de Playa Casa Pampa. El Calamar Loco. ¿El plan? Atardecer, DJ sets y hasta shows en vivo que suelen extenderse hasta que la luna copa el cielo, con un menú que incluye pinchos de langostinos y chipirones rellenos de morcilla.

La tercera opción tiene nombre y apellido: Cruz del Sur. Con los acantilados como fieles guardianes de sus extensas playas, es punto de encuentro para quienes deseen un poco de espacio para dedicar a la lectura o algún deporte playero. Sin duda, un lugar más acorde a la imagen de Chapadmalal de hace solo algunos años atrás.

PLAYA LLENA, CORAZÓN CONTENTO

Que Chapadmalal se haya convertido en un verdadero fenómeno entre todas las playas de la costa bonaerense, responde también a su variada y creciente oferta gastronómica.

Una de las paradas obligadas es Las Cuevas, lugar ya icónico que surgió del sueño de dos hermanos (Ignacio y Esteban, nacidos y criados en Chapa) de fabricar su propia cerveza. El proyecto pionero en la zona evolucionó de tal manera que hoy cuenta con un local sobre la avenida principal (Calle 0 y 699), que cada noche reúne fieles parroquianos en su extenso patio cervecero, con una carta 100% plant based.

Ese mismo patio acobija otra propuesta imperdible: Proyecto Pescado. A cargo de un colectivo de cocineros y pescadores locales, fue recientemente elegido ganador del Prix Baron B – Édition Cuisine (galardón que reconoce los emprendimientos que transforman el entorno gracias a su visión innovadora y al respeto del medioambiente).

Proyecto Pescado (foto: Rodrigo Ruiz Ciancia)

Francisco Soldi, su creador junto a tres amigos (Pico, Rolo y Elio), revela: “Nos juntó la misma pasión. Nuestra filosofía es compartir el pescado fresco, tal como lo conseguimos enfrente de casa. Ya arriba del bote, empieza el proceso de selección, definiendo qué piezas van a ir a maduración, cuáles vamos a usar para hacer pulpa y cuáles para filetear”.

Por esto que explica Facu, la carta que ofrecen en su chiringuito varía según la pesca del día, con platos simples y un sabor auténtico. Así, se convirtieron en un paso obligado dentro del circuito local: “Cuidar y respetar el producto, tratando de manipularlo lo menos posible, es lo que hace que hoy Proyecto Pescado sea una referencia”.

Y si de tomar y picar algo después de un día de playa se trata, La Hostería espera con buenos exponentes de cervezas tiradas, en un ambiente muy vinculado al surf. No podía ser de otra manera: Mauricio Dura, su dueño, es surfista y vivió toda la transformación: “En 2003 me instalé acá, y fui de los que empezó la historia de Chapa, con el complejo de cabañas Aires del Sur. Después, pude adquirir lo que fue la primera hostería de Chapadmalal para poner el bar. Pero el boom real fue pospandemia, cuando explotó todo y no había manera de abastecer la demanda que empezó a generarse. Lo cierto es que la gente no va a encontrar un lugar como este, con el agua que tenemos”.

TAMBIÉN HAY AGUA DULCE...

¿Amantes del té? Hay opciones para ustedes. Samay Huasi, además de contar con cabañas disponibles todo el año, ofrece tés de especialidad, en un paisaje de ensueño entre casi 500 rosales, y delicias caseras hechas por Marisa, una de las personas detrás del proyecto. Junto a Pablo, se instaló en Chapa en 2007 y convirtieron su cambio de vida en un punto de visita obligatorio y muy en sintonía con el alma del lugar: no tienen wifi, ideal para conectar con lo importante.

En el momento del postre, el destino es claro: Mamma Mía, proyecto pionero, con más de diez años de trayectoria y una historia detrás: la de los hermanos Maximiliano, Adriana y Martina Leguizamón. Motivos familiares y laborales hicieron que la familia se volviera a reunir en Chapa, y aprovechando la experiencia de Maxi, abrieron las puertas de la primera heladería de la zona, donde todo es natural.

Samay Huasi (imagen: Instagram)

“Somos parte de la identidad de Chapa, y lo conseguimos a pulmón. De hecho, sumamos la repostería a nuestra oferta de productos para que mi hermana, que es hipoacúsica, tuviera trabajo. Así, comunica con las manos lo que no puede con la voz”, revela Adriana.

CON AIRES CALIFORNIANOS

Además, hay que agregar a este listado los cafés de especialidad y los food trucks, que también se han ganado su lugar en la nutrida oferta gastronómica de Chapa.

Chapita Truck en acción

Sergio Roldán, creador de Chapita Truck gracias a una vasta experiencia en gastronomía, comparte su mirada: “Hace 20 años me compré un terreno acá y me decían que estaba loco por venir tan al sur. Lo cierto es que la pandemia lo cambió todo y hoy la gente está redescubriendo este lugar, para surfear y estar en contacto con la naturaleza. En general se trata de grupos familiares y gente joven, todos muy respetuosos del medioambiente. Para mí, Chapadmalal tiene una belleza natural única, es como una pequeña California”.

Justamente, esa impronta californiana es la que caracteriza a Ala Moana, uno de los surfshops más legendarios del país. Creado por Fernando Aguerre, un ícono del surf en el país, su tienda es como un museo que exhibe tablas históricas, fotos y diversos objetos muy vinculados a esta disciplina que es parte del ADN de Chapa. “Ala Moana… como las playas, como las olas, es de todos: no solo de los que surfeamos, sino de los que quieren surfear o, por lo menos, sueñan con hacerlo”, revela el surfista.

Y así es como, con el mar, el surf, la gastronomía, la arena y su gente, Chapadmalal logra ser tendencia, pero lo que es aún más valorable, sin perder su esencia más pura.

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