Fútbol femenino, pateando la historia: claves para comprender por qué es fundamental alzar la voz por un deporte más igualitario
Que la disciplina no para de crecer ya no es noticia, sino una realidad que año tras año sorprende con nuevos récords de asistencia, transferencias millonarias y más niñas que eligen a la pelota por sobre otro juguete. Sin embargo, las condiciones y el desarrollo continúan siendo muy diferentes para las mujeres.
Hace apenas tres meses se confirmó que el Mundial de Fútbol femenino 2027 se realizará en Brasil. Y con esa noticia, llegó la siguiente: por primera vez, la Copa pisará el continente sudamericano, donde cada vez más niñas eligen jugar a la pelota.
Sin embargo, esta práctica fue relegada por años. Basta con saber que en ese mismo país el fútbol femenino estuvo prohibido hasta 1979 porque, según la ley, “era incompatible con las condiciones de la naturaleza de las mujeres”.

Sin dudas, la presencia de un evento de tal magnitud marcará un antes y un después en la historia: todas las miradas estarán puestas en la convocatoria, la infraestructura y la visibilización, para cuestionarse una vez más por qué la brecha entre el fútbol femenino y el masculino continúa siendo tan desigual.
"No le importa a nadie"
Año tras año, el fútbol femenino marca nuevos récords de asistencia en distintos certámenes. Según las cifras oficiales de FIFA, el Mundial Australia-Nueva Zelanda de 2023 rompió su marca histórica con un total de 1.978.274 espectadores y un aumento de casi el 75% en comparación con la edición anterior celebrada en Francia en 2019. Este 2024, 50.827 espectadores asistieron a la final de la Champions League entre Barcelona y Lyon, en Bilbao, España.
Y si de nuestro país se trata, Belgrano de Córdoba logró la mayor convocatoria con 28 mil personas en el estadio Alberdi. Mientras tanto, Boca continúa superándose en hinchada y en su último partido en La Bombonera reunió a casi 20 mil personas.

Si bien las cifras en la Argentina no son tan altas como en Europa, hay un factor que es determinante a la hora de comparar los torneos: rara vez los partidos se juegan en las canchas principales de los clubes, y mucho menos aún, un fin de semana en horario adecuado.
Pagos desiguales
“Se necesitan mejoras en la selección argentina femenina de fútbol y no hablo solo desde lo económico, hablo de entrenar y tener un almuerzo, un desayuno. No un sanguchito de fiambre con una banana… Solo deseo que las generaciones futuras no pasen por esto y puedan realmente disfrutar de estar en la Selección.” Así finaliza la publicación que realizó en sus redes sociales Julieta Cruz, ex integrante de la Selección Argentina, pieza clave en el actual Boca tricampeón y una de las cuatro jugadoras (junto a sus compañeras de club Laurina Oliveros, Eliana Stábile y Lorena Benítez) que decidieron dar un paso al costado y dejar de vestir la camiseta celeste y blanca.
Tiempo antes, la histórica Estefanía Banini también había sorprendido al confirmar que no continuaría en la Selección, y sin entrar en detalles dejó en claro que lo futbolístico no era la razón, sino las diferencias y malos tratos para el plantel. Sin dudas, la Asociación Argentina de Fútbol quedó expuesta.

A nivel clubes, el panorama tampoco difiere mucho: la semiprofesionalización de la disciplina se logró en 2019, pero aún son muy pocos los equipos que deciden destinar su dinero para afrontar las exigencias estructurales que esto conlleva. Aunque está comprobado que las inversiones dan frutos: desde que Boca profesionalizó a todo su plantel, ganó todo lo que jugó a nivel local (son las actuales tricampeonas) y llegó a una final de Copa Libertadores.
En el viejo continente, el panorama es totalmente distinto. Inglaterra y España crearon de forma independiente a las entidades que rigen el fútbol y así manejan sus propias ligas femeninas; la Selección masculina de Dinamarca se comprometió con sus pares mujeres y rechazó el aumento de salario, condiciones y premios para fomentar la igualdad de ingresos; y países como Noruega y Finlandia pactaron en 2019 el mismo sueldo para ambos seleccionados.
Elegí: ser madre o futbolista
Hasta hace pocos años, una jugadora embarazada en la Argentina era tratada como si hubiera sufrido una lesión. Aquellas pocas que con mucha abnegación decidieron ser madres, tuvieron que interrumpir sus carreras, o incluso abandonarlas (de forma voluntaria o no) para poder continuar con su gestación de forma adecuada. Ni hablar de los recortes de sueldos y del nulo compromiso en el acompañamiento a la deportista, ya sea en la preparación física o en el apoyo psicológico.

El mes pasado, en las redes sociales de Boca compartieron varias publicaciones donde anunciaban que se “agrandaba la familia xeneize”. Finalmente, y con un video del vestuario donde se distingue una camiseta azul y amarilla con el 10 en la espalda y la leyenda “Mamá”, el club felicitaba a Camila Gómez Ares, una de las primeras jugadoras profesionales que podrá disfrutar de su maternidad sin preocuparse por su futuro laboral.
En junio, y tras varias demandas, FIFA amplió una serie de medidas para proteger a las futbolistas: una licencia remunerada mínima de 14 semanas para jugadoras y entrenadoras, la posibilidad de que los clubes inscriban a una jugadora fuera de plazo para sustituir temporalmente a otra futbolista que haya ejercido sus derechos vinculados a la maternidad, licencia por adopción y licencia por familiar para una jugadora o entrenadora que sea madre pero no gestante. Aunque estas condiciones sean imprescindibles en cualquier convenio de trabajo, en el fútbol femenino esto era algo impensado.
Abusos
Un segundo fue suficiente para demostrar cómo persiste aún una cultura futbolera repleta de acoso, sexismo y poder. En la ceremonia de premiación del Mundial Australia-Nueva Zelanda 2023, el presidente de la Real Federación Española de Fútbol, Luis Rubiales, besó a la futbolista campeona Jenni Hermoso, tomándola de forma forzada y sin consentimiento.

Si bien los medios y el propio directivo vieron en la acción algo “eufórico y mutuo”, la protagonista lo desmintió por completo y junto a sus compañeras decidieron hacerse respetar con una medida histórica: publicaron un comunicado firmado por 81 futbolistas en el que, con respaldo de su sindicato, anunciaron que no jugarían en la Selección Española mientras Rubiales siguiera en el puesto. Finalmente, tras una primera suspensión en su cargo, el caso escaló a la Justicia y ahora deberá enfrentar un juicio por agresión sexual y coerción. Sí, las cosas por su nombre.
Ponerse la 10
“¿Cómo invitas a que más mujeres jueguen al fútbol?”, le consultó una periodista de Conmebol a Lionel Messi en la previa del Mundial Femenino, a lo que el capitán de la Selección respondió: “Creo que hoy por hoy, no hace falta invitarlas. El fútbol femenino está creciendo mundialmente muchísimo, cada día hay más mujeres que se interesan por el fútbol y lo practican”.
Tanto él como Julián Álvarez se habían mostrado en campañas publicitarias luciendo la camiseta suplente de la Selección Femenina en la previa de la Copa del Mundo de 2023, brindando un implícito aliento a sus pares. Uno de los debates más recurrentes tiene que ver justamente con esto: ¿cuán importante sería el apoyo de los jugadores multicampeones visibilizando la realidad de sus compañeras de Seleccionado?

En Europa, son varios los futbolistas icónicos que han respaldado a sus colegas, tales como los españoles Iker Casillas y Andrés Iniesta, y el francés Antoine Griezmann. Incluso, tras su fallecimiento, apareció un video inédito del mismísimo Diego Maradona registrado en 1990, donde contaba que era presidente honorario de un club de fútbol femenino italiano y que le parecía increíble cómo jugaban las mujeres.
Pelé, otro de los astros históricos, en reiteradas ocasiones confesó su fanatismo y admiración por Marta Vieira da Silva, la brasileña consagrada como Mejor Jugadora de Fútbol en seis ocasiones. “Eres mucho más que una futbolista. Ayudas a construir un mundo mejor con tus pies”, ha llegado a comentar en una publicación dedicada enteramente a ella.
Con la pelota en los pies, las mujeres continúan pateando mitos y derribando paredes por un fútbol donde realmente jueguen todas.

